Martin Amis, ese eterno adolescente

El escritor inglés que murió la semana pasada, creó una obra consistente y provocadora, capaz de retratar a la sociedad inglesa con una risa amarga que enmascara la decadencia cultural y moral

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Martin Amis murió a los 73 años, el pasado sábado 20 de mayo de 2023 (Foto: David Hartley/Shutterstock)

“La muerte ya es lo suficientemente difícil de manejar en la vida como para que venga y te encuentre mientras tomas sol.” Martin Amis, Campos de Londres. A los 73 años, en su casa de la Florida, murió el eterno adolescente de la literatura contemporánea inglesa.

Con más de 15 libros publicados, una extensa carrera como editor, crítico y ensayista, Martin Amis logró entrar en la afamada triada Amis - Barnes - McEwan que a grandes rasgos le dio el tono a la literatura inglesa de los últimos 50 años. Parte de la renombrada generación Granta 1985, escribió al ritmo de su época como pocos. Y es que esa generación vino a cambiar todo. Los papeles de Rachel, de Martin Amis, El jardín de cemento, de Ian McEwan, En Patagonia, de Bruce Chatwin, Los hijos de medianoche, de Salman Rushdie o Thomas Keneally con su El arca de Schindler.

Plus, Julian Barnes reflexionando sobre Flaubert y Graham Swift sobre los orígenes de la cerveza de East Anglia, esta camada dio tanto que hablar que marcó su reinado con un novelista británico condenado a muerte por una fatwa. La presencia casi hollywoodense de estos autores en los tabloides, sus vidas privadas expuestas, sus amoríos y sus posiciones políticas le dan a este grupo un aire de cine que merece una serie de Netflix.

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Consultado por teléfono acerca de la muerte de su amigo, Ian McEwan expresaba hace unos días para BBC Radio 4: “Martin tocaba más riffs que Keith Richards y Mick Jagger juntos. Estaba en otro mundo, un mundo de significados y un mundo también de malentendidos cómicos” En este gesto amoroso, McEwan corre de lugar al Amis rockstar disruptivo, mediático y molesto para llevar la atención al lugar donde encontramos al mejor Amis, en su literatura, en su “mundo de significados”.

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Martin Amis rockeaba, es así. Su literatura anclada en los 80 tiene punk. Por momentos recuerda a los Sex Pistols, provocativo, rebelde, lleno de energía. Supo desprenderse del legado de su padre también escritor y logró enfrentarse a él en términos literarios, y sobre todo políticos. Su visión crítica y su descripción en tono satírico de la sociedad inglesa le valió que muchos críticos se enfrentaran con su obra y que en Estados Unidos le tuvieran una falsa reverencia que le costó años de poca prensa y menor difusión.

A la manera de Ballard, Amis elige retratar la podredumbre de la sociedad de consumo, pero bajo el cariz de una comedia de humor negro, la risa amarga que enmascara la decadencia cultural y moral. Su estilo literario clásico contrasta con la decadencia de sus personajes, la banalidad de sus aspiraciones. Escribe alta literatura para hablar de temas bajos.

Martin Amis y Sir Kingsley Amis (su padre) en 1978 (Foto: Dmitri Kasterine / National Portrait Gallery)

Para leer al mejor Amis, al más acabado, conviene irse a su trilogía de novelas londinenses: Dinero (1985), Campos de Londres (1990) y La información (1995). Metaficción, decadencia, grandes momentos de humor, hacen de esta trilogía el corazón de lo que va a ser después toda su obra. Dinero en inglés se llamó Money: a suicide note y vaya uno a saber por qué no lo tradujeron así al español. El protagonista, John Self (¿Juan yo?) tiene 35 años, está podrido en dinero. Si, podrido. Drogas, sexo, soledad y angustia existencial escrita en un tono de sarcasmo y humor desopilante, vuelve a esta novela, que es una confesión suicida, en un adelantado manual del fracaso yuppie de los 90.

Nuevamente a la Ballard, Campos de Londres es una novela de tono apocalíptico que adelanta el cambio climático y plantea cómo la sociedad de consumo está destruyendo al planeta. Y luego, la mas autobiográfica de la trilogía, La información, cuenta la historia de tres amigos escritores y las diferencias que surgen entre ellos cuando uno se vuelve famoso y rico. La tercera novela de la trilogía da un cierre que provoca solo ganas de seguir leyéndolo por años. El mejor Amis.

El mismo día que Amis murió, el director inglés Jonathan Glazer presentaba una película basada en la novela La zona de interés. Escrita en 2014 retoma un tema que ya había sido caro para Amis, el holocausto. En una novela anterior, La flecha del tiempo ya había escrito una historia que, invirtiendo el tiempo, comienza con la muerte del protagonista y va hilando hacia atrás las consecuencias de todos los actos del doctor Friedly hasta llegar a un Auschwitz retratado como el origen de todos los males pero también como la consecuencia de una sociedad desquiciada.

Jonathan Glazer, ganador del Gran Premio del Jurado en Cannes por su película "The Zone of Interest", basada en una novela de Martin Amis (Foto: REUTERS/Sarah Meyssonnier)

La zona de interés cuya versión cinematográfica fue premiada en Cannes, trata de la vida familiar de un comandante alemán cuya casa se encuentra dentro de la “zona de interés” (que así se llamaba los 40 km a la redonda de los campos de concentración). La idílica cotidianeidad de este militar y su esposa, que viven en las afueras del horror, le sirve a Amis para volver a narrar la violencia –que de eso va mucha de su obra- tema al que más le temía y que comentó en una entrevista en 2012: “La violencia es lo que más odio, es lo que más me desconcierta y más me repugna. La escritura surge de la angustia silenciosa, de las cosas de las que no adviertes que estás cavilando, y cuando comienzas escribir te das cuenta de que estabas cavilando sobre ellas, pero en forma inconsciente. Es terriblemente misterioso”.

Murió Martin Amis, el rockstar, el adolescente eterno, el chico punk que vivía debajo de una piel de bon vivant y uno no puede dejar de pensar que, frente a la corrección política y la cancelación que vuelven cada vez más difícil la crítica social -y sobre todo la posibilidad de reírnos a carcajadas de nuestras bajezas-, a falta de Amis nos hemos quedado bastante solos.

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