
La disparada de los precios de los metales como resultado de la convulsión global causada por la invasión rusa en Ucrania tiene repercusiones en los rincones más impensados. La suba de las materias primas, tanto agropecuarias como energéticas y metálicas, llegó incluso a causar un nuevo boom en la demanda local de reducidores de metales por todo tipo de metales de descarte. Como por ejemplo las monedas, que por la inflación cayeron prácticamente en desuso y que hasta el Banco Central va a discontinuar dado el alto costo implica acuñarlas para emitir valores faciales mucho menores al costo de los componentes.
“Compro monedas por kilo” es una llamada repetida en sitios de comercio electrónico como Marketplace de Facebook o Mercado Libre. Las reducidoras de metales, atentas más que nada a chatarra y restos industriales u hogareños, volvieron a poner el ojo sobre las monedas que quedan en circulación.
La inflación de más del 50% y la suba de los metales a nivel global se combinaron para generar la oportunidad.

Los principales insumos de las monedas en circulación son el cobre y el níquel. También zinc y “acero electrodepositado con cobre”, o latón. Todos materiales que vieron sus valores subir en los últimos días en todos los rincones del planeta.
Insumo para la creciente industria de autos eléctricos y sus baterías, el níquel llegó a subir 250% en en los últimos días. La causa es sencilla: Rusia es el tercer productor mundial y el primero si se toma a níquel ya refinado para la industria de baterías. Pero no fue el único: el cobre saltó 20% en unos pocos meses y avances similares sufrieron el acero, el zinc y otros. El más buscado a nivel local, con todo, es el cobre.
El avance de las materias primas que son componentes de las monedas y la inflación galopante agudizaron una realidad que ya estaba vigente. El valor monetario de las monedas de 1 centavo a $10 que existen en el país es menor al costo del metal con las que se acuñan.
Tan es así que el Banco Central decidió discontinuar la acuñación de nuevas monedas, que estaba concentrada en las unidades de $10 en los últimos tiempos. La razón son los costos. Y la realidad que en la autoridad monetaria y en los bancos privados conocen bien: que hay más demanda por el metal de las monedas que por las monedas mismas.
Por eso, en la entidad dedicieron hace tiempo dejar de devolver a circulación a las monedas de $1 de dos colores que llegan a sus manos. Con sus 6,35 gramos de cobre, aluminio y níquel, es una de las más buscadas para fundición y en el Gobierno no lo ignoran.
Por eso, desde hace tiempo prefieren ir por las más modernas de acero y decorada con imágenes de jacarandás, que tienen menos valor en una fundición.

Pero la caída del valor del peso tanto en su capacidad adquisitiva en el país como en términos de dólares rompió con todas esas precauciones. Es imposible que $1 llegue a equiparar el valor del metal que se necesita para hacer una moneda. Y de ahí que se interrumpa la acuñación de nuevas monedas.
Compras por kilo
A pesar de que no habrá más oferta por la interrupción de la acuñación, la demanda por las monedas para fundirlas está más vigente que nunca. Y si el fin de la acuñación de nuevas unidades llegó definitivamente, el precio sólo tenderá a subir.
Las distintas publicaciones en Marketplace ubican el precio del kilo de cobre, el más demandado, en el orden de los $1.200 el kilo. Pero dado que el bronce es sólo uno de los componentes de las monedas, el precio por kilo de monedas puede variar. Y tiende a ser menor a ese valor.
Se los puede encontrar fácilmente por publicaciones que dicen “monedas por kilo” y que se publicitan como “Compro monedas por Kg! Pago más”.
Un reducidor de la zona de Moreno, provincia de Buenos Aires, le dijo a Infobae que está pagando $700 el kilo de monedas, cualquiera sea la denominación. Claro que si bien la denominación no importa, sí hay una diferencia de acuerdo a la familia de monedas: si son “viejas” sirven, sino no se compran. Eso deja adentro del negocio a las monedas de 1 a 50 centavos, más las monedas de $1 y $2 de dos colores. Las más modernas con imágenes de árboles autóctonos no tienen valor hoy por hoy para las fundiciones.

Para dar una idea de qué diferencia respecto del valor nominal se está pagando hay que tener en cuenta que una moneda de $1 de las ediciones más antiguas pesa 6,3 gramos. Esto implica que un kilo de esas monedas tiene un valor nominal de algo menos de $160, ya que se necesitan 158 monedas para llegar a los 1.000 gramos. Entonces se está pagando casi 4 y media veces más de lo que valen.
Cuanto menor sea el valor de la denominación de la moneda, mejor. Un kilo de monedas de un centavo suma, en total, 666 unidades: $6,66. El metal se paga, mientras tanto, $700 como en todos los casos. Unas 105 veces su valor “facial”.
Para reconocer cuáles son las monedas con valor de fundición y cuáles no los reducidores de metales tienen un truco bien hogareño: “Pasale un imán, si no se pega, sirve”. Esto es por que el cobre es lo que buscan y el metal no reacciona ante los imanes.
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