El esquema monetario vigente en la Argentina desde comienzos de año se apoya en la coordinación entre el Banco Central (BCRA) y el Tesoro Nacional para mantener a raya la base monetaria. Según datos oficiales, la base monetaria se contrajo en 2 billones de pesos en lo que va del año con datos hasta al 13 de febrero, en el marco de un proceso dinámico donde las licitaciones de deuda del Tesoro y las compras de divisas del BCRA alternan episodios de absorción y expansión de pesos. Detrás de este esquema están, entre otras variables, la baja del dólar y un esquema de tasas que no termina de ser cómodo para empujar la actividad económica.
El mecanismo opera de la siguiente manera: el Tesoro realiza periódicamente licitaciones de deuda en pesos por montos superiores a los vencimientos, absorbiendo pesos del mercado y generando un sesgo contractivo sobre la oferta monetaria. El día de la integración de la licitación, el sistema financiero experimenta una marcada caída de liquidez y las tasas de interés suelen alcanzar máximos transitorios. En las jornadas posteriores, el BCRA inyecta pesos al sistema mediante la compra de dólares en el mercado cambiario (cada compra de divisas del Central es creación de dinero “nuevo” y cada venta lo contrario), lo que contribuye a revertir la contracción y a recomponer la liquidez, hasta que se repite el ciclo con una nueva licitación.
El 13 de febrero, último dato oficial, fue precisamente la fecha de liquidación de la última licitación de deuda en pesos del Tesoro: ese día salieron de circulación $1,5 billón que lentamente pasarán a inyectarse de nuevo -al menos parcialmente- mediante compras de divisas del BCRA.
El IERAL explicó la lógica del esquema: “el Tesoro Nacional juega el rol protagónico a la hora de definir la tasa y las condiciones de liquidez del mercado, mientras que el BCRA aparece más concentrado en la acumulación de reservas y en oficiar de auxiliar financiero. Sobre todo, cuando se trata de conseguir los fondos necesarios para hacer frente a los vencimientos, sentido en el cual las compras de divisas del BCRA también están jugando un rol fundamental”.
La dinámica quincenal de las licitaciones de deuda del Tesoro genera una secuencia de absorción y remonetización que impacta directamente sobre la evolución de las tasas de interés. Al integrarse las licitaciones, el mercado suele “secarse” de pesos y los costos de financiamiento suben, incentivando el carry trade y el desarme de posiciones en dólares para aprovechar los rendimientos en moneda local. A medida que el BCRA reinyecta pesos comprando dólares, las tasas tienden a bajar hasta la próxima licitación. Este ciclo se repitió a lo largo de enero y febrero, y marcó el pulso de la plaza financiera.
En lo que va del año, el BCRA ya compró más de USD 2.090 millones para sus reservas (aunque el Tesoro usó una cifra aún mayor para el pago de deuda), según datos de la autoridad monetaria.
La interacción entre Tesoro y BCRA resultó en variaciones diarias de la base monetaria de alto impacto. El Informe Monetario Diario del BCRA detalló que, entre el 2 de enero y el 13 de febrero, la base monetaria acumuló una contracción neta de 2 billones de pesos. En ese período, las compras netas de divisas generaron expansiones relevantes, pero las absorciones a través de operaciones del Tesoro, principalmente mediante licitaciones de deuda, determinaron el saldo negativo en la base. El informe consignó que la variación diaria de la base alternó jornadas de expansión y contracción, en línea con los movimientos de pesos entre el Tesoro, el BCRA y el mercado.
El informe semanal de Quantum Finanzas, dirigido por Daniel Marx, analizó el contexto de estos movimientos. Según Quantum, “la compra de divisas por parte del BCRA y la esterilización de fondos excedentes del Tesoro -por emisión de deuda por encima de los vencimientos- son algunos de los elementos que definen el sesgo contractivo de la política monetaria”. Este esquema respondió, en parte, a la necesidad de absorber la expansión estacional de fin de año y a la prioridad de sostener la desinflación en un escenario de tasas de inflación elevadas.
Daniel Marx y su equipo puntualizaron que “entre el 31/12/2025 y el 10/2/2026 la base monetaria se contrajo ARS 779 mil millones, un movimiento esperable considerando la estacionalidad en la demanda de dinero, que requiere una expansión de la oferta a fin de cada año para evitar alteraciones en la tasa de interés”. Quantum advirtió que los picos de tasas observados en enero y febrero reflejaron la competencia por la liquidez entre el Tesoro y el BCRA, con un impacto directo en el costo del dinero.
