Aunque el petróleo está en el centro de los análisis económicos sobre los intereses y efectos de la acción de Estados Unidos en Venezuela, la minería es otro sector en el que 27 años de chavismo destruyeron producción a gran escala, pero en el que los recursos pueden atraer inversión externa y tienen un potencial de recuperación capaz de reconfigurar algunos mercados de productos derivados.
En petróleo, los primeros análisis sugieren que la inversión requerida llevará varios años y que la tendencia a la baja del precio del crudo no frenará, aunque tampoco favorecerá, el desarrollo de Vaca Muerta, pero ya afectó la cotización de algunas firmas energéticas de la Argentina y puede dañar a petroleras medianas de EEUU. Un productor de shale oil del país del norte le dijo al Financial Times que se siente “meado” por la promesa de Donald Trump de inundar EEUU con petróleo venezolano para presionar a la baja el precio del crudo.
En minería la cuestión es diferente, pues se vincula también a la posibilidad de recuperar cierta “base industrial” venezolana. En principio, los minerales con mayores posibilidades no compiten con las perspectivas mineras de la Argentina, que hoy tiene como atractivos primarios al cobre y al litio.
“La geología de Venezuela, y en especial la placa de Guayana en el sur y el sudeste, es un prospecto para metales industriales y materias primas de alto valor que se superponen con los “minerales críticos” prioritarios para EEUU, además de albergar grandes sistemas de metales preciosos”, dice un análisis de GEM Mining Consulting, que cuenta entre sus clientes a gigantes como Barrick, BHP; Glencore, Rio Tinto, Anglo American, Minera Escondida (mayor yacimiento de cobre del mundo, propiedad de BHP, Rio Tinto y la japonesa JECO), Codelco, SQM (segundo productor mundial de litio), varios de ellos con presencia en la Argentina.
Pese a su dotación, la producción minera formal y su procesamiento industrial colapsaron bajo el chavismo (GEM MC)
La paradoja, dice el documento, al que accedió Infobae, es que pese a su dotación, la producción minera formal y su procesamiento industrial colapsaron bajo el chavismo. Eso destruyó la fiabilidad de suministro, aumentó la minería informal y las actividades ilícitas y elevó el riesgo a niveles inaceptables para cualquier inversor privado.
A su vez, la escala de la declinación “implica un upside (potencial de aumento) latente si se restablecen gobernanza, infraestructura y acceso a mercados". En cuyo caso -según GEM- “Venezuela podría re-entrar las cadenas de provisión más rápido que una típica jurisdicción greenfield (nueva) vía rehabilitación de activos ociosos y formalización de distritos mineros ya existentes”. En esa situación estarían la producción de mineral de hierro, acero, bauxita, acero, aluminio y oro.
El níquel, precisa el documento, también es estratégicamente importante “porque está en la intersección del acero inoxidable y las demandas de la transición energética”. Nuevas “narrativas”, prosigue el texto, incluyen al coltan (un concentrado de niobio y tantalio) y tierras raras, aunque se trata de recursos muy prospectivos, limitados en escala y no verificados.
El tantalio se usa en aplicaciones electrónicas, smartphones, computadoras, telecomunicaciones en general, pero también en aleaciones y super-aleaciones para la industria aeroespacial, equipos químicos y aplicaciones médicas. Y el niobio, del que Brasil explica el 98% de la producción mundial, para aumentar la resistencia y a la vez reducir el peso del acero.
“El tantalio, naturalmente asociado al coltan, lo producen fundamentalmente el Congo y Rwanda. En Venezuela y a nivel básicamente artesanal e ilegal se empezaron a explotar coltan y tierras raras para empezar a abastecer una industria bastante estrecha en términos geográficos. La incógnita es si lo que hay justifica una inversión a escala industrial”, explicó Juan Ignacio Guzmán, CEO de GEM Mining en Chile.
