Una educación para el siglo XXI: de la escuela prusiana a aprender a emprender

El programa educativo argentino no prepara a los estudiantes a formarse como empleadores. Pero existen muchas estrategias que se pueden poner en práctica ya desde la infancia para fomentar el emprendedorismo

Emprendedorismo en el aula

Estamos acostumbrados a que los niños, niñas y adolescentes que asisten a la escuela adquieran conocimientos en matemática, geografía, ciencias naturales y lengua. Dentro de las currículas formales, por lo general no hay materias que contribuyan con el desarrollo de habilidades y conocimientos teóricos sobre cómo emprender, cómo generar y gestionar un negocio o empresa. La realidad es que son muy pocas las personas conscientes de la importancia de enseñar a los estudiantes a ser emprendedores.

Aun cuando muchas personas tienen desarrolladas sus habilidades emprendedoras, son conocimientos que se pueden aprender. De ahí la importancia de fomentar este tipo de saberes desde la educación. Es un deber de las instituciones educativas reforzar el aprendizaje en este tipo de disciplinas, respetando y reconociendo las habilidades sobre emprendedorismo que desarrollan algunos estudiantes desde su etapa inicial, algunas veces adquiridas de padres comerciantes.

Es importante plantearse si se les están dando las mejores herramientas desde la escuela a niños, niñas y adolescentes para afrontar el futuro. El efecto sería ostensiblemente diferente si desde las escuelas se educaran a niños y niñas para emprender, en lugar de solo emplearse. Pero la educación argentina está diseñada para generar empleados y no empresarios, siendo estos últimos quienes podrían generar más empleo y reducir la desigualdad.

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Emprendedorismo en el aula

Un cambio de paradigma

Existe un sinnúmero de habilidades y aptitudes que pueden cultivarse y poner en práctica en los estudiantes desde pequeños para facilitarles el proceso de aprender a emprender. La creatividad, la responsabilidad, la autoconfianza, el trabajo en equipo y la medición y toma de riesgos, son algunas de esas cualidades que, forjando en los niños y niñas desde la escuela, harán más fácil su carrera como empresarios o emprendedores, si quisieran serlo.

En Estados Unidos viene creciendo una tendencia educativa disruptiva, que se basa en entrenar a los niños, niñas y adolescentes para convertirse en futuros prósperos emprendedores. Este movimiento, que tiene como objetivo educar a los estudiantes bajo los preceptos de la iniciativa empresarial, está deconstruyendo y poniendo a prueba la enseñanza tradicional prusiana. Para esto, fomenta la construcción de perfiles innovadores en los estudiantes desde la arista de la educación no tradicional, buscando enseñar el espíritu emprendedor y el proceso de aprendizaje que permite llegar al conocimiento de un negocio.

Los niños, niñas y adolescentes son formados en habilidades que les permitan hacer análisis de un escenario económico, calcular la variable de costo-beneficio, diseñar un producto, trabajar sobre su imágen y distribución, entre otras. En todo este proceso de enseñanza y aprendizaje se ponen en práctica la matemática, el pensamiento crítico, la inteligencia emocional, la superación personal, el trabajo en equipo, la toma de decisiones, entre muchas más habilidades y saberes propios del proceso de emprender.

Hace algunos años el multimillonario estadounidense Jeff Sandefer fundó la Acton School of Business, que contempla al emprendimiento como una pedagogía, abarcando desde el nivel inicial hasta el posgrado en MBA (Master of Business Administration). Hoy existen más de 20 academias Acton en diferentes ciudades del mundo; tres de esas escuelas se ubican en Latinoamérica, más exactamente en Brasil y Guatemala.

Emprendedorismo en el aula (iStock)

La vocación del emprendedor

Son muchas las oportunidades de los docentes en el aula para fomentar el desarrollo de habilidades propias del emprendedorismo. Sin embargo, es necesario que los docentes reconozcan a sus estudiantes en cuanto a sus preferencias e intereses para acompañar su proceso educativo de la mejor manera posible. En ocasiones la formación en emprendedorismo o negocios se asocia a la franja etaria más cercana a la incursión en el mundo laboral, pero la realidad es que desde la etapa infantil de los estudiantes se les puede enseñar a emprender un proyecto de negocio. La organización de una obra de teatro, una excursión o una kermés, son proyectos que aplicados y gestionados de manera correcta, permiten la incursión en el mundo emprendedor desde una corta edad.

Este tipo de actividades permite la gestión y diferenciación de los roles de los niños y niñas dentro de un proyecto. De esta forma, se puede descubrir la vocación de los estudiantes por una actividad y promover el trabajo en equipo de quienes participen de determinados proyectos. Todo eso conlleva la personalización del proceso de enseñanza y aprendizaje, permitiendo que cada estudiante se conozca, descubra su lugar y avance conforme a sus intereses y aptitudes.

Los padres y madres no están ajenos a este tipo de aprendizaje, pues existen acciones que pueden poner en práctica desde el hogar para contribuir al proceso de saberes impartidos en la materia desde la escuela, como el desarrollo del liderazgo, a través de la planeación de actividades en el grupo familiar, la toma de decisiones que implican un riesgo, brindando la certeza a los niños y niñas de que el riesgo contempla la posibilidad de errar y que frente a un error habrán nuevas posibilidades o intentos, motivándolos a entender los interrogantes que surgen en la edad temprana e incentivándolos a soñar, a llevar a cabo o emprender aquello que sueñan, por más imposible que parezca.

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