Con el objetivo de duplicar la participación de la energía nuclear en el parque generador eléctrico en la próxima década, la Argentina encarará entre 2018 y 2020 la construcción de dos nuevas usinas. Ellas se sumarán a las tres centrales de potencia con las que ya cuenta el país: Atucha I (362 MW), Atucha II (745 MW) y Embalse (648 MW), actualmente en parada técnica para su repotenciación y extensión de vida. Una vez que entren en operación, la cuarta y quinta centrales nucleares aportarán un total de 1821 MW adicionales al sistema interconectado nacional.

La Central Nuclear de Embalse. Foto: Archivo NA-SA.
La Central Nuclear de Embalse. Foto: Archivo NA-SA.

China fue elegida como socia para encarar la realización de las próximas dos centrales nucleares argentinas durante el segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner. Antes de dejar el poder, en noviembre de 2015, su gobierno había firmado el acuerdo comercial y la conformación del consorcio empresarial para la construcción de la cuarta central nuclear y el acuerdo marco para la realización de la quinta central.

Tras la llegada de Mauricio Macri al poder, hubo que esperar hasta mayo de 2017 para que concluyera la renegociación con Pekín y se firmaran los contratos entre Nucleoeléctrica Argentina (NA-SA), la empresa estatal encargada de la operación de las centrales nucleares, y sus contrapartes, China National Nuclear Corporation (CNNC) y su subsidiaria, China Zhongyuan Engeneering Corporation (CZEC).

La financiación de ambas obras correrá por cuenta del Industrial and Commercial Bank of China (ICBC). El costo total estará en torno a los 14.000 millones de dólares, que se cubrirá en un 85 % con un crédito del ICBC a 20 años, con ocho años de gracia, y un costo financiero total del 4,8 %; en tanto que el restante 15% será asumido por el Tesoro Nacional. Según declaró a la prensa el subsecretario de Energía Nuclear, Julián Gadano, el crédito comenzará a ser saldado una vez que la primera de esas usinas nucleoeléctricas se encuentre en funcionamiento.

La sala de máquinas de la Central de Embalse, desde adentro. Foto: Emmanuel Bocchi.
La sala de máquinas de la Central de Embalse, desde adentro. Foto: Emmanuel Bocchi.

"Los diseños de centrales nucleares chinas son los más modernos de la actualidad. Están basados en tecnología occidental, en particular de Francia y EE. UU., a la que se le han agregado mejoras, aprovechando todas las nuevas tecnologías disponibles en el siglo XXI", explican desde INVAP. "China es el líder actual en tecnología nuclear: es el país que más centrales ha construido en la última década y el que mayor número de centrales tiene planeadas", añaden desde INVAP, al tiempo que señalan que el gigante asiático también ha demostrado "su capacidad de construir centrales nucleares de última generación, terminando los proyectos dentro del plazo y los costos previstos".

Si se analiza el contexto internacional de la industria nuclear, la opción china obedece a la fuerte expansión internacional del gigante asiático durante los últimos años y a una serie de ventajas competitivas. En un artículo publicado por la revista especializada Energy Policy, el profesor de la Universidad de Greenwich, Steve Thomas, menciona cuatro factores de esta expansión. En primer término, los menores costos que insume la construcción por parte de empresas chinas de reactores que satisfacen los estándares de los mercados desarrollados; en segundo lugar, los beneficios de la economía de escala y de una fuerza de trabajo altamente capacitada, debido a la alta demanda de este tipo de tecnología en su mercado doméstico; en tercer orden, las grandes reservas financieras con que cuenta el gobierno chino y que le permiten brindar condiciones de financiación muy favorables; y, por último, los serios problemas financieros que afrontan sus competidores directos –la japonesa Toshiba (a cargo de la antigua división de reactores nucleares de Westinghouse) y la francesa Areva–, así como las dificultades que atraviesa otro potencial rival, la rusa Rosatom, debido a las sanciones internacionales que pesan sobre Moscú y a la coyuntura económica de ese país.

