Mónica Santa María. (Foto: Elizabeth Ostos)
Mónica Santa María. (Foto: Elizabeth Ostos)

Fueron 3 horas y 42 minutos. "Y faltó tiempo para denunciar 18 años de atropellos del gobierno bolivariano a los venezolanos. Activistas y defensores de derechos humanos logramos reunirnos el jueves pasado con la alta comisionada de la ONU, Michelle Bachelet. Fueron muchos y no todos hablaron".

Así lo informó el abogado Alfredo Romero, presidente del Foro Penal, una organización que aboga por la liberación de 687 presos políticos que permanecen en diversas cárceles del país.

Dijo a Infobae que por temas de logística, la cita fue cambiada de lugar y en todo momento se limitó el trabajo de la prensa independiente.

"Apenas pude a presentar Bachelet y decir algunas palabras, la lista de gente que quería dar su testimonio era larga", comenta Romero.

En la reunión había gran cantidad de víctimas de abusos policiales, familiares de presos políticos, madres de niños enfermos con cáncer e insuficiencias renales, médicos y activistas sociales. Los organizadores de la charla habilitaron tres salones en donde se desarrolló la larga jornada.

Bachelet llegó con retraso a la cita y fue recibida por cientos de activistas quienes corearon consignas y pedían un minuto con ella.

"La rodearon y ese fue un momento de mucha incomodidad para la comisionada. El padre de un preso político y colega médico, el doctor Juan Guillermo Requesens, le ofreció su brazo a la funcionaria e hizo que entrara a una sala de reuniones", dijo una asistente a la cita quien pidió el anonimato.

Los primeros que hablaron fueron los defensores al derecho a la salud. "Es un tema de mucho interés para Bachelet porque es pediatra", agrega.

"Es cierto que se conmovió e hizo clic con varias personas. Pero no lloró, como se dijo en redes sociales. Fue muy receptiva con las mamás de pacientes del hospital de niños de Caracas quienes contaron cómo es vivir en un hospital desmantelado y sin comida. También hubo un acercamiento con Pedrito Berríos, hijo de un ciudadano colombiano detenido desde hace tres años, acusado –y aún no enjuiciado- de formar un grupo paramilitar que pretendía atentar contra Nicolás Maduro", añadió.

En redes sociales circuló la foto de Bachelet abrazando al niño. Al ser restringido el paso a los medios independientes, los activistas en DDHH se convirtieron en infociudadanos y filtraron fotos y vídeos de varios testimonios.

"Mi hijo habló con el corazón, tiene nueve años y ha sufrido muchísimo la ausencia de su padre. Expresó que quería la libertad de todos los 59 colombianos presos en Caracas y que a veces no entendía muy bien lo que estaba pasando", dijo a Infobae Lizbeth Rivera.

Bachelet abraza al niño Pedrito, hijo de un ciudadano colombiano detenido desde hace tres años, acusado –y aún no enjuiciado- de formar un grupo paramilitar. (Twitter)
Bachelet abraza al niño Pedrito, hijo de un ciudadano colombiano detenido desde hace tres años, acusado –y aún no enjuiciado- de formar un grupo paramilitar. (Twitter)

La mujer denunció que Berríos padre estuvo 15 días preso en una sala en donde había filtraciones de aguas blancas. No había camas y muchas veces tuvo que dormir sobre cajas de cartón. "Le tiraban la comida al piso a él y a los demás señores. No había camas o lencería, lo poco que ha tenido lo he conseguido yo en la calle. Ahora está muy enfermo y es posible que tengan que operarlo de una hernia. No hay fecha definida porque no hay médicos o material quirúrgico en su sitio de reclusión. Temo por su vida".

Otro testimonio poderoso fue el de Sandra Hernández, una educadora de 30 años, esposa del sargento de la Guardia Nacional Luis Bandres Figueroa. "Él se puso de lado de la constitución el 23 de enero de este año y lo único que ha recibido son torturas y agresiones. Primero estuvo detenido en la dirección de inteligencia militar y fue torturado brutalmente. Patadas en los testículos, cargas de electricidad, golpizas y desgarramiento de la piel de sus manos".

"Tenemos dos niños, uno es asperger, y tuvimos que sacarlos de Caracas porque me estaba persiguiendo el Sebin (policía política). Dejé de trabajar y vivo de lo que me dan amigos".

Para Mónica Santamaría, hermana del preso político José Luis Santamaría, "la doctora Bachelet fue receptiva y tomó nota, pienso que hubo apertura mientras escuchaba nuestros testimonios. A mi hermano lo acusan de ultraje a las Fuerzas Armadas e instigación a la rebelión. Estuvo preso de 2014 a 2017 y fue recapturado en 2018; nunca quiso irse del país aun cuando su familia se lo pedía. Él es un civil y está preso en una cárcel militar por un delito que no cometió y además no ha sido condenado".

En charla con Infobae, Mónica aseguró que "denuncié las torturas que funcionarios del Sebin hicieron a mi hermano. Lo desnudaron y encadenaron a la puerta de su celda varias veces. Lo golpearon y llenaron de excremento. La comida en la cárcel militar de Ramo Verde es insuficiente y en muchas ocasiones se la tiran al suelo. Yo tengo que llevarle comida todos los domingos y no siempre se la dan. Su celda es grande y con él hay 15 presos más, es una situación muy incómoda".

Dijo que "Bachelet mostró apertura e interés. Y nos dijo que los venezolanos no se quedarán solos. Yo me aferro a esa posibilidad, de que la ONU y esas personas que se quedan en Venezuela puedan presionar para la libertad de José Luis y los demás presos políticos. Confío en que no nos abandonen".

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