Mirar afuera. También se trata de eso, ¿no? El panorama literario argentino es rico, inquietante, diverso. Pero, ¿qué pasa afuera? ¿Qué nos llega y de qué forma? La literatura es un acontecimiento que sucede en cada rincón del planeta formando un mapa minado de pequeñas explosiones. Las más estruendosas se hacen oír y, por lo tanto, alguna editorial decodifica ese ruido y lo reproduce acá, en un libro traducido, importado, masificado. Sin embargo, es tanta la literatura que nunca darán abasto los canales de circulación. ¿Y cómo suenan esas pequeñas explosiones ignotas, perdidas, olvidadas por el gran mercado literario mundial?

En el ecléctico universo de la edición argentina, hay gente que teje puentes. Alguna región del planeta que, por algún motivo más personal que estético, llega a este país. Lo que sigue, ahora, en esta nota, son historias de lectores, de escritores y de editores que penetran las fronteras geográficas, los caprichos mercantiles, la homogeneización de la época y los obstáculos del espacio.

Papá Bocó, un puente desde las Antillas

Hace ocho años, Daniel Infante se mudó a Buenos Aires. Vino desde su Santiago de los Caballeros natal, en República Dominicana. Además de su trabajo como docente de arquitectura en la FADU, creó hace poco menos de un año una editorial artesanal y hogareña junto a Belén Oteiza, su pareja, argentina, chivilcoyana. Se llama Papá Bocó. "Nuestro interés es el de difundir la literatura inédita del caribe insular en Argentina. La editorial se proyecta como un laboratorio que investiga y experimenta en los procesos de gestión, edición y difusión en conjunto con los autores y artistas emergentes que desean participar de la propuesta artesanal", le dice a Infobae Cultura.

Pero todo empezó cuando, un día como cualquier otro, entró a librería de usados de la Avenida Corrientes y encontró un libro titulado Las corrientes literarias en Hispanoamérica, una serie de conferencias dictadas en Harvard en los años cuarenta por su coterráneo Pedro Henríquez Ureña, el gran intelectual y filósofo vinculado a la revista Sur de Victoria Ocampo. A partir de su lectura, comprendió que faltaba construir un puente entre Buenos Aires y las Antillas.

"Hasta el momento publicamos tres cuadernos de poesía: El archipiélago de la soledad de Lubrini, una antología de Glaem Parls y Forgotten de Karol Starocean; y un relato breve llamado El terror de Rey Andújar. Cada uno muestra una escala distinta de la idea del Caribe. Las exploraciones sobre los límites de una isla que se expande y fragmenta tamizada por la diáspora que aparece en la obra de Andújar, la cruda vida a la intemperie en la ciudad primada de América que vocifera Parls, y el Caribe íntimo que expone Starocean en sus poemas e ilustraciones", comenta.

Libros de Papá Bocó
Libros de Papá Bocó

Los libros son verdaderos objetos artísticos, construidos uno a uno, con delicadeza y precisión. Se consiguen contactando a Papá Bocó por las redes sociales o en varias de las tantas ferias independientes que suceden en Buenos Aires y sus alrededores. "La identidad caribeña aporta ruido, urgencia, exilio y ritmo gagá a la sociedad argentina", concluye Infante.

Empatía, relatos nacidos del corazón de África

África. El origen de todo. Un continente culturalmente imponente, socialmente diverso y económicamente desigual. Durante las últimas décadas han aparecido en la órbita literaria argentina, de forma esporádica e irregular, algunos nombres de escritores africanos. Pero, ¿conforman juntos a una literatura africana? ¿Pueden amalgamarse dentro de esta categoría escritores nacidos en puntos opuestos del continente, como Marruecos, Sudáfrica y Eritrea? Tal vez sirva como una aproximación dispersa. Por eso, hace apenas unos meses, Marcela Carbajo creó una editorial especializada en aquella región.

Su nombre es Empatía y nació, le cuenta su directora a Infobae Cultura, "como un intento de poder generar un conocimiento más afectivo y profundo de la realidad de los diferentes países africanos a través de su literatura. Es decir, por un lado, difundir a grandes autores muy poco traducidos y leídos en esta parte del mundo y, por otro, poder dar a conocer la realidad social, política y económica del continente más allá de lo que uno puede googlear en internet".

“Si yo te digo Kigali —la capital de Ruanda—, lo más probable es que la mente quede en blanco. Eso también nos hace tender a pensar en África como un todo homogéneo, asociado a clichés y lugares comunes. Estamos hablando de más de cincuenta países, más de mil millones de personas”

"Quizás uno nunca haya viajado a París —continúa—, pero sin duda todos podemos formarnos una imagen mental de la ciudad a partir de lo que hemos leído o las películas que vimos. Hay un imaginario de París. O de Nueva York. Pero si yo te digo Kigali —la capital de Ruanda—, lo más probable es que la mente quede en blanco. Lo mismo con procesos históricos: revoluciones, luchas civiles, genocidios. Eso también nos hace tender a pensar en África como un todo homogéneo, asociado a clichés y lugares comunes. Estamos hablando de más de cincuenta países, más de mil millones de personas. Un argelino no tiene nada en común con un camerunés o un sudafricano".

