Juan Pablo Murra, rector del Tecnológico de Monterrey, habló con la prensa en el marco de la edición 2026 del IFE Conference. Con 4.600 asistentes presenciales, más de 1.500 conectados virtualmente y presencia de 46 países, el congreso anual del Instituto para el Futuro de la Educación se ha consolidado como una plataforma de alcance regional donde universidades, gobiernos y empresas conversan sobre la transformación educativa.
La frase más potente de la conferencia la dijo casi al promediar el encuentro: el Tec es un actor público, aún con su estatuto privado. "El Tec es una institución sin fines de lucro que le pertenece a la sociedad mexicana“, dijo, y continuó: “Sería otro Monterrey si no existiera el Tecnológico de Monterrey”.
Uno de los temas más urgentes de la educación superior es la transformación que empuja la inteligencia artificial en términos de contenidos, objetivos, evaluación. Murra hizo un llamado a la acción: “Tenemos que pasar de decir que es importante, a pensar qué y cómo vamos a cambiar”.
Una estrategia regional
El Tec, explicó Murra, intenta dejar de ser “una universidad mexicana con visión global” para convertirse en “un jugador cada vez más global”. Parece lo mismo, pero es un cambio profundo en el mindset, que vinculó al Plan 2030 y lo tradujo en la fórmula en doble vía: “llevar más al Tec al mundo” y lograr “que el mundo venga más al Tec”.
En esa línea, dio números que funcionan como diagnóstico y meta: de los 12.000 alumnos que ingresan a licenciatura, 600 son extranjeros —alrededor del 5%—. La apuesta es duplicar esa proporción y crecer también en el nivel de posgrado. Hoy ya están en marcha carreras 100% en inglés, una planta docente con fuerte presencia extranjera y proyectos con presencia física afuera. Además de colaboraciones con la Universidad de los Andes y la Universidad Católica de Chile: llevan más de 80 proyectos en esa tríada; junto con iniciativas en El Salvador y la expansión regional de las becas “Líderes del Mañana”.
Esta estrategia tiene un anclaje, también, en el presente de la región. En un mundo “reconfigurado” por tensiones geopolíticas, América Latina podría actuar de manera más integrada, con modelos propios. Si antes la referencia era Estados Unidos o Europa —y la discusión consistía en cómo adaptar sus proyectos—; ahora, esas referencias ya no funcionan del mismo modo y la región tiene la capacidad para producir innovación desde sus propios desafíos.
El talento como decisión central
Consultado sobre qué decisión debería tomar una universidad para ser relevante en los próximos diez años, Murra respondió en dos niveles. El primero fue institucional: el Tec, dijo, debe pensarse como parte de la sociedad y asumir una “responsabilidad fundamental” con el bienestar de sus comunidades. En el caso de los estudiantes, esa responsabilidad se expresa de manera directa con ellos y sus familias, que invierten recursos y esperan una propuesta de valor, además de investigación e incidencia. La segunda capa fue más bien práctica, casi de management: atraer estudiantes con potencial de liderazgo y profesores inspiradores.
El desafío de la retención
El éxito de la universidad está puesta en cuestión. Hoy, dijo Murra, hay 43 millones de personas que empezaron la universidad en Estados Unidos y no la terminaron. “Imaginen esto mismo en México”, dijo.
En el Tec, la mitad de la deserción ocurre en los primeros meses, por desajustes entre expectativas y realidad académica. Lo que propone el Tec para reducir este efecto es un modelo de acompañamiento con mentorías desde el ingreso, plan de vida en el primer semestre y seguimiento para temas personales y de salud mental. Existe un “director de entrada” para los primeros semestres con materias troncales comunes y un “director de programa” orientado a empleabilidad, experiencias internacionales y vida universitaria. El indicador central para esas figuras es la retención.
Competencias transversales: formar personas completas
Murra recordó una carta de Eugenio Garza Sada que encontraron al cumplirse 80 años de la institución, en la que el fundador hablaba de “formar personas completas” y enumeró cinco competencias transversales que buscan lograr que sus estudiantes desarrollen: integridad y ciudadanía, pensamiento crítico, pensamiento futuro, emprendimiento innovador y capacidades de comunicación —oral y escrita, en distintos idiomas—. Esas competencias se trabajan tanto en cursos como en experiencias: cultura, deporte, grupos estudiantiles, internacionalización. Murra pidió que haya “disposición a la innovación y al cambio” y un gesto que antecede a cualquier reforma: “ver el futuro con esperanza”.
¿Cómo hacer que lo que se exhibe en un congreso de innovación llegue a aulas públicas en América Latina? Para innovar —sobre todo en educación— el salto no está en la técnica, sino en la cultura:. “Tenemos que creer realmente que las cosas pueden ser distintas“, dijo Murra, y lo vinculó a liderazgos de gobiernos, universidades y sistemas educativos.
Consejos a una generación atravesada por la IA
Sobre qué consejos dar a quienes eligen carrera en un mercado atravesado por la inteligencia artificial, Murra partió de una escena personal: su hija de 17 años, que está a punto de ingresar a la universidad. Su primera recomendación fue clásica, pero la defendió como una estrategia de largo plazo: estudiar algo que apasione, porque eso fortalece la capacidad de “aprender a aprender”.
Después sumó el contrapeso: la vocación debía conversar con el valor económico y social del trabajo. Y propuso que, más allá de la disciplina que sigan, los jóvenes necesitaran alfabetización en IA: entender qué es, cómo se usa en contextos personales y profesionales, y también cuándo conviene no usarla.
En México, dijo, hay poca información sobre empleabilidad, sueldos y trayectorias. Pidió más transparencia al sistema y puso ejemplos concretos —como Arquitectura con sueldos bajos al inicio, Ciencias Computacionales con salarios mucho más altos— para que la elección no se haga a ciegas. “Tienes que estar consciente”, dijo, “de cuándo tomas esa decisión”.