Algunas empresas de Silicon Valley se están enfocando en el desarrollo de la biotecnología porque considera que será el futuro (Archivo)
Algunas empresas de Silicon Valley se están enfocando en el desarrollo de la biotecnología porque considera que será el futuro (Archivo)

¿Puede una incubadora de nuevas empresas enfocadas en el campo de la ciencia de la vida de San Francisco ir al mismo ritmo de crecimiento que otras compañías tecnológicas de Silicon Valley?

IndieBio se hizo es pregunta en 2015. Su oficina tiene de todo: un diseño industrial y chic, un cafetería Blue Bottle en la misma cuadra y un letrero que dice "Revolution Workspace" ("Revolución del espacio de trabajo") en la recepción. Twitter y Uber están cerca. La torre Salesforce se extiende por encima de su edificio.

Manipular moléculas no es tan simple como manipular código, pero los recientes avances en el laboratorio lo han hecho mucho más fácil. Al proporcionar a los doctorandos fondos iniciales y otras ayudas, IndieBio desea generar exitosas compañías de ciencias de la vida de la misma manera que Y Combinator creó Airbnb y similares.

"La biotecnología se había acelerado y se había abaratado lo suficiente como para poder hacer biotecnología en sus primeras etapas de una forma fundamentalmente nueva que nadie había hecho ni lo había intentado antes", comentó Arvind Gupta, fundador y director ejecutivo de IndieBio.

En esta compañía, los científicos con una mentalidad empresarial obtienen USD 200.000 y cuatro meses de acceso a un laboratorio de alta calidad de 650 metros cuadrados. Las nuevas empresas están trabajando para acelerar la llegada al mercado de carne cultivada en laboratorio, madera sin árboles, abejas inteligentes, productos químicos libres de contaminación e incluso terapias contra el cáncer.

De las 94 compañías que han pasado por el programa, algunas han atraído a grandes inversionistas como Bill Gates, la empresa de capital riesgo Andreessen Horowitz y el gigante corporativo Tyson Foods Inc. IndieBio ha atraído al renombrado científico del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT por sus siglas en inglés), Tim Lu, a su junta directiva. La incubadora, además, obtuvo hasta USD 25 millones en fondos estatales para abrir una segunda ubicación en la ciudad de Nueva York en 2019.

En el camino, IndieBio ha demostrado, al menos, una cosa: la biología es el próximo mercado de moda de Silicon Valley.

Cuando Gupta lanzó por primera vez el concepto de un acelerador de biotecnología sobrepasó a sus amigos y mentores, la mayoría de ellos, recordó, le dijeron que era una locura.

Gupta, un hombre de 44 años, alto, con el cabello peinado para atrás y un amante de los estampados, estudió biología molecular en la Universidad de California en Santa Bárbara en la década de los noventa.

Para el 2013, había dejado la empresa de diseño de Palo Alto IDEO para emprender una carrera en capital riesgo con la firma SOSV. El pensó: ¿Por qué no combinar lo que sabía de diseño y nuevas empresas con su interés en la biología?

Al otro lado de la bahía de Berkeley, Ryan Bethencourt, un biohacker que trabaja en proyectos como la insulina de código abierto, y Ron Shigeta, con un doctorado en química que había cursado en la Universidad de Stanford, la Escuela de Medicina de Harvard y la Universidad de Princeton, tenían un espacio de incubación a bajo costo. Ellos también estaban convencidos de que las nuevas tecnologías biológicas habían hecho que la conversión de conceptos científicos en productos fuera más simple y más barata.

Los tres hombres se unieron y la primera clase de IndieBio comenzó en la primavera de 2015, con fondos del SOSV. Gupta recuerda que la mayoría de los 80 o más candidatos eran "súper estrafalarios". Solo doce pasaron el corte.

"Eso dio a los doctorados otra opción además de ir a la academia o trabajar en una compañía importante", apuntó Lu, de MIT, que se inscribió como asesor luego de que algunos de sus propios estudiantes obtuvieran fondos de IndieBio. "Esa opción realmente no existía antes".

