
La vida de los migrantes no siempre es fácil. Comenzar una etapa fuera de tu país no siempre es fácil, sobre todo al principio. Estar tan lejos de tu casa y separarte de tu gente puede llegar a pesar demasiado.
En este caso, el problema viene por la vertiente laboral, el protagonista de esta historia, vive en Valencia, donde según admite, “tiene unas vistas geniales”. Kevin, así se llama el joven americano, trabaja para una compañía estadounidense.
A priori puede parecer todo normal, cambias tu residencia de país, a pesar de estar a cientos de kilómetros, pero cuentas con un puesto de trabajo que te da beneficios y te permite llevar a cabo tu vida sin preocupaciones económicas con cierta estabilidad.
¿Calidad de vida?
A pesar de esto, Kevin expone su plan diario y asegura que tiene que tiene que estar 12 horas frente a la pantalla del ordenador. Al ser americana la empresa, su modalidad de trabajo es telemática.
Trabajar desde casa para muchos sería un alivio y una sensación de confort inigualable, eso seguro que pensaba Kevin, además de permitirle cambiar de continente y mudarse a una ciudad como Valencia. Pero, quizá pasado un tiempo trabajando durante la mitad del día, la opinión de cualquiera de los lectores podría cambiar.
Kevin explica que la entidad en la que trabaja es una empresa con muy pocos días libres y menos vacaciones. Esto significa que vive encerrado en su casa trabajando la mayor parte del tiempo, por lo que apenas tiene tiempo libre. Quizá se pregunte si le ha merecido la pena mudarse a vivir a España.
Como que apenas tiene tiempo libre, los días que consigue descansar intenta desconectar. “Cuando me da un descanso, las vistas son geniales”, llega a decir. Puede que haya tardado bastantes días en disfrutar de la ciudad y todo lo que trae consigo, playa, sol, cultura, arte.
Vuelta a la realidad
A pesar de estos pequeños momentos de descanso, que son muy pocos. Siempre interrumpe su larga jornada frente a un ordenador y, como él dice “hay que trabajar”, al igual que hay que hacer el resto de tareas de la casa como limpiar el polvo, fregar los platos o preparar la comida, cosas que según él no “le hacen mucha gracia”.
“Estoy sentado 12 horas en este estúpido ordenador, respondiendo estúpidos emails”, expone con cierta rabia e impotencia
Al joven Kevin también le quedan ganas de quejarse respecto a la edición de sus videos para, según bromea, sus “7 seguidores”. Kevin convive con su pareja que disfruta salir, la vida nocturna, visitar diferentes lugares y recuerda que tener empleo para otra compañía con otros horarios puede ser complicado también y según describe, “nada glamuroso”, tal y como relata en su cuenta personal donde en la ciudad valenciana desde 2018.
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