El tecno-magnate Peter Thiel volvió a jugar al ajedrez en Almagro: en el “blitz” no le fue tan bien, lo suyo es más bien la estrategia

Jugó su segundo torneo en un club del barrio porteño mientras profundiza su inserción en el medio local y ausculta la receptividad a su visión estratégica

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Thiel, de remera blanca y con una medalla, cuando participó en su primer torneo en el "Círculo de Ajedrez Torre Blanca" (@dicroceval)

El tecno-magnate Peter Thiel, cuya decisión de instalarse en Buenos Aires llamó la atención de medios internacionales como The New York Times y Financial Times, volvió el viernes pasado a competir en un torneo en el Círculo de Ajedrez Torre Blanca, en el porteñísimo barrio de Almagro, donde hace dos semanas se había presentado por primera vez y jugó un torneo en el que terminó tercero.

La segunda aparición fue el viernes: entre las 7 y las 9 de la tarde/noche Thiel se apareció, acompañado de sus hombres de seguridad, pagó los $10.000 de inscripción, jugó 4 partidas y no le fue muy bien: sacó solo 1,5 puntos de los 4 que llegó a disputar y abandonó el torneo.

La no tan buena performance, según algunos testigos, tal vez se debió a que era un torneo “blitz” de grandes maestros. En ese tipo de torneos se da a los competidores muy poco tiempo para hacer sus jugadas: hasta un máximo de diez minutos por jugador en cada partida. Y en ese torneo, un 550 KBA, el tiempo era de solo 3 minutos.

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Una de las salas del "Círculo de Ajedrez Torre Blanca", donde Thiel ya jugó dos torneos

Thiel, que llegó a destacarse como ajedrecista juvenil en EEUU, donde se crió (es de origen alemán) tiene un más que respetable puntaje Elo de 2,199 puntos de la Federación Internacional de Ajedrez, pero no está registrado en los rankings blitz (el puntaje debe su nombre a su creador, el físico húngaro-americano Arpad Elo, sigue siendo usado por la FIDE -Fédération Internationale des Échecs- y fue adaptado a otros deportes o competencias de “suma cero”, aquellas en las que suele haber ganador y perdedor y. menos usualmente, empate o -en el ajedrez- “tablas”).

Un joven que participó en el torneo de hace dos semanas, en el que Thiel sorprendió con su aparición, aunque inicialmente nadie lo reconoció, dijo que “Peter” era uno más, aplaudió y cantó cuando se cortó la torta de una joven cumpleañera de ese dia, pero no probó bocado: llevó su propia comida, que le acercaba su personal de seguridad. “Tenía una botella de Coca que yo nunca vi” , dijo uno de los chicos ayer por la tarde, cuando Infobae se acercó a verificar si Thiel volvia a jugar. Las autoridades de Torre Blanca se negaron a dar cualquier información. “Acá somos todos iguales, él nos debe haber elegido porque acá se desarrolló Faustino Oro”, dijo un socio del Círculo, fundado en 1972. Oro, el joven prodigio argentino, tiene un Elo de 2.535 puntos y es el más joven de los primeros 100 jugadores del ranking junior de la FIDE.

U.S. billionaire venture capitalist Peter Thiel leaves after a meeting with Argentina's President Javier Milei at the Casa Rosada Presidential Palace in Buenos Aires, Argentina, April 23, 2026. REUTERS/Matias Baglietto

La decisión de Thiel de residir, aunque fuere temporalmente, en la Argentina despertó expectativas. Tras la visita que hizo a fines de abril en la Casa Rosada a Javier Milei, a quien le preguntó sobre la sostenibilidad de su política económica y qué piensa sobre el impuesto a la riqueza, fuentes empresarias dijeron que el magnate analiza las implicancias locales y globales de la gestión mileísta. Al igual que el presidente argentino, Thiel se define como libertario y en un ensayo de 2009 (The education of a Libertarian) afirmó que democracia y libertad ya no son compatibles.

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Impuesto a la riqueza, regulaciones y manifiesto libertario

Según The New York Times, uno de los probables motivos de la decisión del magnate de afincarse en Buenos Aires es la iniciativa de políticos de California, donde está emplazada Silicon Valley, tal vez el lugar del mundo con más multimiillonarios por kilómetro cuadrado, de aplicar un impuesto del 5% sobre los activos de los mega-ricos. Acá, en ese sentido, Milei lo dejó tranquilo.

Otra preocupación es la posibilidad de una tercera guerra mundial, de cuyas consecuencias físicas sería difícil escapar residiendo en EEUU. La Argentina, en ese sentido, está lejos de los riesgos directos de una conflagración nuclear o algo parecido. Otra obsesión de Thiel, según empresarios y economistas que asistieron a una comida en su mansión de Barrio Parque, es la existencia de un “Anticristo” incorpóreo, reflejado en ubicuas regulaciones, capaces de configurar un Leviatán mundial.

De hecho, en marzo pasado, antes de establecerse en Buenos Aires, Thiel dio en Roma, desafiando al Vaticano como visitante, una serie de charlas privadas sobre ese “Anticristo” regulatorio que en nombre de combatir Armaggedon obstaculiza con regulaciones el avance de la ciencia y la tecnología. La semana pasada llegó la respuesta del Papa León XIV con la encíclica Magnifica Humanitas, en la que advirtió, precisamente, sobre los riesgos de una Inteligencia Artificial desbocada.

