
Es curioso ver cómo se malinterpretan algunas palabras de la Iglesia. La Doctrina de la Iglesia Católica no tiene nada que ver con el marxismo. Ni el actual, ni los anteriores Pontífices participan del predicamento socialista.
En rigor, dentro de la Doctrina Social de la Iglesia, siempre se ha mantenido una valoración positiva de los mecanismos de la economía de mercado, desde León XIII, quien en la "Rerum Novarum" (1891) ha condenado el marxismo.
Sin embargo, varios intelectuales de valía tienden a confundirse con las expresiones de Francisco, en muchas ocasiones de extrema crudeza e inusual espontaneidad, pues suele tratar los problemas con gran sencillez y por encima de toda reflexión abstracta. Esta forma de comunicación tiene un lado carismático; pero, al mismo tiempo, muestra otro que puede prestarse a errores de entendimiento.
Aun cuando muestre gestos que nos cueste comprender, la realidad es que Francisco, cuando habla de economía, lo hace según la enseñanza social de la Iglesia. Y no se aparta ni un ápice de ella. Pese a ello, no son pocos los que lo han tratado de socialista, o acusado de estar en contra de la economía libre.
Permítanme un ejemplo. El brillante economista, Alberto Benegas Lynch (h), en un reciente artículo de La Nación, titulado "Reflexiones después de la visita papal a Chile y a Perú" -ilustrado con un dibujo donde el Papa porta una Cruz atravesada por la hoz comunista- interpreta equivocadamente al Papa.
Acerca de las declaraciones de Francisco en el Palacio Episcopal de Lima, dice Benegas Lynch que las "destacamos porque constituyen el eje central de su pensamiento en materia social. El núcleo de lo dicho es su alusión al "capitalismo liberal deshumano", que, según el Papa, es lo que hace daño en nuestra región y en otras partes del mundo".
La realidad es que Francisco sigue la Doctrina Social de la Iglesia, conformada por una serie de documentos que subraya el derecho a la propiedad privada de los bienes de producción. Por ejemplo, en su Exhortación Apostólica "Evangelii Gaudium", el Papa recurre frecuentemente a la Doctrina social de la Iglesia y la recomienda enfática y explícitamente.
Una de las Encíclicas de la Doctrina Social es la "Centesimus Annus" de Juan Pablo II. Al preguntarse si el modelo capitalista es el que debe sugerir, responde así: "¿Si por «capitalismo» se entiende un sistema económico que reconoce el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad para con los medios de producción, de la libre creatividad humana en el sector de la economía, la respuesta ciertamente es positiva… Pero, si por «capitalismo» se entiende un sistema en el cual la libertad, en el ámbito económico, no está encuadrada en un sólido contexto jurídico que la ponga al servicio de la libertad humana integral y la considere como una particular dimensión de la misma, cuyo centro es ético y religioso, entonces la respuesta es absolutamente negativa." Así también, Francisco, no niega las bondades del capitalismo, pero sí denuncia el capitalismo liberal deshumanizado, tal como lo expresa Juan Pablo II en esta Encíclica.
Afirma, también, Benegas Lynch: "No resulta del todo claro si Francisco pondera la pobreza material o si la condena. Pero lo que sí deber resultar claro es que la inmensa mayoría de los pobres de esta tierra apuntan a salir lo más rápido posible de esa condición y lo han hecho en la medida en que se ha aplicado el "capitalismo liberal", es decir, el respeto recíproco y la liberación de la energía creadora".
Respecto a ello, miremos lo que dice la Doctrina Social. En "Gaudium et Spes", Pablo VI, expresa: "Hay que favorecer el progreso técnico, el espíritu de innovación, el afán por crear y ampliar nuevas empresas, la adaptación de los métodos productivos, el esfuerzo sostenido de cuantos participan en la producción; en una palabra, todo cuanto puede contribuir a dicho progreso".
Vale destacar lo que dice Francisco en la Evangelli Gaudium: "El Papa ama a todos, ricos y pobres, pero tiene la obligación, en nombre de Cristo, de recordar que los ricos deben ayudar a los pobres, respetarlos, promocionarlos".
El pensamiento del Papa no difiere mucho del de grandes economistas. "Lo que vemos hoy es el resultado de cientos de años de desarrollo desigual en el mundo rico, que ha dejado atrás una gran parte del mundo y esas personas desean una vida mejor". ¿Son estas palabras del Papa? No, pertenecen al Premio Nobel en economía Angus Deaton, a quien nadie ha acusado de marxista.
Para finalizar, es remarcable el texto de Bergoglio donde claramente expone su negativa al asistencialismo: "Hambre y sed de justicia" que dice: "Hay argentinos que se encuentran en situación de pobreza y exclusión, que debemos tratar como sujetos artífices de su propio destino, y no como destinatarios de acciones paternalistas y asistencialistas por parte del Estado, como desde la sociedad civil".
(*) Manuel Alvarado Ledesma es Economista. Profesor de la UCEMA.
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