Los equipos de protección son clave en la labor de los trabajadores de las centrales nucleares. Foto: Emmanuel Bocchi.
Los equipos de protección son clave en la labor de los trabajadores de las centrales nucleares. Foto: Emmanuel Bocchi.

El reactor de la cuarta central en el predio de Atucha seguirá la misma línea tecnológica de las tres centrales nucleares que están funcionando en nuestro país: uranio natural como combustible y agua pesada como moderador y refrigerante. En cuanto al modelo elegido, el CANDU-6, ha sido desarrollado por la canadiense AECL, cuya división reactores fue privatizada y en 2011 pasó a manos de SNC Lavalin. Existen en el mundo 34 reactores de este tipo; uno de ellos, el de la Central Nuclear Embalse, en Córdoba, entró en operación comercial en 1984 y luego de tres décadas en actividad, se encuentra actualmente en fase de repotenciación y extensión de vida para un nuevo período de 30 años.

Para Nucleoeléctria Argentina (NA-SA), esta será su primera experiencia como "arquitecto e ingeniero" de un proyecto completo de generación nucleoeléctrica. Las obras en el complejo nuclear Atucha demandarán unos ocho años. Además, Atucha III será la primera nueva unidad CANDU en construirse desde cero desde 2007. La planta de referencia será la central nuclear Qinshan (China).

En lo que respecta a la quinta central, Argentina incursionará en una nueva línea tecnológica que contará con un reactor de agua a presión (PWR), que utiliza uranio enriquecido como combustible y agua liviana como moderador y refrigerante. El modelo elegido es el Hualong One, también conocido como HPR-1000, desarrollado por la joint venture conformada por la China National Nuclear Corporation (CNNC) y la China General Nuclear (CGN), a partir de una fusión de sus respectivos modelos ACP-1000 y ACPR-1000. El primer reactor de este tipo es el de la central de Fuqing, ubicada en la provincia costera china de Fujian; y acaba de iniciarse la construcción del segundo reactor Hualong One en la central de Fangchenggang, en la región sudoriental de Guangxi.

En principio, se había barajado la posibilidad de emplazar la quinta central en la costa atlántica rionegrina. Incluso, el gobernador Alberto Weretilneck había formado parte de la comitiva que viajó junto a Mauricio Macri a China en mayo del año pasado. Sin embargo, en septiembre, la Legislatura provincial aprobó una ley que prohibió la instalación de centrales nucleares en la provincia, con excepción de plantas de tecnología CAREM (proyecto encarado por INVAP). De todos modos, respaldado por el senador nacional Miguel Ángel Pichetto, el intendente Nelson Iribarren de Sierra Grande –una de las localidades interesadas en albergar la central– promovió el pasado 17 de diciembre la celebración de una consulta popular no vinculante, donde votó el 30 % de los empadronados y el 83 % lo hizo a favor del proyecto.

Los trabajadores de Embalse, durante la última etapa del proceso de extensión de vida de la central nuclear. Foto: Emmanuel Bocchi.
Los trabajadores de Embalse, durante la última etapa del proceso de extensión de vida de la central nuclear. Foto: Emmanuel Bocchi.

"La construcción de ambas centrales se hará en paralelo, con un desfasaje de dos años. La quinta central, aunque con menor participación estatal, utilizará la misma tecnología que se está aplicando en el reactor de diseño argentino CAREM, lo que permitirá entrar de lleno en el manejo de centrales PWR, que son actualmente las más difundidas en el mundo", apunta el ingeniero Carlos Terrado, vicepresidente de NA-SA, en una columna para la Revista DEF N.º 118. Terrado destaca la inserción de nuestro país en el mundo a partir de su alto desarrollo en el campo nuclear. Un hito, en ese sentido, ha sido la admisión de la Argentina en la Agencia de Energía Nuclear, dependiente de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en junio de 2017.

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*La versión original de esta nota fue publicada en la Revista DEF N.º 117