Aunque no mostró ninguna de las cartas vinculadas con la propuesta de reestructuración de la deuda, Martín Guzmán dejó ayer algunas pistas concretas sobre el escenario futuro. Lo más relevante fue su diagnóstico sobre la situación fiscal. Al reconocer que no se llegaría al equilibrio fiscal hasta 2023, dio a entender que será virtualmente imposible volver a pagar la deuda hasta ese momento.
En varios pasajes de su presentación en el Congreso, el ministro de Economía reiteró que hacer un ajuste en medio de la recesión es contraproducente. Y puso como ejemplo el derrumbe de la actividad de los últimos dos años, en medio de una reducción del rojo fiscal. Por eso, adelantó que en 2020 se mantendrá el déficit primario heredado, poco menos de 1% del PBI, pero que el equilibrio recién se alcanzaría en 2023. Recién para 2026 se alcanzaría un ahorro neto en las cuentas primarias, del orden de 0,7% del Producto.
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Con el panorama presentado por Guzmán, sin recursos será imposible volver a pagar la deuda. El escenario es muy diferente al de las renegociaciones de Uruguay en 2003 o de Ucrania en 2014, cuando ambos países consiguieron altos niveles de superávit fiscal para convencer a los inversores de aceptar masivamente la propuesta de canje. Ese ahorro en el resultado primario les permitía, por otra parte, afrontar los vencimientos de deuda con cierta comodidad.

La idea del “período de gracia” ya figuraba en el “paper” presentado por Guzmán en noviembre pasado, cuando todavía era profesor en la Universidad de Columbia y trabajaba con el Premio Nobel Joseph Stiglitz. Pero se trata de una propuesta muy difícil de aceptar para los acreedores, que consistiría en entrar en la renegociación para cobrar absolutamente nada durante un largo período.
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La falta de ahorro neto en las cuentas públicas es complementada con la idea de que la economía argentina crecerá de manera exigua en los próximos años. Un crecimiento proyectado de apenas 2% anual resulta demasiado exiguo como para generar recursos extra para la deuda.
Los mercados hoy darán su “veredicto” tras el discurso de Guzmán, que si bien no tuvo precisiones sobre la oferta planteó los escenarios futuros tanto en materia fiscal como de actividad. En principio el impacto fue negativo, incluyendo los comentarios en los que hizo responsables a los bonistas por la crisis argentina.
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Una especulación que circulaba en el mercado es que la estrategia sería deprimir los precios de los bonos para luego tener un mayor margen en la negociación que se avecina. Ahora los títulos cotizan en promedio a paridades de 45 dólares, pero no se descartaba que incluso bajen a niveles de 35 dólares o incluso menos.
A partir de la oferta que presente el Gobierno empieza otro capítulo, ya que habrá que esperar la reacción de los inversores. Si la aceptación no es mayoritaria se podría alargar los tiempos de la renegociación, lo que pondría a la Argentina más cerca del default. El límite para culminar todo el proceso, según el ministerio de Economía, es el 31 de marzo.
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