El Museo Thyssen-Bornemisza ha hecho un “necesario examen de conciencia” para su transformación crítica que pasa por una relectura de sus colecciones desde el punto de vista de la descolonización que, ha asegurado su director, Guillermo Solana, no es un “sinónimo automático de restitución”.
La memoria colonial en las colecciones Thyssen-Bornemisza es el título de la muestra que pone de relieve las consecuencias del colonialismo y su presencia en el occidental a través de imágenes idílicas que enmascaran la desigualdad y la violencia, una exposición que “no tiene que ver con ninguna coyuntura política actual” sino que “viene de muy lejos”, ha recalcado Solana.
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Un debate que surgió a principios de este año después de que el ministro de Cultura de España, Ernest Urtasun, destacara la necesidad de superar en los museos estatales “un marco colonial o anclado en inercias de género o etnocéntricas”.
“Llevo 19 años en el Thyssen y nunca he recibido instrucciones, sugerencias o indicaciones directas o indirectas de un miembro del Gobierno en lo relativo a la programación de exposiciones”, ha recalcado Solana, para quien en España se interpreta todo en función de la coyuntura política, cuando el debate sobre la descolonización de los museos “viene de muy lejos”.
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Una exposición no se organiza ni en tres meses ni en seis “y quien diga que quien surgió del Gobierno actual o de la coyuntura actual ha dado instrucciones relativas a la exposición o es un ignorante o actúa de mala fe, cosa que es más frecuente”, ha recalcado Solana, que ha agregado que no es inocente que los medios de comunicación identifiquen automáticamente “descolonización a restitución”.
En su opinión, se trata de “provocar alarma en el público y que se vea como una dilapidación del patrimonio nacional”.

La muestra, que permanecerá abierta hasta el 20 de octubre, reúne 58 obras de las colecciones históricas, tanto de la permanente como la de Carmen Thyssen, y 17 piezas contemporáneas de la colección TBA21.
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El origen de la exposición, ha relatado Juan Ángel López-Manzanares, uno de los cuatro comisarios de la exposición, surgió en 2019, año en el que el International Council of Museums (ICOM) planteó cómo paliar los sesgos eurocéntricos que hay en la mayoría de los museos occidentales. Junto con López-Manzanares, son comisarios de la exposición Alba Campo Rosillo, Andrea Pacheco González y Yeison F. García López.
A través de seis apartados temáticos el Thyssen aborda esta relectura de sus obras que responden a las cuestiones fundamentales sobre la descolonización: el extractivismo y la apropiación, la construcción racial del otro, el esclavismo y la dominación colonial, la evasión a nuevas “arcadias”, el cuerpo y la sexualidad y la resistencia y el cimarronaje.
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Desde el inicio de la exposición se llama la atención sobre la presencia de africanos en el centro de Madrid en el siglo XVII a través de un paje que sale en primer plano del cuadro ‘Vista de la carrera de San Jerónimo y el Paseo del Prado con cortejo de carrozas’, de Jan van Kessell III.
El apartado sobre extractivismo plantea la explotación de recursos naturales en las tierras ocupadas y el abuso del trabajo humano en el sistema colonial, con bodegones y naturalezas muertas con objetos procedentes de altamar. Aquí se incluyen obras como ‘Cabeza de muchacha’ (1893,1984), de Paul Gauguin o ‘Estudio para la cabeza de Desnudo con paños’, (1907) de Picasso.
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También se analiza la “jerarquización racial del otro” y el “racismo científico” en el que Europa se atribuyó la supremacía cultural con obras como ‘Jinete árabe’ de Eugène Delacroix o la obra etnográfica de Karl Bodmer.
Uno de los cuadros centrales de la exposición es ‘Grupo familiar en un paisaje’ (1645-1648), de Frans Hals, un lienzo de gran tamaño que representa a una familia holandesa junto a un adolescente africano que debió de ser llevado para trabajar como esclavo ya que la presencia de éstos demostraban el estatus social.
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La visión idealizada de los territorios nuevos y la sexualización de las mujeres no occidentales se muestran con cuadros como `Dos desnudos femeninos en un paisaje’ de Otto Mueller.
Fuente: EFE
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