
El traslado del terrorismo desde Oriente Próximo a África se ha consolidado. Actualmente, el continente africano podría ser el hogar de hasta 33.000 islamistas radicalizados, de acuerdo al último informe anual elaborado por el Departamento de Seguridad Nacional (DSN), correspondiente a 2024. El Sahel es el territorio “donde la violencia yihadista se ha incrementado de forma exponencial” en el último año, como consecuencia de una fuerte y extensa presencia de grupos vinculados a Al Qaeda y el Dáesh. De hecho, según el citado informe, el 43% de todos los ataques terroristas a nivel mundial tienen lugar en esta región, a unos 2.000 kilómetros al sur de Melilla.
Malí, Níger y Burkina Faso, donde las organizaciones terroristas están ampliamente extendidas, al punto de controlar gran parte del territorio, han sido señalados como un foco “muy alto” de amenaza terrorista contra intereses españoles por el Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado, dependiente del Ministerio del Interior. Precisamente, estos tres países, que en los últimos años se han visto sumidos en la inestabilidad política y han sufrido reiterados golpes de Estado que han otorgado el poder a Juntas Militares, son considerados “el epicentro de la actividad yihadista”.
Además, la animadversión de estos gobiernos de facto, con resabios anticolonialistas, hacia Occidente ha propiciado también un cambio de paradigma en las estructuras de seguridad que han derivado en la retirada de las misiones militares internacionales, como aquellas en las que participaba España, dando aún más margen de acción al terrorismo. De esta manera, desde el DSN afirman que el accionar de los yihadistas en estos países y su interconexión con el crimen organizado han generado una “gran inseguridad” que, junto a otros factores, provoca un incremento de la inmigración irregular hacia Europa.
“Estos flujos pueden ser utilizados por individuos vinculados al terrorismo que se valen de estos movimientos para alcanzar el continente europeo”, se advierte en el informe publicado este jueves. Al respecto, el Departamento de Seguridad Nacional destaca que la actividad contraterrorista en el seno de la Unión Europea ha frustrado la materialización de numerosos atentados.
Yihadismo en España
El DSN detalla que la amenaza terrorista contra España “se materializa principalmente en los llamados actores solitarios, generalmente autorradicalizados, que siguen siendo el principal vector endógeno debido a la dificultad para su detección, lo que incrementa las probabilidades de éxito en sus potenciales ataques”. Estos individuos llevan a cabo sus acciones a través del uso de métodos rudimentarios de fácil acceso, que son empleados contra objetivos vulnerables y de manera aleatoria. “No obstante, en ocasiones, muestran una mayor voluntad de sofisticación mediante el uso de armas de fuego y explosivos”, subraya el informe.
A lo largo del año pasado, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado han detenido a un total de 81 personas relacionadas con el terrorismo islámico, de los que siete eran mujeres y 15 menores de edad, según datos de Interior. La comunidad autónoma en la que más arrestos se han realizado ha sido Cataluña con 26, 17 de ellos en la provincia de Barcelona y el resto en Girona. El podio lo completan Andalucía (12) y la Comunidad Valenciana (8). También destacan las 16 detenciones en las dos ciudades autónomas de Ceuta (7) y Melilla (9).
Terroristas españoles en el Sahel
Pese al riesgo que implica la llegada de yihadistas a España como al resto de Europa, desde el DSN han resaltado otro flujo de personas, que se mueve en sentido contrario y se ha reactivado en los últimos 12 meses. Se trata del traslado de los llamados combatientes terroristas extranjeros (CTE), quienes responden al llamado de las organizaciones yihadistas para que se trasladen a las zonas en conflicto y, especialmente, hacia el Sahel. “La detección y prevención de estos desplazamientos sigue suponiendo una ardua labor para los servicios de seguridad”, afirma el documento.
Asimismo, el DSN resalta el peligro que conlleva el retorno de estas personas a sus países de origen, dado que “se encuentran fuertemente radicalizados y con capacidad de planificación e implementación de acciones de mayor entidad terrorista” e incluso con conocimientos en el manejo de armas y explosivos, como consecuencia del adiestramiento recibido. De acuerdo a los últimos datos disponibles, el total de CTE que se habrían desplazado desde España al Sahel ascendería a 282, de los cuales 113 aún permanecería en el área, 65 habrían retornado y 104 fallecido.
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