"Estamos convencidos de que los buenos relatos ficcionales son mucho más efectivos en acercar a las culturas que los libros de texto. En la escuela podían hablarnos de la esclavitud en Estados Unidos, pero eso no nos preparaba para el impacto que sentíamos de chicos al leer La Cabaña del Tío Tom", dice sobre la autenticidad y eficacia de la ficción.

“La Montaña”, de Jean.Noël Pancrazi, editado por Empatía
“La Montaña”, de Jean.Noël Pancrazi, editado por Empatía

"Es curiosa la sorpresa de mucha gente al leerlos, como si no esperasen algo de ese nivel. En un comentario en Facebook una lectora nos escribió: '¡Pero escriben como nosotros!'. No sé cómo esperaban que escribiesen… Pero ese comentario nos puso muy contentos y nos dio una pauta de que estábamos en el camino correcto, que estábamos contribuyendo al menos un poquito en la construcción de una comprensión más 'empática' de África y su cultura", concluye.

A pasitos del fin de este mundo, llegamos a Eslovenia

El filósofo Slavoj Žižek es esloveno. Eso lo sabemos. Pero, ¿poetas eslovenos? ¿Cuál es el imaginario sensible y estético que disparan los versos escritos en zona balcánica? "Los eslovenos tienen una relación muy fuerte con la cultura, sus calles no son próceres o militares, son poetas. Son personas del ámbito de lo cultural, como muchos monumentos. Si esos nombres son la geografía de un país, creo que debemos hacer lo posible por su difusión acá", le dice Pablo Arraigada a Infobae Cultura. Es el encargado de la colección Biblioteca eslovena de la editorial A pasitos del fin de este mundo, que dirige junto a Emanuel Frey Chinelli.

"Mi interés por la zona vino desde la facultad", cuenta. Habla de la zona porque su especialidad son los Balcanes. Cuando se estaba por recibir de Licenciado en Letras por la UBA —es profesor en dicha casa de estudios—, comenzó a estudiar esloveno en los cursos de extensión gratuitos. Y habla serbio, también; aunque "un serbio básico", como dice. Hace ya ocho años que trabaja sobre el tema y ha viajado por los Balcanes varias veces y está estudiando un doctorado sobre la zona.

"La publicación de los libros llegó por medio de las becas que da la fundación Trubar para la difusión de autores eslovenos al español, el apoyo del JAK (Agencia del Libro) y por el impulso de Julia Sarachu, editora de Gog y Magog y quien comenzó con las traducciones acá. Tanto Julia como Florencia Ferré son las que empiezan y dan a conocer a la literatura eslovena acá. Julia me trajo el proyecto para las traducciones, por su trabajo de tesis de doctorado. Así se inicia para A pasitos del fin de este mundo la colección Biblioteca eslovena", resume.

A la actualidad, llevan cuatro libros publicados de cuatro poetas eslovenos: Anton Aškerc y Karel Destovnik-Kajuh, traducidos por Julia Sarachu; Josip Murn y Srečko Kosovel, traducidos por Arraigada. "Tres de esos autores nunca estuvieron publicados en lengua castellana", cuenta para luego, después de un respiro merecido, decir: "Todo esto fue posible por el empuje y la ayuda de mi socio en la editorial, que no dudó en embarcarse en este proyecto que suena un poco a locura". En el fondo, todos estos editores -lo sabemos- están bastante locos.

Colección “Biblioteca eslovena”, de la editorial A pasitos del fin de este mundo
Colección “Biblioteca eslovena”, de la editorial A pasitos del fin de este mundo

Dobra Robota, vistazo hacia las periferias polacas

Los primeros registros datan de 1897: 14 familias polacas provenientes de Galitzia llegan a Estados Unidos pero no pueden entrar por falta de documentación. La rápida gestión de un cónsul argentino en Italia hace que encuentren lugar en Argentina. La burocracia los alberga en Misiones, en un pueblo que, por decreto del Poder Ejecutivo Nacional, el 21 de julio de 1901, se funda como Azara. Desde aquel entonces, prosiguieron algunas oleadas inmigratorias desde Polonia, sobre todo en el marco de la Segunda Guerra Mundial. Entre ellos, llegó el escritor Witold Gombrowicz, y aquí se quedó por 24 años.

