
Finlandia no ha podido elegir una peor semana para anunciar que deja el Tratado de Ottawa. Este viernes, como todos los 4 de abril, es el día escogido por Naciones Unidas para recordar el peligro que suponen las minas para la población civil, pero la decisión de Helsinki de sumarse a Polonia, Lituania, Letonia y Estonia para abandonar también el tratado internacional contra las minas antipersonales (MAP) ha caído como un cubo de agua fría.
La determinación por salirse del acuerdo firmado en Canadá, en 1997, se debe a la amenaza que estos países perciben desde el este: el hecho de limitar por tierra con Rusia los vuelve vulnerables ante cualquier posible invasión, similar a la padecida por Ucrania. Así, la frontera oriental de Europa podría pronto encontrarse regada de minas con el objetivo de defenderse ante un eventual -nuevo- avance de Moscú.
Sin embargo, un reciente informe elaborado por el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) señala que este tipo de armamento presentan “una limitada utilidad militar”. El estudio destaca que, más allá de sus consecuencias humanitarias una vez concluido los conflictos, los campos minados pueden ser penetrados con relativa rapidez con equipo de limpieza de minas, sólo son eficaces cuando están cubiertos por fuego y, en la práctica, no han logrado impedir la infiltración militar. Además, apunta a que el uso de MAP causa bajas también en fuerza propias y amigas, a la vez que limita la flexibilidad táctica.
“No hay ninguna ventaja militar”, afirma al respecto el portavoz de Amnistía Internacional España sobre comercio de armas, Alberto Estévez. “Los supuestos beneficios militares del uso de minas antipersonales son muy inferiores a los daños reales que que causan”, insiste. En este sentido, de acuerdo a Landmine Monitor, organización de referencia para el rastreo de las consecuencias de este tipo de armas a nivel internacional, al menos 5.757 personas resultaron muertas o heridas por minas terrestres y restos explosivos de guerra alrededor del mundo, en 2023, de las cuales el 84% eran civiles y más de un tercio niños.
Otros tratados internacionales
Para el portavoz de Amnistía Internacional “lo más peligroso” de la decisión tomada por el Gobierno finlandés radica en que la misma “acabe teniendo un efecto dominó” que lleve a otros países, ya sea limítrofes a Rusia o no, a seguir los mismos pasos y renunciar a la Convención de Ottawa. No obstante, Estévez va más allá y alerta que el nuevo panorama internacional, el mismo que ha empujado a Helsinki y otras capitales europeas a retirarse del mencionado acuerdo, podría poner en peligro toda la “arquitectura” de tratados sobre desarme humanitario que la comunidad internacional ha construido desde el fin de la Guerra Fría y que se ha visto reforzada ya este siglo con los pactos sobre las municiones de racimo y comercio de armas.

Precisamente, Finlandia fue uno de los mayores impulsores de este último tratado, aprobado en 2014 tras ocho años de negociaciones. “Es curioso que ese mismo país, que fue absolutamente clave en la consecución de la regulación del comercio internacional de armas, 12 años después haya dado este anuncio que ponen en cuestión ese mismo sistema que ellos celebraron con un éxito importantísimo”, lamenta Estévez.
A su vez, a lo largo de estos tres años de guerra en Ucrania se han dado “pequeños pasitos” que han colaborado a “socavar” el sistema internacional que prohíbe cierto tipo de armas y promueve la no proliferación de otras, destacan desde Amnistía Internacional. Uno de estos fue el emprendido por el expresidente de Estados Unidos Joe Biden quien, en sus últimas semanas en la Casa Blanca, dio el visto bueno a suministrar minas antipersonas a Kiev para su uso contra las tropas rusas.
Desminado humanitario
Desde iniciada la guerra, como era de esperar, Ucrania ha experimentado un incremento en el número de víctimas de minas terrestre. En 2023, de acuerdo a Landmine Monitor, estos explosivos causaron 833 víctimas, la cifra anual más alta registrada desde 2011; y el número de víctimas por minas anticarro (291) casi se triplicó desde 2022. En el primer año de la guerra, se contabilizaron 608 personas afectadas por este tipo de armamento. En este sentido, los datos recopilados por las organizaciones humanitarias de retirada de minas que trabajan en territorio ucraniana muestran que la mayoría de las víctimas lo son de minas antipersonal.
Ante esta situación, no es de extrañar que parte de los entrenamientos impartidos por las Fuerzas Armadas de España a soldados ucranianos esté relacionado con las capacidades de desminado humanitario. En este adiestramiento, impartido en la Academia de Ingenieros del Ejército de Tierra, situada en Hoyo de Manzanares (Madrid), han participado tanto oficiales como suboficiales y tropa Ucrania. La formación recibida se ha centrado en procedimientos para localizar, exponer y, cuando sea posible, destruir in situ elementos individuales de minas o restos explosivos de guerra.
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