Un informe de Outlier describió la dinámica de las últimas operaciones del Tesoro: “El Tesoro absorbió pesos hacia el cierre de enero y en el arranque de febrero de 2026. A fines de enero salió primero a pagar premio sobre tasas de títulos en pesos que habían comenzado a bajar nuevamente, obteniendo un excedente sobre los vencimientos que se terminó utilizando para comprarle al BCRA las divisas necesarias para el pago de intereses al FMI de principios de febrero. Posteriormente, en la última licitación (esta semana; se integra hoy), decidió nuevamente tomar por encima de los vencimientos, recomponer sus tenencias de pesos y convalidar las tasas del secundario”.
El ciclo de absorción y expansión monetaria también incidió en la evolución de las tasas de interés del sistema financiero. La volatilidad reciente del costo del dinero respondió al forcejeo entre el Tesoro y el BCRA por la liquidez. Los picos transitorios de tasa funcionaron como un imán para el carry trade, incentivando el desarme de posiciones en dólares para aprovechar los rendimientos en pesos. Las tasas a un día, tras los movimientos de absorción, subieron a niveles de 27,4% TNA en la rueda simultánea (SIMU) durante febrero, frente a 20% de diciembre, mientras que la TAMAR alcanzó 31,7% TNA, superando el 27,5% del último mes de 2025. Las tasas activas, como las de Adelantos, también subieron en más de 500 puntos básicos en ese período.
El impacto de estas oscilaciones no se limitó al mercado financiero. El financiamiento al sector privado y el consumo se mantuvieron en niveles bajos, con los adelantos en cuenta corriente promediando 44,1% TNA en enero y 40,2% al 13 de febrero, en un escenario en el que la actividad económica se mantuvo estancada respecto de abril del año anterior. El crédito al consumo acumuló seis meses sin crecimiento, reflejando el efecto de las tasas elevadas y la dinámica de absorción y expansión de pesos.
El análisis del IERAL aportó otra mirada sobre la reacción de la demanda de dinero ante la política monetaria aplicada. “Lo que vimos en enero y en el arranque de febrero fue una contracción real de la masa de pesos transaccionales. Pero la demanda especulativa de pesos, de la cual el stock de depósitos a plazo fijo privados nos puede servir de proxy, se recuperó fuerte durante dicho mes, al punto de que la caída del M2 fue bastante menor que la del M1. De hecho, las licitaciones del Tesoro y el desempeño del valor de los títulos en pesos nos dicen que la demanda especulativa de pesos en el sentido más amplio posible —esto es, la demanda por activos denominados en pesos que devengan rendimientos en dicha moneda— también se incrementó de forma perceptible”.
La coordinación entre el Tesoro y el BCRA marcó el pulso de la política monetaria durante el primer tramo de 2026. El Tesoro utilizó los pesos obtenidos en las licitaciones para cancelar vencimientos y absorber excedentes, mientras el BCRA operó en el mercado de cambios para comprar reservas y reinyectar liquidez según la evolución de la demanda de dinero. Este proceso, caracterizado por la alternancia de episodios de absorción y expansión, determinó el saldo neto contractivo de la base monetaria, pero también la volatilidad de las tasas y las condiciones del crédito.
Un informe de Outlier sintetizó la lógica de este esquema: “El arranque de 2026 marca algunas cuestiones que, si bien no están escritas en piedra porque este es un esquema bastante dinámico, creemos que ponen en evidencia cuál es el orden de prioridades con el que la Administración Milei encara este inicio de 2026. En ese sentido, hay algo que no es nuevo, pero que se reforzó y reinstaló en este arranque de año: el Tesoro Nacional juega el rol protagónico a la hora de definir la tasa y las condiciones de liquidez del mercado, mientras que el BCRA aparece más concentrado en la acumulación de reservas y en oficiar de auxiliar financiero”.
El saldo actualizado de la base monetaria, de acuerdo con el Informe Monetario Diario del BCRA al 13 de febrero, reflejó el predominio de la absorción por parte del Tesoro sobre la expansión generada por la compra de divisas del BCRA. El proceso, de todas formas, se mantiene sujeto a la dinámica diaria de las operaciones de ambos organismos y a la evolución de la demanda de dinero, en un contexto de inflación elevada y tasas en niveles históricamente altos.