Por Mateo Niro

En la "Nota del autor" fechada en 1982, que antecede a la segunda edición de su novela Hijo de hombre, el escritor paraguayo Augusto Roa Bastos plantea su "ética y poética de las variaciones". En realidad, decía con palabras lo que ya estaba ejerciendo, ya que esa edición estaba signada por transformaciones drásticas de la novela con respecto a la edición anterior. Esa militancia por la versión aboga por un texto escrito que nunca acaba de fijarse, más próximo a la tradición escurridiza de la oralidad, siempre en constante mutación.

En aquel gesto de Roa Bastos sobre la militancia política a favor de la variación existe un elemento fundamental que lo avala: se trata de la versión del propio autor, quien, como propietario legal de la obra, autoridad para con su propio fruto, va y vuelve por el camino como se le dé la gana sin poder ser acusado de impertinente o, mucho peor, de plagiador. ¿Hubiese sido posible esa segunda versión de Hijo de hombre por otro autor que no fuese él? Digamos que sí, en tanto lo separe un poco de tiempo, el suficiente que permita que esa obra se monumentalice. De esa manera sería posible ir y volver las veces que sea necesario.

Martín Fierro, por Enrique Breccia
Martín Fierro, por Enrique Breccia

Los clásicos -desde los famosos cuentos de hadas infantiles hasta los monumentos literarios universales- atraviesan canales diversos y se vuelven centrales a través de instituciones como la escuela, los medios de comunicación, las academias, las reediciones diversas, las colecciones de refraneros populares (los molinos de viento, los infiernos dantescos, las situaciones kafkianas). Los hermanos sean unidos sería un ejemplo del nuestro. Asimismo, si todo discurso es polifónico, un texto exageradamente polisémico como la obra literaria está atravesada de voces de su pasado y, a su vez, prevé nuevos ecos (lo que llamaríamos "intertexto", "citas", "alusiones"). Pero aquellas obras literarias que se vuelven clásicos terminan recibiendo coros enteros de su pasado y desatando una catarata de nuevas lecturas, críticas y reescrituras. Este es el caso de Martín Fierro, uno de los casos más fecundos de versionismo en la literatura argentina.

Martín Fierro, litografía de Carlos Alonso
Martín Fierro, litografía de Carlos Alonso

Existen importantes discusiones en la crítica literaria sobre la relación entre el gaucho real y la gauchesca. Pero lo que no se discute es que el Martín Fierro se inscribe en la vasta tradición de ese género literario popular que ya habían recorrido Bartolomé Hidalgo, Hilario Ascasubi y Estanislao del Campo, entre tantos. Centrémonos, más bien, en los ecos. Por ejemplo, en la versión que hace Jorge Luis Borges con sus cuentos "El fin" y "Biografía de Tadeo Isidoro Cruz" está la cifra de las nuevas lecturas que propone desligando la obra de José Hernández de la épica lugoniana. Como así también en las recientes El guacho Martín Fierro (2011) de Oscar Fariña, donde se actualiza el protagonista en uno de los tantos personajes excluidos de la actualidad, o Las aventuras de la China Iron (2017) de Gabriela Cabezón Cámara, cuya protagonista es la que fue mujer de Fierro. O las versiones en prosa de Franco Vaccarini o el reordenamiento alfabético de Pablo Katchadjian. Es que, en esa ética y política de las versiones se centran dos movimientos fundamentales: la lectura del texto y todo lo que lo rodea; y la puesta en circulación de nuevos sentidos, nuevas lecturas, nuevos rodeos a partir de su reescritura. Es como el juego del teléfono descompuesto pero a propósito y fuera de broma.

Martín Fierro, por Castagnino
Martín Fierro, por Castagnino

Que el 10 de noviembre se celebre en la Argentina el Día de la Tradición trae a cuenta varias reflexiones: la primera, disruptiva, que lo que se recuerde de un personaje de la historia (en este caso José Hernández) sea un natalicio y no una muerte; que ese carácter de tradición se haya dado en una obra literaria que permitió, más que una mirada hacia un pasado definitivo e inmóvil, una constante actualización en idas y vueltas; y que la tradición, entonces, pueda pensarse más bien como una práctica heterogénea y transformadora, que parte del pasado solo para tomar carrera.

*Mateo Niro es licenciado en Letras por la Universidad de Buenos Aires y docente.

 

SEGUIR LEYENDO: