Una novela profundiza en el "íntimo" contacto del forense con el sufrimiento de la víctima

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Madrid, 11 jun. "Cicatrices en el hielo" es la segunda novela de Inés Doménech del Río, una forense que pone el centro de la trama en su profesión para profundizar en el "íntimo contacto" de estos médicos con el sufrimiento de la víctima, como resalta la autora en una entrevista con EFE.

Al igual que "Muerte nupcial", su primera novela, en esta segunda obra es la forense Carlota Suárez la protagonista, que ha dejado la Galicia rural para seguir ejerciendo su profesión en la urbe, en su Málaga natal, y enfrentarse esta vez a una espiral de crímenes tras el hallazgo del cadáver de una mujer joven dentro de una maleta.

Publicada por Algaida Editores, "Cicatrices en el hielo" presenta a la misma forense que trabajó en la Galicia rural pero más madura en su nuevo puesto en Málaga, donde se enfrenta a una violencia "más refinada y dura".

La protagonista "lleva más años en contacto con el daño que realiza el ser humano y está más cansada. La conocemos más a ella, más de sus fantasmas del pasado y de sus propias tragedias familiares", resume Doménech.

Mientras en "Muerte nupcial" se aborda una tragedia familiar tras aparecer muerto el novio en una despedida de soltero y se describe un ambiente rural "donde existen secretos, costumbres arcaicas y leyes no escritas como el silencio", en la nueva novela se muestra un drama social como es la explotación sexual de mujeres.

"Quería reflejar el sufrimiento de esas víctimas, que se viera la trayectoria personal y familiar de estas mujeres, su sufrimiento personal y familiar para que el lector se identifique con ellas", añade la autora.

Y por supuesto, recalca Doménech, quería hacer más visible el papel del médico forense en el proceso de investigación de un crimen, la importancia de su trabajo para la resolución del caso. "En muchas novelas policíacas y negras me pregunto: ¿dónde está el forense? Y, sin embargo, es clave cuando aparece un cadáver", explica la novelista.

Porque, en general, el forense aparece en la trama de las novelas de forma "muy lateral". Solo está presente "para aportar datos, para servir al protagonista", dice Doménech, la autora que sí ha querido situar esa figura en el centro de sus dos novelas.

Doménech describe cómo es el trabajo del forense, "cómo nos adaptamos según los casos y los medios que tenemos y cómo vamos avanzando".

Así, su primera novela se sitúa en los años 90, cuando aún no se habían creado los Institutos de Medicina Legal. Quiso reflejar en ella el trabajo forense en los depósitos judiciales de los cementerios. En su segunda novela la forense Carlota Suárez trabaja ya en el Instituto de Medicina Legal de Málaga, con más medios.

EN CONTACTO CON EL SUFRIMIENTO DE LA VÍCTIMA

Doménech quiere trasladar también en su obra cómo el médico forense está "en contacto íntimo con el sufrimiento de la víctima".

Cuando un forense va a un levantamiento del cadáver es testigo directo del sufrimiento de las personas ante la muerte violenta e inesperada de un ser querido, subraya la autora.

"Y luego nos enfrentamos a la víctima en la mesa de autopsias. Además de determinar la causa de muerte -agrega Doménech-, una de las labores mas importantes es reconstruir los últimos minutos de la vida de esa víctima: si se defendió, cómo lo hizo, desde donde la dispararon..."

Al hacer esa reconstrucción, el forense sabe perfectamente lo que la víctima sufrió.

LA NOVELA NEGRA HA SIDO, ES Y SERÁ 'COSA DE MUJERES'

Inés Doménech considera que la novela negra "ha sido, es y será 'cosa de mujeres'". Es más, cree que las mujeres están tomando las riendas de las novelas de investigación criminal.

Se ciñe a España y cita unos cuantos nombres de novelistas que, además, han puesto como protagonistas a mujeres investigadoras.

Entre ellas, menciona a Alicia Giménez Bartlett, que fue "pionera en aportar una perspectiva feminista al mundo de la investigación criminal con su inspectora de la Policía Nacional de Barcelona Petra Delicado", pero también a Dolores Redondo, Reyes Calderón, Eva García Sáenz de Urturi, Rosa Ribas o María Oruña. EFE

so/jlp