El impacto de las enfermedades crónicas y otras condiciones de alta prevalencia en Costa Rica va mucho más allá del ámbito sanitario. Un reciente análisis presentado en el país revela que siete enfermedades están generando una carga socioeconómica de al menos 2,800 millones de dólares anuales, una cifra que equivale aproximadamente al 4% del Producto Interno Bruto (PIB).
El dato fue expuesto durante el encuentro “Costa Rica: Ecosistemas de Innovación para un Acceso Oportuno en Salud”, organizado por Fedefarma y la Federación Latinoamericana de la Industria Farmacéutica (FIFARMA), donde autoridades de salud, expertos nacionales e internacionales y representantes del sector farmacéutico analizaron los desafíos actuales del sistema sanitario costarricense.
El estudio, desarrollado en conjunto con el instituto alemán WifOR, evaluó la carga socioeconómica de siete enfermedades clave: cardiovasculares, neoplasias, cardiopatías isquémicas, infecciones respiratorias bajas, cáncer de mama, diabetes tipo 2 y migraña. Estas condiciones no solo afectan la salud de las personas, sino que tienen un impacto directo en la productividad, los ingresos familiares y la sostenibilidad del sistema económico.
De acuerdo con los resultados, aunque Costa Rica se encuentra entre los países con menores pérdidas económicas dentro de la muestra latinoamericana, junto con Ecuador, la tendencia va en aumento. Para 2025, el impacto económico de estas enfermedades ya asciende a unos 3,800 millones de dólares, reflejando tanto el crecimiento económico como el incremento en la prevalencia de estas condiciones.
Uno de los hallazgos más relevantes es el crecimiento sostenido de la carga asociada a la diabetes tipo 2, que ha superado incluso a otras enfermedades de gran peso como las cardiovasculares o el cáncer. Este comportamiento enciende las alertas sobre la necesidad de fortalecer las estrategias de prevención y control de enfermedades crónicas en el país.
Durante el evento, la presidenta ejecutiva de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), Mónica Taylor, destacó los retos que enfrenta el sistema de salud, entre ellos el envejecimiento de la población, el aumento de enfermedades crónicas y la presión sobre la sostenibilidad financiera. Según indicó, estos factores obligan a evolucionar y fortalecer la capacidad institucional para garantizar la atención de calidad.
El análisis también profundiza en los efectos indirectos de estas enfermedades sobre la economía. Entre ellos, se encuentra la presión sobre los sistemas de pensiones y salud debido a la mortalidad temprana o jubilaciones anticipadas, lo que afecta la sostenibilidad fiscal del país. Asimismo, la reducción de la fuerza laboral genera un aumento en los costos de producción para las empresas, impactando la competitividad y, eventualmente, los precios al consumidor.
Otro aspecto crítico es el aumento de la pobreza y la desigualdad. Las enfermedades no solo reducen la capacidad de generar ingresos, sino que también obligan a las familias a destinar mayores recursos a tratamientos médicos, limitando la inversión en educación y bienestar. Esto profundiza brechas sociales y económicas, incluyendo desigualdades de género.
A nivel regional, el panorama es igualmente preocupante. Entre 2018 y 2022, las economías de América Latina dejaron de producir aproximadamente 895,000 millones de dólares debido a pérdidas de productividad asociadas a estas enfermedades. Esto equivale a unos 2,145 dólares per cápita, lo que implicaría que cada persona mayor de 15 años tendría que trabajar más de 10 días adicionales para compensar estas pérdidas.
Ante este escenario, representantes del sector farmacéutico hicieron un llamado a priorizar la inversión en prevención, promoción de la salud y acceso a tratamientos innovadores. Según indicaron, fortalecer los sistemas sanitarios no solo mejora la calidad de vida de la población, sino que también contribuye al crecimiento económico sostenible.
“El impacto de una enfermedad no se limita a la salud. También afecta la capacidad de las personas para trabajar, sus ingresos y la productividad general del país. Por eso, invertir en prevención y en sistemas de salud eficaces es fundamental”, señaló Fernando Vizquerra, director ejecutivo de Fedefarma.
La iniciativa presentada en el foro busca precisamente fomentar el diálogo público-privado para impulsar políticas que promuevan la innovación en salud, el acceso oportuno a tratamientos y la sostenibilidad del sistema. En un contexto donde las enfermedades crónicas siguen en aumento, expertos coinciden en que el enfoque debe centrarse en anticiparse a los problemas antes de que se conviertan en crisis económicas y sociales.