Del primer lote, la mitad sobrevivió, incluida Clara Foods, que estaba desarrollando la primera clara de huevo libre de animales del mundo, y una compañía de células madre que luego cambió para hacer vino sintético y cambió su nombre a Ava Winery.

"Tratamos de enfocarlos realmente en una cosa, en un producto", afirmaba Jun Axup, director científico de IndieBio, que posee un doctorado en biología química del Instituto de Investigación Scripps.

IndieBio, que obtiene una participación del 8 por ciento en sus compañías, dice que el 64 por ciento de ellas ha recaudado fondos de seguimiento por un total de USD 174 millones. Parte de ese dinero proviene de SOSV, pero cada vez más también tienen otros inversores. Alrededor del 8 por ciento de las nuevas empresas se han cerrado legalmente, aunque varias más parecen estar inactivas.

El año pasado, la firma de investigación CB Insights nombró a IndieBio como el inversionista más activo en nuevas empresas basadas en biología sintética, un matrimonio de ingeniería y biología que permite a los científicos construir genes desde cero. "IndieBio ha creado rápidamente un nicho para ayudar a la biotecnología en etapa temprana, además los fundadores pasan del laboratorio a la comercialización mientras atraen inversionistas", dijo el analista de inteligencia de CB Insights, Nikhil Krishnan.

La compañía de más alto perfil de la incubadora es Memphis Meats, que presentó su primera albóndiga cultivada en laboratorio a principios de 2016. Ha recaudado, al menos, USD 22 millones, aunque aún no ha comercializado su producto. En enero, Tyson Foods se unió a Bill Gates y Richard Branson como inversionista.

"Están buscando tecnologías más avanzadas y listas para ser incubadas y catapultadas en el mundo de la iniciativa empresarial", comentó Vijit Sabnis, socio de Khosla Venturas, especializada en capital riesgo. "No sé de otro acelerador con esa mentalidad".

El éxito ha traído la competencia.

Este año, Y Combinator comenzó una bio-incubadora dedicada, YC Bio, con una inversión de hasta USD 1 millón por una participación de hasta el 20 por ciento y ofreciendo acceso a laboratorios.

"Lo que buscamos en una nueva industria son los súper talentosos y ambiciosos fundadores, que reducen drásticamente los costos y acortan los tiempos de los ciclos", comentaba Sam Altman, director de Y Combinator. "Se trataba de si todas las estrellas estaban alineadas. Y ahora lo están".

El brazo de ciencias de la vida de Google, Verily, también ha creado una incubadora de atención médica.

Mientras tanto, Gupta ha ampliado sus ambiciones y ha dicho que es hora de centrarse en ideas que tienen potencial para el impacto social, como la terapéutica. La próxima sede en Nueva York está programada para asumir un récord de 20 compañías el próximo año.

"Esperamos que nuestras salidas lleguen dentro de siete a diez años. Puede que tarde un poco más. Pero tratamos de compensarlo con problemas del tamaño el mercado de un billón de dólares", argumentó.

Algunos inversores se muestran escépticos.

"Cuando estás creando una compañía de software, puedes hacer un avance en tres meses a través de la fuerza de voluntad. Lo haces toda la noche y puedes hacer un gran progreso escribiendo un código", dijo Seth Bannon, socio fundador de Fifty Years VC, que ha invertido en compañías IndieBio y es un exalumno de Y Combinator. "Si estás lidiando con algo como la biología, no puedes obligar a la vida a moverse más rápido".

En septiembre, una compañía del reciente lote de IndieBio, New Age Meats, invitó a reporteros e inversionistas a probar su primer prototipo, una salchicha de cerdo cultivada en el laboratorio hecha de células cultivadas a partir de un cerdo llamado Jessie.

En una cervecería de Mission District en San Francisco, después de los discursos y los brindis, los fundadores dieron a conocer el fruto de meses de trabajo: tres salchichas del tamaño de un rollo de huevo.

"Creemos que estaremos listos para salir al mercado en un par de años", apuntó el CEO Brian Spears.

Una catadora que estaba por allí sugirió que podría tomar más trabajo llegar hasta allí.

"Sabe a pan", dijo ella.