“En términos prácticos -sintetiza el documento de la consultora- la relevancia minera de Venezuela es definida menos por su producción actual que por la brecha entre lo que alguna vez produjo y lo que podría plausiblemente producir si el clima de inversión se normaliza”. Un cuadro del informe precisa algunas de esas brechas.
Hoy Venezuela es un estado fallido, para levantarlo hay que ofrecer garantías; eso probablemente implique un cambio constitucional (Guzmán)
El análisis es prospectivo. ¿Cuáles deberían ser los dos o tres primeras condiciones para que ese proceso pueda iniciarse?, le preguntó Infobae a Guzmán.
“Lo primero, cambios legales. Sin un Código de Minería actualizado no es posible explotar concesiones petroleras en Venezuela. En segundo lugar, garantías de estabilidad institucional, la minería es un negocio de largo plazo y sin eso nadie invertirá. Hoy Venezuela es un estado fallido, para levantarlo hay que ofrecer garantías; eso probablemente implique un cambio constitucional”, respondió el ejecutivo.
Como minerales con potencial de recuperación más rápida, el experto mencionó al hierro y la bauxita. “Las minas ya existen, aunque habrá que verificar el estado de la infraestructura, altamente dañada. Tal vez en tres años podrían retomarse operaciones”, estimó. “Pero el oro es lo que más brilla. La minería y también la exportación ilegal existen. Hay bastante conocimiento sobre estos depósitos y con una inversión relativamente marginal, en un par de años se pueden determinar los proyectos y en 5 a 8 años explotarse”.
En cambio, Guzmán descartó que el potencial geológico de hierro y bauxita-aluminio pueda afectar a gigantes como Brasil (del mineral de hierro) y Australia (de la bauxita). “Brasil no debería ponerse nervioso. Veo esos minerales como posibilidad de producir riqueza en una economía postrada, no como un shock al mercado mundial”, destacó.
Cobre, litio y Argentina
En cuanto a cobre y litio, hoy los dos principales vectores mineros de Argentina, el CEO de GEM Mining dijo que si bien en Venezuela hay cobre (el servicio geológico de EEUU lo mapeó en el pasado), hace más 25 años no hay exploración. “En ese plazo el mundo y la tecnología cambiaron; es probable que hoy se encuentren minerales que antes no se exploraban, como litio y coltán”, dijo Guzmán. Nada que cambie el atractivo litífero y cuprífero de la Argentina y Chile.
“Pasarán varios años antes de que se sepa si tienen litio. No veo desvíos por ese lado. Sí podría haberlos en la industria del oro, de inversores que antes pensaban ir a Colombia, Ecuador o Brasil”, agregó.
Otro análisis sobre las perspectivas mineras en Venezuela, de Benchmark Minerals Intelligence (BMI), ahora una unidad de Fitch Services, es algo más escéptico sobre los plazos de revitalización de la minería venezolana. Sobre ocho países analizados (incluida Argentina) en términos de riesgo minero en relación a su potencial productivo, ubica al país caribeño como el menos atractivo de América Latina.
Hace 20 años, recuerda BMI, Venezuela era el productor número doce de mineral de hierro del mundo y el octavo de bauxita. En ambos casos, y también en carbón, la producción colapsó. Por otra parte, agrega, “la producción de oro está severamente limitada, con operaciones en los estados Bolívar y Amazonas controladas por grupos guerrilleros y bandas criminales”.
Si bien los mercados de metales reaccionaron rápidamente a los sucesos en Venezuela, dice BMI, “hay pocas razones para esperar un gran giro en los sectores de minería y metales básicos”, incluso bajo un gobierno post-chavista. ”Para el período 2026-2035 esperamos que siga siendo la más pequeño y menos atractiva industria minera de la región”.
Oro sucio, saqueo minero y el caso Sidor
Luis Rojas Machado, presidente de lo que queda de la Cámara Minera de Venezuela, le dijo al portal especializado Club Minero: “Casi la única minería que aún se hace en Venezuela es ilegal y con métodos obsoletos”.
