Cuatro de cada diez estudiantes en España sufren de ansiedad matemática. La OCDE asegura que el 17 % de los alumnos de países que forman parte del foro (38 en total) sufren de este rasgo persistente que dificulta la adquisición de saberes fundamentales. Países como Costa Rica aseguran que la tasa de ansiedad matemática puede alcanzar hasta el 78 % en estudiantes de secundaria.
Más allá de las razones del por qué del temor ante los números, una investigación publicada en la revista de Nature intentó revelar cuál es la mejor manera de generar una transformación de ese miedo. Y la respuesta fue más allá de las emociones, las técnicas de respiración o una terapia cognitivo-conductual adaptada al aprendizaje.
Ansiedad matemática e impacto
Los estudiantes que experimentan esta emoción como respuesta de supervivencia poseen niveles excesivos de pensamientos negativos e intrusivos que suelen afectar el aprendizaje en esta área de conocimiento.
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En consecuencia, la ansiedad matemática suele estar asociada con hábitos de estudio desadaptativos, como procrastinar tareas y preparaciones para exámenes afectando el rendimiento más allá de la posible comprensión.
El estudio realizado por Rachel G. Pizzie y David J. Kraemer diseñó un experimento que comparó dos enfoques opuestos y en el que participaron 247 estudiantes entre 13 y 19 años. Mientras una intervención se centró en la regulación emocional mediante reevaluación cognitiva de los jóvenes en secundaria, la otra intervención apunto a realizar un cambio en los hábitos de estudio.
En el caso de la reevaluación cognitiva- con base sólida en la neurociencia- se observó en reiteradas ocasiones que funcionaba en el manejo de los pensamientos negativos. Estudios previos con resonancia magnética funcional mostraron que una estrategia de regulación emocional impacta en la respuesta de la amígdala ante estímulos que provocan emociones negativas.
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Hábitos de estudio: una nueva perspectiva
Sin embargo, cuando se analizó a los estudiantes que habían sido intervenidos para transformar sus hábitos de estudio el resultado sorprendió en términos de aumento de calificaciones y rendimiento.
La intervención de hábitos de estudio alentó a los estudiantes con alta ansiedad matemática a incorporar autoevaluación y a superar conductas de evitación, lo que aumentó el rendimiento académico y mejoró los déficits de rendimiento que continuaron persistiendo en el primer grupo intervenido con la regulación emocional.
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Esta investigación no trata de minimizar el valor de las emociones sino que busca revelar cuál es la mejor estrategia para trabajar sobre las mismas a lo largo del tiempo. Mientras que la autoevaluación interviene sobre la conducta de evitación, reformular el pensamiento negativo no necesariamente la modifica.
La evidencia acumulada
Un meta-análisis publicado en el Journal of Numerical Cognition, que sintetiza la evidencia disponible sobre intervenciones para la ansiedad matemática a gran escala, comprendió 50 estudios previos.
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Este análisis reveló que la duración y la sostenibilidad de la intervención —no solo su enfoque teórico— son determinantes para lograr un impacto real. De esta forma, una sesión aislada de reevaluación cognitiva puede no ser comparable, en su poder de cambio, con un programa de hábitos de estudio sostenido en el tiempo.
¿Por qué los hábitos hacen a las emociones? Es una de las preguntas claves que aún requieren de mayor indagación. De acuerdo a las investigaciones, construir hábitos que requieran menos recursos cognitivos disponibles en tiempo real- porque la práctica ya está automatizada- impacta en el rendimiento y el manejo de la ansiedad.
Los hábitos de estudio que trabajan sobre la ansiedad matemática
La intervención de hábitos de estudio se centró en dos técnicas específicas: el estudio espaciado y la práctica de recuperación. De esta forma, se animó a los estudiantes a evitar el “cramming” (estudiar todo de golpe la noche anterior) y a reservar tiempo para repasar información clave de manera regular y distribuida en el tiempo.
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Por otro lado, se fomentó la práctica de recuperación / autoevaluación; en especial a partir de traer a la memoria información previa y tomando cuestionarios o exámenes de práctica.
También se trabajó con una intervención de grupos reducidos, y que los estudiantes- antes de un examen- escribieran qué tipo de problemas matemáticos creían que deberían resolver en su evaluación y qué estrategias usarían para resolverlos.
En promedio, para los estudiantes con mayor ansiedad matemática, quienes participaron del grupo de hábitos de estudio tuvieron calificaciones aproximadamente media letra / medio punto más altas que sus pares asignados al azar al grupo de regulación emocional.
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El hallazgo no descarta el valor de la regulación emocional como herramienta de bienestar estudiantil, pero sí cuestiona la suposición de que intervenir sobre la emoción es automáticamente el camino más eficaz para mejorar el rendimiento académico de un estudiante ansioso frente a los números.