"Tengo que aprovechar ahora, que me están haciendo las notas que no me hacían cuando era jugador", la frase con la que se presenta Hugo Lamadrid explica el fenómeno que provoca en las redes sociales. Con casi 40 mil seguidores en su cuenta de Twitter, el Flaco es una influencia que nació gracias a su humor.

Hincha de Racing, casado con Silvana y con el Santander Río. Padre de Axel, Melany y Morena. Desconfiador oficial de la AFA. Su carta de presentación ya muestra su ironía, pero lo que resalta no es la cantidad, sino quiénes son los interesados en sus tuits. "El otro día revisando a los seguidores veo que estaban el Flaco Traverso, Spataro, Chato Prada, Listorti y ahí dije: algo está pasando. Creo que pueden surgir lindas oportunidades para hacer otra cosa. Por eso salí de la comodidad de la relación de dependencia para apostar por otra cosa", cuenta mientras se acomoda en una silla frente al río de un bar de Puerto Madero.

Su desvinculación en la ex ESMA le permite soñar con el ingreso a los medios masivos de comunicación. Su personaje tiene aceptación y carisma, pero la apuesta se da en un momento crítico. "El laburo no abunda. Soy consciente de que estamos en una situación difícil, pero con 51 años todavía tengo fuerzas para probar en otros rubros que no sean los de 8 horas en una oficina, porque eso no es lo mío", dice con confianza.

Ex jugador, músico, humorista, panadero… Hugo Lamadrid es un todo terreno. Él se describe como un "4×4, aunque sería bueno hacer algo bien alguna vez". Su emprendimiento en el rubro gastronómico es el más llamativo. "El negocio lo puse en 2001, tres meses antes de que explote la crisis. ¡Un visionario! Cuando estábamos con la soga al cuello por una deuda de 70.000 dólares, tuve que reventar un auto para pagarle al banco. Además, se había ido todo de 1 a 3 pesos y no podía trasladar eso a los precios, entonces mi mujer me preguntó: ¿Por qué no hacés las facturas vos? Porque no sé, le dije… unos días más tarde agarré un libro de Choly Berreteaga, me encerré y cociné una pastafrola. Me salió como el orto. Se me quemó, no la quería comer nadie, pero a la tercera me salió bien. Al tiempito hice lo mismo con la tarta de ricota, las pepas, las prepizzas, hasta que terminé haciendo 40 o 50 docenas facturas diarias. Sin saber, hice toda la repostería y el negocio salió a flote", recuerda con una cuota de ácido en su relato.

El sacrificio por el trabajo, el tiempo y  los horarios complejos se reflejaron en la campaña que coronó Mostaza Merlo con el campeonato que cortó la malaria académica de 35 años de sequía. "El único partido de Racing que fui a ver, fue el último en la cancha de Vélez. Fue un laburo terrible, pero funcionó y hoy lo tenemos alquilado", explica.

Otra incursión del ex volante central que se caracterizaba por su labor rústica en las canchas fue la de bancario. "En 2005 trabajé para el HSBC, en el área de los seguros de vida. Me acuerdo que el gerente cuando vio mi curriculum no entendía nada. Era hincha de Banfield y en seguida nos pusimos a hablar de fútbol… estuve 3 años hasta que me tuve que ir porque me echaban. Había un manual de comportamiento y yo me iba a las marchas en contra del gerenciamiento, salía en los diarios, iba a sacar presos a la comisaría. Como integrante del grupo no podía dar esa imagen y aproveché un retiro voluntario, porque fue el momento en que se estatizaron las AFJP", continúa el rockero al cual es muy difícil imaginárselo de saco y corbata.

Lejos de sus días entre las bolsas de harina y los teclados de la sucursal bancaria, Lamadrid se convirtió en un fenómeno social a través de Twitter.  "Ayer entré al analytics y hay un montón de gente que no me vio jugar. El 87% de mis seguidores son hombres, lo que indica que estoy carente de mujeres (y no me sorprende)", dice entre risas y continúa: "No es real la relación de mis seguidores con los que me vieron jugar. Una vez un tipo me escribió diciendo que se acordaba de un gol que le había hecho a Belgrano en el 92. Como yo en ese año ya me había ido de Racing, le respondí: golazo. ¿Cómo le iba a cortar la ilusión?"

Es complejo encontrar una explicación a la explosión mediática que tuvo aquel jugador de corte stone y postura intimidante. Su porte, similar al de Éber Ludueña en versión morocha y sin bigotes es un factor que colabora entre sus fans. "Yo venía boludísimo del Facebook. Perdía mucho tiempo con posteos largos, me peleaba con algunos y cuando encontré Twitter me pasó por arriba. Lo dejé un tiempo porque no le encontraba la vuelta, hasta que un día vi que Vicky Xipolitakis dijo que en su cuenta había tenido quilombos con un flaco y qué se yo qué más. Ahí dije: si esta chica puede manejarlo, cómo no voy a poder yo; y ese día le dije a mi hija que me explicara más o menos cómo funcionaba. Ahí arranqué".