A partir de Gombrowicz es que surge el interés de Gabriela De Mola por la literatura polaca. Y en ese sentido, con un nombre alcanza: Dobra Robota, el nombre de la editorial que fundó hace pocos años, significa "trabajo bien hecho" en polaco. Sin embargo, no es una editorial especializada en Polonia —publican libros de música norteamericana, por ejemplo— sino que tiene una colección dedicada. Se llama (Des)formas polacas.

"La idea de traducir y publicar literatura polaca —le cuenta De Mola a Infobae Cultura—, surgió desde nuestro propio interés personal: veníamos leyendo literatura del este de Europa y queríamos hacerlo acá y que hubiera más opciones. Todo lo que leíamos estaba editado en España. No somos polacos ni descendientes, que es algo que siempre nos preguntan. Queríamos ir por ese lado, por el lado de la literatura polaca, así es como empezamos traduciendo y publicando a Bruno Schulz y luego a otro escritor de entreguerras, St. I. Witkiewicz. Y recientemente publicamos a un autor contemporáneo, Wojciech Kuczok, y un ensayo de producción nacional sobre Gombrowicz que, como se sabe, escribió gran parte de su obra en Argentina".

¿Y qué es lo une a la sociedad argentina con aquel país ubicado en el centro de Europa? "Creo que hay algunas cuestiones idiosincrásicas en común, que ya aparecían planteadas en el prólogo a Ferdydurke: literaturas periféricas de sociedades periféricas. Y cómo hacer de esa periferia impuesta un valor y no un aspecto negativo a superar deficientemente. Qué podemos producir de propio y de nuevo, y repensar ese lugar mal llamado 'periférico'. Podés aplicar esas ideas a una sociedad y el razonamiento funcionaría igual. Por otra parte, la presencia de la literatura polaca en Argentina era casi nula, ya que la etiqueta literatura eslava suele incluir solamente a la literatura rusa. Traduciendo y publicando literatura polaca, sentíamos que ampliábamos ese campo", asegura De Mola.

También el caracol, deslumbramiento japonés

"Cuando me decidí a lanzarme con la editorial, sabía que a la par de la literatura argentina que me interesaba publicar, una colección debía estar dedicada exclusivamente a Japón". La que habla es Mariana Alonso, directora de También el caracol, en diálogo con Infobae Cultura. "La idea surgió de nuestra experiencia como lectores —continúa—, la mía y la de Miguel Sardegna, el director de esa colección japonesa, que llamamos Bosque de bambú. Nos acercamos a Japón a través de su literatura, que nos enamoró. Leímos mucho, todo lo que  había en castellano y más. Esa misma pasión fue la que nos llevó a dar clases de literatura japonesa en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, hará unos diez años. O quizás más, mejor no sacar cuentas. Miguel daba las clases de narrativa, yo me ocupaba de poesía".

“Mierda” de Wojciech Kuczok, editado por Dobra Robota / “La primavera llegó en un carro tirado por caballos” de Riichi Yokomitsu, editado por También el caracol
“Mierda” de Wojciech Kuczok, editado por Dobra Robota / “La primavera llegó en un carro tirado por caballos” de Riichi Yokomitsu, editado por También el caracol

Entonces llegó el paso siguiente: conocer Japón. "Viajamos dos veces, estamos planificando la tercera", cuenta y recuerda aquellos paisajes, aquellas librerías. "Los libros nos abrieron la puerta al cine, al anime y a la cultura de Japón en general. Con los escritores que fuimos sumando a nuestras lecturas, se abrió una lista paralela, de todos aquellos que no estaban traducidos al castellano. Queremos contribuir a cambiar eso, ir acortando esa lista. Y queremos hacerlo traduciendo desde el original. En todos los libros de la colección vamos a incluir un estudio preliminar, no solo con la idea de ofrecer un contexto a cada obra publicada, sino con el deseo de seguir abriendo puertas.", comenta sobre lo que podríamos llamar misión.

Esta colección dedicada a la literatura japonesa aún permanece oculta, pero saldrá a la luz el mes siguiente, en marzo. El primer título será La primavera llegó en un carro tirado por caballos, de Riichi Yokomitsu, un autor desconocido en la Argentina pero muy admirado en Japón, que murió a los 49 años en 1947. "Una de las cosas que me deslumbra de la literatura japonesa es su capacidad de aludir y de sugerir, algo que también viene de la mano del idioma japonés, tan bello", confiesa Alonso y no puede evitar entusiasmarse. No es para menos: son sus manos, como las de las otras tres editoriales aquí citadas —y las que quedaron afuera— las que están construyendo un puente hacia otro mundo. Mundos que ahora, por suerte, ya están rodando hacia acá.

 

Facebook de contacto de cada una de las editoriales:
Papá Bocó
Empatía
A pasitos del fin de este mundo
Dobra Robota
También el caracol

 

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