
Cuando en noviembre de 2022 la inflación se ubicó en 4,9%, por debajo de las expectativas del mercado, el dato fue atribuido en gran medida a la “estacionalidad” del mes. Se asume que, al revés de los meses considerados “inflacionarios”, como diciembre por ser un mes de alto consumo o marzo por el cambio de temporada, noviembre suele aportar algo de sosiego al índice que mide la suba de precios. Lo mismo ocurrió en 2021, cuando gracias a la estacionalidad del tomate el IPC anotó una suba de 2,5%, porcentaje que hoy no figura ni siquiera en los objetivos más ambiciosos del Gobierno para este año.
Ahora surge una nueva medición que confirma el impacto del fenómeno. Sin estacionalidad, indica el relevamiento realizado por Director de la Maestría en Econometría del Departamento de Economía de la Universidad Di Tella, Martín González Rozada, la inflación del último bimestre de 2022 se hubiera ubicado en 5,4% y no en el promedio de 5% que reflejó la medición tradicional del INDEC.
A diferencia de otras mediciones que publica el organismo de estadísticas público, no existe en la Argentina un índice oficial de precios sin estacionalidad. La estadística se produce en otros países: por ejemplo, en Estados Unidos, el Bureau of Labor Statistics (BLS) elabora la versión desestacionalizada del Price Consumer Index for all Urban Consumers. Y la metodología que aplica el BLS fue replicada en el país por el economista de la Di Tella, quien presentará este mes la versión local del índice de inflación “sin estacionalidad”, denominada IPCse, cuando se conozca la inflación de enero.
“El IPCse servirá para analizar la evolución de los precios en el corto plazo, permitiendo comparar el dato de inflación entre meses sin la influencia de los patrones estacionales. Además, se podrá cuantificar el impacto del movimiento estacional en cada mes”, anunció Rozada, quien explicó que la idea es poder distinguir entre efectos que normalmente ocurren en la economía en el mismo momento y en similar magnitud cada año, de los movimientos de precios más vinculados a la política económica. Entre los primeros, ejemplificó, se cuentan “los movimientos de precios resultantes de fenómenos meteorológicos, ciclos de producción, vacaciones, cambios de estación, entre otros. que incluso pueden ser diferentes en las distintas regiones del país”.
Como anticipo de la medición que se lanzará en febrero, correspondiente a la inflación desestacionalizada del mes pasado, el economista compartió el informe de la inflación de diciembre que, sin estacionalidad, arrojó un dato levemente por encima del índice oficial del INDEC: 5,4% contra 5,1%, es decir, tres décimas de diferencia. Para el caso de noviembre, la brecha es más amplia: también fue de 5,4%, lo que confirma que es la estacionalidad lo que contribuyó a moderar la inflación sobre el fin del año pasado.

“En diciembre, los factores estacionales ayudaron a que la medición oficial de la inflación fuera 0,3 puntos porcentuales menor que sin estacionalidad. Salvo en la región noreste, en las cinco regiones restantes la estacionalidad hizo que la medición oficial fuera de entre 0,1 y 0,4 puntos porcentuales menor al índice sin estacionalidad”, detalló el economista en su informe de anticipo del nuevo indicador, en el que agregó que en la región noreste la estacionalidad hizo que el dato oficial fuera 0,2 puntos porcentuales más alto que sin ella.
Respecto de las distintas categorías que componen el IPC, la estacionalidad contribuyó a que el avance de los precios de alimentos y bebidas fuera de 4,7% comparado con el 4,9% que resulta de eliminar el factor estacional, mientras que en las divisiones que más subieron en el mes, como restaurantes y hoteles o equipamiento y mantenimiento del hogar, en la serie desestacionalizada presentan variaciones de 1 décima en el caso de los restaurantes y de 3 décimas en el caso de equipamiento del hogar.
En cambio, la mayor diferencia se verifica en el rubro educación. La medición oficial indica que los precios del sector aumentaron 3,9% mientras que en la medición desestacionalizada arroja una suba de 6,4% y es el tercer rubro de mayor incremento.
El economista González Rozada, creador de esta nueva medición, es Director de la Maestría en Econometría del Departamento de Economía de la Universidad Di Tella y es reconocido también por su medición del índice de pobreza basada en los datos oficiales de la Encuesta Permanente de Hogares y las canastas de pobreza e indigencia, que suele anticipar las estadísticas semestrales del INDEC.
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