
La primavera ya está aquí. Tras casi un mes de lluvias ininterrumpidas, parece que en esta primera semana ya empiezan a notarse los cambios de temperatura. Así, son muchos los que ya tachan los días para empezar a disfrutar de las tardes de terraza y de los largos días de verano.
De hecho, para esto último queda menos de una semana. Y es que, como cada año, el horario de verano se estrenará antes de que acabe el mes de marzo.

Cuándo es el cambio de hora
El cambio al horario de verano en España se realizará en la madrugada del domingo 30 de marzo. Será entonces cuando los relojes se adelanten una hora: a las 02:00 serán las 03:00, mientras que en Canarias el cambio será de 01:00 a 02:00.
El horario de invierno, por su parte, volverá el domingo 26 de octubre. En este caso, los relojes se retrasarán una hora, de modo que a las 03:00 volverán a marcar las 02:00 (en Canarias, a las 02:00 serán la 01:00). Estos cambios se aplican en cumplimiento del calendario oficial de la Unión Europea, por lo que todos los países miembros deberán adoptar esta medida.
Cómo afecta a la salud el cambio al horario de verano
Como cada año con la llegada del cambio de hora, los expertos vuelven a avisar de lo mismo: el horario de verano puede afectar negativamente a la salud, especialmente en los días posteriores al ajuste. Adelantar el reloj una hora altera el ritmo circadiano, es decir, el reloj biológico que regula funciones esenciales como el sueño, la temperatura corporal o la secreción hormonal.
Diversos estudios han señalado que este cambio puede provocar insomnio, fatiga, irritabilidad, dificultad de concentración e incluso un aumento temporal del riesgo de accidentes de tráfico o laborales. Las personas más vulnerables a estos efectos son los niños, los mayores y quienes ya padecen trastornos del sueño. El impacto es mayor que en el cambio al horario de invierno, ya que se pierde una hora de descanso.
Además del coste sobre la salud, el cambio horario ha sido cuestionado por su limitada eficacia energética. Aunque en sus orígenes se justificó como una medida para ahorrar electricidad aprovechando más horas de luz natural, organismos como la Comisión Europea han reconocido que actualmente los beneficios reales son escasos.
En 2018, la Comisión Europea propuso eliminar los cambios de hora estacionales en toda la Unión Europea, tras una consulta pública en la que una amplia mayoría de ciudadanos se mostró a favor de suprimir esta práctica. La propuesta contemplaba permitir que cada Estado miembro eligiera de forma permanente entre el horario de verano o el de invierno. De hecho, el Parlamento Europeo llegó a fijar 2021 como fecha para la entrada en vigor de la medida. No obstante, la crisis sanitaria provocada por la pandemia de covid-19 y, posteriormente, la guerra en Ucrania desviaron la atención política y frenaron el avance del proyecto. Desde entonces, la iniciativa permanece paralizada, sin consenso entre los países miembros sobre qué horario adoptar de manera definitiva. Mientras tanto, los cambios estacionales de hora continúan aplicándose según el calendario vigente en el territorio comunitario.
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