En la campaña el BCRA pisó USD 2.000 millones en pagos de importaciones y destinó esos dólares a intervenir el mercado cambiario

Según datos oficiales, el Gobierno priorizó evitar una corrida cambiaria ante la incertidumbre política, a costa de frenar la economía con sectores al borde de la parálisis

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FOTO DE ARCHIVO, REUTERS/Dado Ruvic/Ilustración/Archivo
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Las dificultades de diferentes industrias para operar normalmente en plena campaña electoral y los reclamos por falta de insumos en muchos sectores sensibles tienen un claro correlato estadístico. De acuerdo a la información difundida por el propio Banco Central, el mes pasado el Gobierno definió una opción de hierro cuando todavía el ministro de Economía Sergio Massa estaba en carrera para la Presidencia: privilegiar la calma cambiaria o la actividad económica, a riesgo de llevarla a un riesgoso parate. Eligió lo primero.

En el Balance Cambiario difundido por la autoridad monetaria el viernes se destaca un dato claro: el BCRA redujo 40% respecto del promedio del año el monto de dólares destinado al pago de importaciones mientras que la utilización de reservas para contener las cotizaciones financieras del dólar, el contado con liquidación (CCL) y el dólar MEP, alcanzaron un nivel récord, prácticamente duplicando los volúmenes de intervención en las jornadas previas a las PASO cuando el entonces candidato de La Libertad Avanza, Javier Milei, hoy presidente electo, medía bien en las encuestas pero su discurso de dolarización inminente infundaba temor en los mercados.

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“En octubre, se redujeron a mínimos las autorizaciones para pagos de importaciones mientras se usó la mayor cantidad de dólares de la gestión Massa para intervenir en el CCL”, apuntó en su informe diario Aurum Valores. donde se detalla que las importaciones pagadas estuvieron USD 2.000 millones por debajo del promedio del año, unos USD 2.800 millones contra los “habituales” USD 4.800 millones de este año. Esa cifra ya es 25% menor que el promedio de importaciones mensual en años más normales. Al mismo tiempo, Aurum calculó que la mayor parte de los dólares usualmente destinados al pago de importaciones que se pisaron se destinó a la intervención en la brecha cambiaria. “El uso de divisas para intervenir en el CCL se disparó a casi USD 1.300 millones”, apuntaron en la consultora.

Esa dinámica coincidió con una andanada de reclamos sectoriales por la falta de dólares para importar. Desde la Cámara de Industrias de Chacinados y Afines que alertaron sobre el desabastecimiento insumos clave para producir embutidos (por ejemplo, la tripa sintética para salamines y salchichas que se importa de Alemania, sin contar con proveedores locales), hasta metalúrgicas y el sector automotriz. De hecho, General Motors tuvo parada su planta su planta de Rosario por tres semanas en poco antes del balotaje por falta de piezas importadas para producir. Pero también hubo advertencias de sectores clave vinculados a la salud, como laboratorios que importan o producen medicamentos y hasta hospitales que anunciaron reprogramaciones de operaciones ante la falta de prótesis importadas.

Para explicar el telón de fondo de esas situaciones que se repiten en la medida que siguen decayendo las reservas del Banco Central y el flujo de divisas de los exportadores se mantiene en niveles mínimos históricos a pesar de los incentivos para el sector, es inevitable recurrir a la metáfora de la manta corta. Con cada vez menos divisas disponibles, el Gobierno tuvo que optar entre frenar la economía, lo cual tiene un impacto progresivo, no inmediato; o contener por todos los medios posibles una eventual corrida cambiaria ante la incertidumbre electoral que pudiera dejar al Gobierno fuera de la carrera por la Presidencia, lo que finalmente ocurrió de todas maneras.

A pesar de que, contrariamente a los pronósticos que advertían sobre una fuerte inestabilidad cambiaria y financiera ante un eventual triunfo de Milei, el mercado reaccionó positivamente al resultado electoral, lo cierto es que en el sector productivo todavía persisten dudas sobre cómo, cuándo y a qué precio se normalizará el ritmo de operaciones. Algo tienen claro, particularmente porque desde el entorno del presidente electo les hicieron llegar el mensaje: la era de “los dólares baratos” parece haberse terminado.