‘El gran Maurice’, la delirante historia sobre el peor golfista de la historia que cuenta con la aparición de Severiano Ballesteros

Movistar+ estrena esta divertida comedia basada en este humilde obrero que se llegó a colar varias veces en el Open británico

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Mark Rylance en 'El gran
Mark Rylance en 'El gran Maurice'

Sucede de vez en cuando, y cada vez más a menudo. Una película se estrena en cines con cierto retraso, pasa sin pena ni gloria y acaba en la plataforma de turno con la esperanza de que la gente que no fue a verla al cine la redescubra. Cuantas películas en los últimos años han vivido un camino así, y cuantas lo seguirán haciendo con el auge de las plataformas en detrimento de las salas comerciales.

Mientras los cines parecen estar viviendo en un oasis de éxito dado el fenómeno Barbenheimer, las plataformas van incorporando a su catálogo nuevas películas, muchas ellas llegadas precisamente meses después de pasar por sala. Tal es el caso de la película de la que hablamos hoy, que se estrenó allá por noviembre de 2022 y que apenas tuvo recorrido en cines. Ahora Movistar+ la rescata del olvido y es por ello que te venimos a explicar por qué deberías redescubrirla y de paso conocer la curiosa historia de su protagonista, el que está considerado el peor jugador de la historia del golf.

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Se trata de Maurice Flitcroft, un hombre nacido en la localidad inglesa de Barrow-in-Furness, en Mánchester, y que pasó buena parte de su vida trabajando como operario de grúa en los astilleros Vickers-Armstrongs. Al principio de la película podemos ver cómo su hijo Michael (Jake Davies) también comienza a trabajar allí, aunque no como operario sino como ejecutivo. La relación entre ellos será una de las claves emocionales de la película, pero no la única. Porque, ante todo, este filme trata sobre un hombre persiguiendo su sueño.

Fotograma de 'El gran Maurice'
Fotograma de 'El gran Maurice'

El hombre que se coló en el Open británico de golf

La película narra uno de los episodios clave en la vida de Flitcroft (interpretado por el ganador del Oscar Mark Rylance), cuando un día cualquiera, al llegar a casa después de una dura jornada laboral, puso la televisión y descubrió el golf a través de la retransmisión del Piccadilly World Match Play Championship de 1974. Tal fue su fascinación y embelesamiento hacia este deporte hasta entonces desconocido para él, que inmediatamente tomó la decisión de que quería dejarlo todo y dedicarse al golf. Solo había un problema, y era que para entonces Maurice ya contaba con 47 años, además de una nula experiencia o conocimiento de ese deporte.

Comienza entonces la preparación de Maurice para el Open británico de golf, con la ayuda incondicional de su mujer Jean (Sally Hawkins) y sus dos hijos gemelos James y Gene (Jonah y Christian Lees), quienes espoleados por el entusiasmo de su padre comenzaron también su carrera como bailarines de disco. El único que no seguiría la delirante decisión de Maurice sería su hijo mayor, Michael, quien pronto verá como el ascenso a la fama de su padre puede suponerle una humillación pública en el trabajo.

Tal y como se ve en El gran Maurice, Flitcroft pronto descubrió que el elitista mundo del golf, en el que has de pertenecer a un club privado para poder entrenar y necesitas tener contactos para entrar en cualquiera de ellos. Para un humilde operario de grúa de un astillero, entrar en un club privado resulta imposible tanto por contactos como por dinero, y finalmente se ve abocado a practicar por su cuenta, ya sea en la playa o en su propia casa usando vasos y cubos a modo de hoyos.

El problema llegaría cuando Flitcroft se inscribió en el Open británico de golf, para el cual tuvo que mentir en la inscripción, señalando que era profesional en vez de revelar su hándicap. Por su parte, en la película los organizadores del torneo, entre ellos Keith Mackenzie (interpretado por Rhys Ifans), deciden aceptar al golfista en el torneo, sin saber que en realidad se trata de un hombre que jamás ha practicado el golf profesionalmente.

Severiano Ballesteros junto a Maurice
Severiano Ballesteros junto a Maurice Flitcroft

El cameo de ‘Seve’ Ballesteros

Uno de los grandes momentos de la película, y que sin duda emocionará a los amantes del golf en particular y a los del deporte español en general, es el momento que se produce cuando Maurice Flitcroft se encuentra con un jovencísimo Severiano Ballesteros en los vestuarios del Open británico. El actor Mark Bosch da vida a la leyenda del deporte español que por aquel entonces apenas había comenzado su carrera profesional, pero que terminaría ganando 3 Open británicos y muchos más títulos que lo convertirían en una leyenda del golf.

El encuentro con ‘Seve’ en la película, además de ser un momento precioso, es también el que marca en gran medida a Flitcroft, quien desde ese momento decide ignorar las posibles críticas y comentarios y centrarse en su juego. Un juego que, sin embargo, lo llevaría a convertirse en el peor jugador de golf en participar en el Open, con un registro de 121 golpes, 49 sobre el par. Aquel día Flitcroft se ganó las burlas de los otros participantes, la atención de los medios y la ira de los organizadores, pero por encima de todo, se ganó el favor del pueblo, quien por primera vez veían empuñar el palo a alguien con quien se podían identificar. “La práctica es el camino a la perfección”, acabaría siendo su gran lema que calaría entre la gente.

La historia de Flitcroft dio para mucho, aunque preferimos no arruinar del todo su final. Como le sucedía al Happy Gilmore de Adam Sandler, Flitcroft consiguió atraer un deporte tan minoritario como el golf a una gran audiencia, aunque no fuera precisamente por su nivel como jugador. Tal era su pasión por el deporte que, después de ser vetado del Open británico, volvería a intentar colarse en posteriores ediciones, llegando incluso a disfrazarse y usar nombres falsos con tal de participar sin ser descubierto. Flitcroft diría en una entrevista que quería dinero y fama y, si bien es cierto que no consiguió lo primero, bien se puede decir que ahora su historia ha quedado inmortalizada para la posteridad.

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