Hablando del “oro sucio”, Rojas Machado contó que Hugo Chávez y luego Nicolás Maduro y sus cómplices “usaron el arco minero del Orinoco para complacer aliados; dieron contratos mineros; se habla de que el ELN (grupo guerrillero colombiano) tiene minas, que (José Luis) Rodríguez Zapatero (ex jefe de gobierno español) tiene minas, que cada uno de los jerarcas del régimen tienen minas de oro. En vez de hacer proyectos, se sacó el mayor provecho de recursos superficiales con monitores hidráulicos, dragas y sistemas mercuriales anticuados y muy dañinos del ambiente, explicó.
En vez de hacer proyectos, se sacó el mayor provecho de recursos superficiales, con monitores hidráulicos, dragas y sistemas mercuriales muy dañinos del ambiente (Machado)
La precariedad de las explotaciones auríferas también fue dañina para la salud y hasta la vida de los trabajadores mineros. En febrero de 2024, por caso, un derrumbe en una mina de oro, tuvo un saldo (oficial) de 14 muertos.
En cuanto al hierro, dijo Rojas Machado, antes del chavismo, Ternium, del grupo argentino Techint, que en 1998 compró Sidor (Siderúgica del Orinoco) fue la única que supo gerenciar y transformar el hierro venezolano, tras experiencias poco satisfactorias de empresas de Australia, México y Perú.
De hecho, en 2020 Daniel Novegil, entonces vicepresidente de Ternium, precisó que en 2007 después de diez años de la llegada de Techint a Venezuela, Sidor había pasado de producir 2,8 a 4,3 millones de toneladas de acero. La empresa fue nacionalizada en 2008 y en 2019, su producción era “cero toneladas”.
Lo de Sidor había sido prenunciado por el colapso de la producción de PDVSA, la petrolera estatal venezolana, de la que Chávez, luego de una larga huelga, echó a más de 16.000 técnicos y profesionales, para después llenarla de partidarios sin conocimiento del sector.
PDVSA pasó así de 38.000 empleados en 2003 a más de 100.000 empleados en 2010 (inflación inferior a la del número de generales de las FFAA “bolivarianas”, de 200 a cerca de 4.000), pero produjo cada vez menos.
Similar suerte corrió la Corporación Venezolana de Guayana (CVG), fundada en 1960 y conformada por 14 empresas mineras, forestales, del aluminio y servicios que fueron durante más de 40 años la “base industrial” del país, ahora destruida.
Enfermedad holandesa
El país caribeño es un caso extremo de “enfermedad holandesa”, mal en el que caen algunas naciones “bendecidas” por cierta abundancia, que con malas instituciones y peores políticas transforman en “maldición de los recursos naturales”.
Por el boom del precio del petróleo (estaba en menos de USD 10 el barril en enero de 1999, cuando Chávez asumió la presidencia y rozó los USD 150 en 2012) Venezuela recibió USD 800.000 millones vía exportaciones petroleras
Entre 2000 y 2012 las exportaciones no petroleras se redujeron a un mísero 4% del total, pero gracias al boom del precio del petróleo (que estaba en menos de USD 10 el barril en enero de 1999, cuando Hugo Chávez asumió la presidencia, y rozó los USD 150 en 2012) Venezuela recibió USD 800.000 millones vía exportaciones petroleras. Dinero que quemó comprando el apoyo de aliados extranjeros y jerarcas y partidarios locales mientras destruía y empobrecía al país. En 2013 la asunción de Nicolás Maduro tras la muerte de Chávez acentuó el declive, pero la destrucción ya llevaba 14 años en marcha.
En marzo de 1999, todavía en el amanecer de la gestión chavista, Gabriel García Márquez entrevistó al entonces presidente venezolano y percibió “dos Chávez”: por un lado, “un potencial salvador de su país” y por el otro “simplemente otro déspota”. Tiempo después, el mexicano Carlos Fuentes no dudó en calificar a Chávez de “Mussolini tropical”.
Venezuela aún padece las consecuencias de ese delirio.