Por Esteban Castromán / Iñaki Echeverría
Festival Buena Vibra // El sonido de un nuevo signo cultural
Juventud divino tesoro: nunca quise empezar nota sobre esta experiencia cultural donde el promedio de edad oscilaba los veintipico con la frase de Sumo. Porque me parecía un recurso obvio y apelativo tan solo para quiénes crecimos en los 80, porque los festivales de aquella época con sensibilidad pos dictadura eran muy diferentes a los de hoy, porque el mundo se fue transformando demasiado, porque el signo es un animal inquieto y porque ser joven siempre representa cosas distintas a lo largo del tiempo.
Me hubiera gustado no empezar así, pero es una máxima tan potente, inoxidable y en perfecta sincronía con la atmósfera del Festival Buena Vibra que no pude evitarlo.
Sábado pasado desde las dos de la tarde, Estadio Malvinas Argentinas, Paternal, doce mil chicas y chicos jóvenes, doce bandas, doce horas en total.
Eclosión de diversas estéticas cruzadas por un tono casual, desfachatado, y el afán de fantasear la singularidad respecto a la moda establecida como una permanente búsqueda iconoclasta respecto a esa dimensión perpendicular llamada Instagram.
En criollo: ¡Lxs pibxs la rompen! No dan más de onda. Iban y venían, se desplazaban por el festival, con un fluir en permanente subversión.
El gran acierto de la organización del festival fue la sincronía: entender exactamente cuáles son o podrían ser los estímulos de su público. Por eso también había fería de libros, espacio de serigrafía DIY en vivo, karaoke de hula hula y hasta una banda de chiflados hermosos interpretando clásicos del rock universal haciendo sonar unas antiguas tablas metálicas de lavar la ropa con dedales metálicos para coserla. También había un "patio cercecero" donde antes de entrar te ponían pulseritas rojas (de consumo responsable) para garantizar que tu existencia ya había cruzado la barrera legal de los 18 años.
En paralelo a esa escenografía diseñada para la experiencia protagónica del anonimato multitudinario, doce bandas geniales tocaron en dos escenarios durante doce horas.
No en este orden, pasó la sensibilidad pop de Bandalos Chinos, la psicodelia oscura y conurbanense de Los Espíritus, la energía fresca de Las Ligas Menores, el potente desborde de Louta, los mendocinos Ustedes Señlemelo, la catarsis explosiva de Marilina Bertoldi, Valdés, El Kuelgue, Sara Hebe & Ramiro Jota, Militantes del Clímax, Banzai FC y Ainda Dúo.
Un festival muy genial. ¡Ojalá se repita pronto!
SIGA LEYENDO
El llamado de Žižek para "proteger el misterio de la vagina" genera polémica en las redes sociales
Después del cierre de "Clásica y Moderna" ahora llega el debate: ¿tiene que intervenir el Estado?