
Las pensiones contributivas y las no contributivas tienen el cometido de cubrir los gastos de los trabajadores una vez dejan atrás el mercado laboral. Las dos forman parte del sistema de la Seguridad Social, pero tienen asignaciones bien diferentes. Los jubilados que tienen derecho a una pensión contributiva reciben un ingreso mensual que viene determinado por el número de años cotizados, la categoría profesional y las bases de cotización. Los ciudadanos españoles, para poder solicitar este subsidio, tienen que acreditar un mínimo de 15 años cotizados y cumplir con una serie de requisitos.
Si algo tienen en común las dos pensiones es que los beneficiarios pueden disfrutar de la asignación durante toda la vida. El objetivo de esta partida no es otro que asegurar la capacidad adquisitiva de la tercera edad para cubrir sus necesidades básicas. Las pensiones no contributivas son aquellas que la Seguridad Social pone a disposición de las personas que se encuentran en una situación de necesidad económica y que no han cotizado el tiempo suficiente para recibir una prestación ordinaria por el desarrollo de su trabajo. Estos subsidios cubren tanto la jubilación como la invalidez y las rentas de los demandantes no pueden superar los 5.639,20 euros anuales.
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Los trabajadores tienen, de este modo, dos opciones a la hora de elegir su pensión cuando llega el momento del retiro. Las ventajas están claras, pero la principal preocupación no tiene nada que ver con la cobertura ni con la concesión del subsidio. Los jubilados saben que existen importantes desigualdades en la cuantía de cada una de las prestaciones y prefieren, cuando cumplen los requisitos, optar a una pensión ordinaria. La diferencia media de dinero se sitúa en torno a los 700 euros, aunque todo depende de una serie de condicionantes.
El dinero que separa las pensiones contributivas de las no contributivas
La principal diferencia entre las dos prestaciones está en su punto de origen. Las pensiones contributivas dependen del tiempo que cada trabajador haya cotizado en el régimen de la Seguridad Social. Las pensiones no contributivas, en cambio, no tienen en cuenta el número de años trabajados, sino la situación de vulnerabilidad de los potenciales beneficiarios. Los interesados en solicitar el primero de los subsidios tienen que acreditar un mínimo de 15 años cotizados, mientras que la segunda prestación no establece topes. La asignación, no obstante, baja de forma considerable.
La diferencia entre la pensión contributiva media y la pensión no contributiva íntegra para una persona soltera asciende hasta los 711 euros. Sin embargo, la comparativa entre la pensión mínima contributiva y la asignación mínima para el sistema no contributivo refleja un desequilibrio bastante menor. El primero de los subsidios tiene una asignación mínima que llega hasta los 783,1 euros mensuales, mientras que el segundo no supera los 484,61 euros. La diferencia, en este caso, se reduce hasta los 300 euros. Las pensiones no contributivas, además, tienen una cuantía fija que puede variar en función del número de miembros del núcleo familiar.
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