Los inicios fueron duros. En la realidad virtual, en la que anónimos se animan a brindar opiniones, críticas y valoraciones (muchas veces injustificadas), Lamadrid sufrió más de lo imaginado: "Al principio me peleaba con un huevito que me carajeaba. ¡Con un huevito! No podía ser tan pelotudo…  de a poco fui entendiendo el juego y me fui anticipando a la crítica. Con la estructura del stand up apelé al humor y la cosa funciona", relata con la precisión que le dedica a su nueva función.

"Un día Pedro Saborido me dijo que me empiece a grabar. Estuve un año pensando en hacer videos hasta que me animé. Después, surgió el fenómeno del #VolanteCentral, que empezó gracias a Vismara: yo lo veía flaco, de pelo largo, medio lentón… y armé un decálogo de las características que tenía que tener un volante central. A partir de ahí la gente me preguntaba cosas: –estoy en el supermercado y tengo a tres viejas adelante, ¿qué haría el volante central?–  Y yo les respondía que le patearan los changuitos", agrega Lamadrid antes de revelar que esta nueva faceta le cambió la manera de pensar: "En los últimos días armé Academia a los cuatro acordes. Es como Pizzería los Hijos de Puta, pero a mi estilo. Armo un solito de 15 ó 20 segundos donde me ven con la viola. No sé si ganaré guita con eso, pero la cuenta me maneja la vida".

Son tiempos distintos a los que se vivían en su época de futbolista. "Si hubiera habido Twitter en los 80, hubiera muerto en los 90", confiesa en la extensa charla de café que mantuvo con Infobae. Naturalmente, la comparativa con los jugadores actuales se desprende como una ecuación lógica del diálogo. "Es una falopa. La exposición y el ego son una máquina que no se puede manejar. Hoy los pibes van a un boliche, se sacan una foto con una mina y tienen quilombos. Yo cuando tenía 20 años, a veces no salía porque no volvía. Ahora hay un bombardeo mediático que le complican las cosas al jugador actual".

A pesar de su constante espíritu divertido, el Flaco reconoce que en los vestuarios no era el personaje que construyó con los años. "En Racing estaban Fillol, Colombatti, Walter Fernández, Rubén Paz… todos más grandes que yo, y no me podía hacer el loco. Tal vez era hinchapelotas con los de mi grupito, la clase 66, pero muy tranquilo", afirma el académico antes de volver a recaer en una comparación con los jugadores actuales.

"Cuando yo jugaba ni se me ocurría tirarle agua en la cara a un técnico. Lo que hizo este muchacho Lavezzi en el Mundial es para matarlo. Podrán decir que es el jodón que anima al grupo, pero la concha de tu madre nene, le sacaste toda la autoridad al tipo en dos segundos. Sabella no la pudo remontar más, está loco ese pibe. Si yo era el técnico le arrancaba los dientes a las piñas. Es una locura lo que hizo", analiza con la verborragia que lo caracteriza.

Otro caso que no puede dejar pasar es el de Mauro Icardi, quien olvidó los códigos al enamorarse de Wanda Nara, cuando ella estaba en pareja con Maxi López. "Es un monstruo, pero en su momento también me sacó. Me acuerdo que escribí que me encantaría romperle las dos piernas. Me retuiteó Varsky y me leyeron hasta los medios de Italia. Se enojó el Fan de Wanda, me putearon, me llamaron de radios. Si sabía que iba a tener esas consecuencias no lo hubiera escrito. Es como si dijera que vi a Maradona tomando falopa. No lo hago porque eso es colgarse de Maradona. Estaba muy verde en Twitter".

El encuentro se dio unos días después del único gol que marcó Mascherano en el Barcelona. En el partido frente al Osasuna el ex River se sacó el estigma para festejar con sus compañeros del Blaugrana. "Qué manera de no ponerla. A mí me dio vergüenza cuando pateó el penal, porque no es que se lo dieron cuando estaba 0 a 0. Hijos de puta, se lo dieron cuando estaba liquidado. Yo me hubiera hecho el pelotudo y le hubiese devuelto la pelota al que me la alcanzó diciéndole despacito en el oído: la concha de tu madre, dámela en el Bernabéu contra el Madrid. Es preferible terminar en cero y no hacer esa payasada", reconoce el ex volante que tenía las mismas funciones que el experimentado protagonista de la entidad catalana.

En la charla con Lamadrid el humor siempre está presente. En una sociedad influenciada por Los Simpsons, él argumenta que es "la única persona que no vio un capítulo entero", porque es de la generación de Alf. Tras pasar por estadios de Primera y del ascenso, cocinas, oficinas estatales y bancos, hoy busca un lugar en los medios. Incluso sueña con el Bailando de Tinelli: "Si me preguntan si sé bailar digo que no, pero iría sin ningún problema. Si ganó la Mole Moli por qué no puedo ganar yo".