
“Necesitamos la máxima fuerza posible. El españolismo y la derecha están movilizados, el 12 de mayo no nos podemos quedar en casa”, señaló la candidata de la CUP, Laia Estrada, en un acto celebrado el pasado domingo en Sabadell. El partido anticapitalista encara las elecciones catalanas del próximo domingo con unas perspectivas a la baja, según las encuestas, poniendo en peligro su papel como pieza clave en el bloque independentista.
Desde las elecciones de 2015, la Candidatura de Unidad Popular ha tenido la llave del Govern catalán, influyendo decisivamente en la elección del candidato a la Generalitat después de vetar las propuestas que en un primer momento se sometieron a la investidura. Si bien, pese al repunte de la formación que lidera Carles Puigdemont, la caída de ERC y la bajada de la CUP dejan la mayoría soberanista en riesgo, según la demoscopia.
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Aprovechando que este lunes era la última jornada para publicar encuestas antes de la cita electoral del domingo, la mayoría de los sondeos han situado a la CUP como penúltima fuerza en el Parlament (la séptima de ocho partidos con opciones a tener representación en la Cámara autonómica). Con estos resultados, la CUP bajaría dos posiciones con respecto a febrero de 2021, cuando los cupaires obtuvieron el 6,67% de los votos y nueve escaños.
En el caso de que la suma de Junts, ERC y la CUP alcance los 68 escaños, Puigdemont podría presentarse a la investidura con garantías si lograra un acuerdo de coalición con ERC. En ese caso, la CUP tendría por cuarta vez consecutiva la última palabra sobre el futuro Govern catalán, y como ya hizo en 2016, podría hacer de nuevo a Puigdemont president de la Generalitat.
El veto a Artur Mas en 2015
El partido independentista concurrió por primera vez a las elecciones autonómicas en octubre de 2012, dos meses después de la primera gran manifestación independentista por la Diada de Cataluña. Irrumpió en el Parlament con tres escaños al obtener 126.219 papeletas. Si bien, no fue decisiva, ya que el entonces líder de CiU, Artur Mas, fue investido president gracia a los votos de ERC y su formación.

En pleno auge del movimiento independentista, la CUP tocó su techo de votos en las elecciones del 27 de septiembre de 2015, al subir hasta los 10 escaños. Aunque CDC y ERC concurrieron bajo la lista unitaria de Junts pel Sí, logrando 62 escaños, los votos de los cupaires fueron determinantes para investir a Carles Puigdemont en el límite del plazo legal antes de la convocatoria automática de nuevas elecciones.
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El entonces alcalde de Girona fue investido con los 62 votos de JxS y ocho de los 10 votos de la CUP. Los diputados anticapitalistas, capitaneados por Anna Gabriel, frustraron meses antes la investidura de Mas, candidato de JxS a la reelección. “Hemos dicho no a quien teníamos que decir que no. Nosotros ya hemos movido ficha y ellos no, y esa ficha se llama Artur Mas”, aseguró la diputada de la CUP Gabriela Serra. Con esta acción, Junts pel Sí se movió de la silla y finalmente aceptó proponer a un candidato distinto del expresident.
En las elecciones del 21 de diciembre de 2017, marcadas por la aplicación del artículo 155 tras el referéndum de autodeterminación y la declaración unilateral de independencia, la CUP descendió, pasando de los 10 a los cuatro diputados, pero siguieron siendo cruciales en el Parlament. Su entonces portavoz, Carles Riera, defendió la abstención de su formación en la investidura de Jordi Turull, impidiendo hacerle presidente en la primera votación.
La segunda, en la que la abstención hubiera servido (más síes que noes), no llegó a producirse después de que el Tribunal Supremo acordara prisión incondicional para el candidato a la Presidencia del Govern y otros líderes del procés. Dos meses después, el Parlament de Cataluña invistió en segunda votación y por mayoría simple a Quim Torra gracias a los 66 votos a favor de JxCat y ERC y las cuatro abstenciones decisivas de la CUP.
Por último, en los comicios de febrero de 2021, la izquierda anticapitalista catalana volvió a mejorar sus resultados subiendo a los nueve escaños. De nuevo, sus votos sirvieron para permitir la investidura de un president de la Generalitat independentista. En esa ocasión, la CUP respaldó con un sí al candidato republicano, Pere Aragonès, a quien ahora acusa de “incumplir aquello por lo que los investimos, que era abrir un nuevo ciclo y garantizar los derechos de la población”.
En palabras de su candidata, Laia Estrada, la CUP se erige como “única alternativa de izquierdas que expulsará” al PSC. Dentro del agrietado bloque independentista, los anticapitalistas pelearán por seguir teniendo la llave de la gobernabilidad, lo que les llevaría a ser decisivos en la política catalana por cuarta vez consecutiva.
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