A su vez, la semana anterior a la visita de Thiel a la Casa Rosada, Palantir, su empresa más importante, publicó en la red X un resumen en forma de manifiesto del libro “The technological republic: hard power, soft belief, and the future of the west”, del CEO de la empresa, Alex Karp, y Nicholas Zamiska. El libro ya era best-seller, pero el manifiesto se viralizó y desató una oleada acusaciones de “tecnofascismo”. El texto, intencionalmente político, busca redefinir el papel de la tecnología en la seguridad de EEUU y el desarrollo económico.

El ministro de Economía Luis Caputo y el inversor Peter Thiel se reunieron en Buenos Aires con otros funcionarios para discutir oportunidades de inversión en el país.

Algunos puntos lucen como la declaración de principios de una nueva derecha tech, dijeron medios internacionales como Time y The Guardian. Uno tilda a Silicon Valley de “blando” y le exige participar en la defensa de EEUU. El texto afirma que la capacidad de las sociedades libres y democráticas “requiere algo más que un atractivo moral” y pregona un hard power asentado en el software. “La pregunta no es si se construirán armas de IA, sino quiénes las construirán y con qué propósito. Nuestros adversarios no harán una pausa para debates teatrales”, dice un pasaje que alerta que la “neutralidad tecnológica” solo beneficiará a rivales de EEUU, empezando por China.

Más aún, el Manifiesto pide servicio militar obligatorio y pertrechar mejor a las fuerzas armadas de EEUU y en su punto 12 afirma que “una nueva era de disuasión construida sobre la IA está por comenzar”. Por eso promueve la inversión masiva en innovación atómica para garantizar autonomía estratégica y alimentar la carrera de la IA”. El texto pide reducir la influencia extranjera en sectores estratégicos y fortalecer las capacidades de defensa mediante la colaboración público-privada.

Palantir cuyo actual valor de mercado es de USD 375.000 millones y nació de In-Q-Tel, incubadora de startups de la CIA, tiene también contratos con el Pentágono y la Agencia de Inmigración de EEUU. Otras dos iniciativas de Thiel son Anduril y General Matter. Al igual que Palantir, Anduril es un término de El Señor de los Anillos: remite al nombre de la espada del rey Aragorn— que fabrica armas autónomas. General Matter aspira a producir un combustible especial para una nueva generación de reactores nucleares y a mediados de 2025 recibió un aporte inicial de USD 50 millones de un fondo del Departamento de Energía de EEUU dotado de USD 2.700 millones, cuyo objetivo es reducir la dependencia de Rusia, de donde EEUU importa actualmente cerca del 35% del uranio para sus centrales nucleares.

<b>“Deseo mimético” e inversión en Facebook </b>

En la Universidad de Stanford, Thiel obtuvo su título de abogado e hizo un posgrado en filosofía. En uno de esos cursos se hizo discípulo del crítico literario francés René Girard, autor de la teoría del “deseo mimético”, según la cual los humanos no deseamos las cosas por sí mismas, sino porque otros también las desean, lo cual se vuelve una fuente de conflicto cuanto se trata de deseos excluyentes, desde la competencia amorosa hasta la rivalidad por la hegemonía geopolítica.

El apego a esa teoría lo impulsó a ser uno de los inversores iniciales en Facebook en la idea de que sería un rentable vehículo de deseo mimético: millones de usuarios sumándose “para no quedar afuera”. Más aun, Thiel creó la Fundación “Imitatio” para difundir la obra del pensador francés y en 2023 reunió a innovadores y líderes de opinión en Washington en un evento que -según decía su página web- sintetizaba tres ciudades metafóricas: Atenas (la razón), Jerusalén (las tradiciones religiosas) y Silicon Valley (los innovadores).

Cercano a Trump

Trump le dijo a Thiel cuando lo conoció: "Amigos de por vida". Le retuvo la mano con cariño durante la cumbre con tecnogurúes (Getty)

Thiel fue el primer empresario “tech” en apoyar a Donald Trump, a cuya primera campaña presidencial, en 2016, aportó USD 1,25 millones. Trump piensa que la economía y la seguridad de EEUU reposan sobre cuestiones materiales, como territorio y recursos naturales, en línea con la tesis del inversor australiano Craig Tindale, quien afirma que las democracias occidentales sufren una “degradación material” por haber priorizado los servicios, las finanzas y la propiedad intelectual y relegado la industria y el mundo material. Mientras, China priorizó la provisión y elaboración de recursos, explica así 35% de la producción industrial global y acumula enormes superávits comerciales.

Ya antes, la necesidad de una mayor “materialidad” había sido planteada por Thiel, para quien el progreso tecnológico de los últimos años puso demasiado énfasis en los bits (unidad de cuenta de la digitalización) y muy poco en los átomos, por lo que es clave encarar los grandes desafíos físicos del mundo y equiparar el avance de las industrias materiales con el de las digitales, postura que resumió en una frase muy citada: “queríamos autos voladores, pero tuvimos 140 caracteres”

En definitiva, Thiel es un ideólogo y estratega entre los tecno-magnates (o “depredadores”, como los llamó Giuliano da Empoli). Su afirmación sobre la incompatibilidad entre democracia y libertad le ganó críticas, pero a él, mientras despunta el gusto por el ajedrez, juego estratégico por excelencia, le preocupa más compatibilizar bits y átomos.

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