
Fideo por flaco, Angelito por bondadoso, pero Di María por su prodigiosa historia. No es el caso de recorrer una trayectoria que aún se está escribiendo. Pero vale la pena recordar que estamos hablando de alguien que arrancó en Central en el 2005 y que después de un circuito prodigioso vuelve al club del que partió en Europa, el Benfica. Angelito se fue del equipo rosarino al club portugués en el 2007 y regresó luego de haberse consagrado como figura estelar en el Real Madrid, en el Manchester United, en el PSG y el año pasado en la Juventus. Vaya clubes…
El recorrido de un jugador de esta envergadura exime la pormenorización estadística. Pero si fuera del caso lanzar grandes trazos podría decirse que tiene récords, reconocimientos, premios y condecoraciones, por goleador, por asistencias, por nominaciones a Balones de oro, por mejor jugador, por mejor juvenil…
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Di María es el compadre de Messi. Que en el fútbol es como decir la simbiosis perfecta en el segundo plano de alguien cuya dimensión es sublime. El compadre de Pelé fue Garrincha en el primer Mundial de 1958 y Jairzinho en el último de 1970. Hubieran alcanzado un punto infinito los compadres si no hubieran tenido que compartir equipo, logros y glorias con el más grande de la época que les tocó jugar. Algo así como el Bertoni de Bochini, como el Caniggia de Diego, el Puskás de Di Stefano o como el Xavi de Iniesta.

Es imaginable la felicidad de los hinchas del Benfica tras la vuelta al Estadio da Luz. También es explicable la frase “elegí con el corazón” que fue lo dicho por Ángel teniendo otras ofertas. Di María es la síntesis de la modestia y la grandeza encerradas en una anatomía y en un espíritu únicos. Para definirlo mejor diría, es la austeridad frente al aplauso, es el silencio ante la crítica, es la discreción ante la contrariedad cada vez que no fue convocado -cosa que ocurrió en más de una oportunidad- es la convicción y la perseverancia ante las lesiones. Pero sobre todas las cosas algo que al autor le consta: su rostro lo refleja a él, feliz al encontrarse con nuevos compañeros cada vez que venía a Ezeiza y se integraba, pero mucho más feliz al reencontrarse con los “viejos”. Se diría, Di María es el compañero que todos quieren tener.
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Decíamos líneas arriba que la pormenorización de todos los logros de Angelito resulta ociosa a esta altura de los acontecimientos, pues decir simplemente que se trata del autor de los goles que significaron consagración, gloria y vueltas olímpicas lo sintetiza todo. Quién no recuerda el gol en el Maracaná; o el de los JJ.OO aun bajo la dirección de Checho Batista, o el de la última final de la inmortalizada Qatar.
Esto es lo que se ha eternizado. Pero la historia que aún no se ha contado es la historia de sus actitudes humanas, como por ejemplo querer romper un contrato nada más y nada menos que con el Madrid con tal de que le permitieran jugar el partido final del Mundial de Brasil 2014 pues el equipo de la “Casa Blanca” intimó a la AFA a no arriesgarlo. Esto le provocó una gran contrariedad hasta pronuncia una frase que jamás olvidaré: “Qué importa el mejor contrato del mundo frente a una final con la camiseta de la selección argentina…”
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En este regreso a Lisboa no hay sólo un jugador consagrado autor de goles en finales. También está aquel jovencito que, metido en el canasto de la bicicleta impulsada por las piernas de su madre, iba con sus sueños a probarse a Central que constituye su cuna. Y vale la pena distinguir la frase manifestada en la presentación en el Estadio da Luz al elegir con el corazón lo que él considera su casa, pues sospecho que el broche de la carrera lo realizará en su cuna.

Muchas estrellas del fútbol argentino han regresado al punto de partida. El punto de partida no es el inicio de una nueva etapa en Europa, antes bien es donde comenzó la historia. Los hinchas de Central hubieran dado cualquier cosa por tener, ver y disfrutar a Di María en casa. El ciclo no está terminado. Está en una etapa de consumación, porque al igual que Verón, Tevez, Licha López, Diego Milito o Maxi Rodríguez, entre tantos, la cuna siempre está preparada esperando con calidez el regreso del hijo pródigo.
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Desdichado destino el de los compadres que deben compartir su arte con el mejor. Aun cuando al final del camino haberlo hecho también les resultará un privilegio de la historia, pues siempre quedarán asociados.
La vuelta de Di María al Benfica no es el final de su carrera, Di María, como aquellos mencionados, sabe que el final estará en el retorno a la cuna. Y la cuna es inevitable y saludablemente Rosario Central.
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Solo se trata de esperar un poco más.
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