
Melanskia no es la típica mujer amish. Tiene más de 300.000 seguidores en Instagram y les advierte de los peligros de los alimentos comprados en las tiendas. Promociona las ventajas de eliminar los "residuos industriales" del hígado con una bebida que sus seguidores pueden comprar en Amazon.
Con su modesta cofia blanca y sus gafas de montura de alambre, Melanskia es seria, encantadora y bastante convincente. Además, no es real.
Es una de un puñado de influentes sintéticos creados con inteligencia artificial que promocionan un suplemento dietético no probado, llamado Modern Antidote, que se vende por poco menos de 50 dólares el tarro. En su cuenta no se revela que todo lo relacionado con ella está generado por IA.
Detrás de Melanskia hay un ser humano genuino, Josemaria Silvestrini, que forma parte de una creciente vanguardia de empresarios que aprovechan los rápidos avances de la IA para promocionar sus marcas utilizando a personas que en realidad no existen.
En muchos aspectos, es el sueño de un vendedor. Ahora, prácticamente cualquiera puede producir videos muy realistas con personalidades falsas calibradas con cuidado para atraer a cualquier público objetivo, y hacerlo por una fracción del costo de una persona de carne y hueso.
"La IA cambia las reglas del juego", afirma Silvestrini, de 28 años, que dirige la empresa desde Shanghái mientras completa una maestría. Cada parte del negocio se está "AI-ificando".
Sin embargo, el salto tecnológico también está sonando la alarma de que los consumidores puedan ser engañados por ultrafalsos. Un estudio publicado en febrero en el British Journal of Psychology reveló que las personas sobrestimaban su capacidad para reconocer rostros generados por IA, lo que las hacía vulnerables al "fraude y el engaño". Ese riesgo se intensifica a medida que mejora la tecnología.
Mientras que antes la IA daba pistas obvias, como manos con dedos de más, los videos más recientes parecen confusamente auténticos, y a menudo no se dice lo contrario a los espectadores. En los videos, Melanskia visita lo que parece ser una tienda Costco totalmente abastecida, ordeña vacas y hornea pan. Sus arrugas parecen realistas; las sombras caen donde deben.
"Creía que a los amish no se les permitía usar electricidad", comentó un confuso usuario de Instagram.
Timothy Caulfield, director de investigación del Instituto de Derecho Sanitario de la Universidad de Alberta, dijo que el uso de la IA ha crecido en el espacio del bienestar, un mercado saturado pero lucrativo en el que los consumidores se basan en percepciones de autenticidad e identidad para tomar decisiones de compra. Una cuenta de Instagram con 125.000 seguidores, dirigida por un autodenominado "buscavidas" de Miami, presenta a un monje budista generado por IA con acento inglés que dice vivir en el Tíbet y promociona suplementos de fibra y amargos de guanábana. Este contenido tampoco está etiquetado como generado por IA.
Con la IA, dice Caulfield, las marcas pueden experimentar de forma económica con una gran variedad de avatares hasta que uno funcione.
"Es tremendamente eficaz", dijo. "Puedes curar una imagen que se ajuste a la perfección a la vibración que intentas producir".
Varios estados han aprobado leyes que exigen la divulgación del contenido de IA, incluida una en California que exige a las empresas de IA que le pongan una marca de agua y otra que exige a las empresas de redes sociales que lo detecten y etiqueten. En diciembre, la gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, firmó la primera ley del país que exige explícitamente la divulgación de los "artistas sintéticos" en los anuncios.
A diferencia de otras legislaciones, esa ley impone una carga a los creadores de contenido ultrafalso, no solo a las empresas de redes sociales y de IA. Pero no entrará en vigor hasta junio, y aún no está claro si una orden ejecutiva de diciembre del presidente Donald Trump, que propone un marco regulador para la tecnología, se opondría a ella y a otras normativas estatales.
Silvestrini dijo que era "consciente" de la normativa de Nueva York y que estaba trabajando con su equipo jurídico para garantizar que su marca cumpliera la ley cuando entrara en vigor.
En un momento en que la gente está cada vez más inquieta por la omnipresencia de la tecnología, Silvestrini se ha mostrado inusualmente abierto sobre su uso de avatares sintéticos.
Otra marca, Rosabella, ha utilizado una amplia gama de avatares de IA en TikTok para promocionar su suplemento de moringa. La plataforma etiquetó algunos de los videos como generados por IA. Pero otros videos quizá generados por IA, como uno en el que aparece una mujer mayor promocionando los "secretos para revertir la edad" de la moringa, no están etiquetados, como tampoco lo están las publicaciones en español en las que aparecen naturópatas y nutricionistas que tienen caras diferentes pero comparten la misma voz alabando los beneficios de la moringa para la salud intestinal.
El mes pasado, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por su sigla en inglés) y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés) emitieron avisos de retirada de las cápsulas de moringa en polvo de Rosabella después de que se relacionara con el producto un brote de salmonela resistente a los medicamentos que provocó múltiples hospitalizaciones. Ambrosia Brands, la empresa matriz de Rosabella, no respondió a las solicitudes de comentarios.
"Los primeros en adoptar la IA se han dado cuenta de que en realidad se puede ganar mucho dinero de distintas maneras", comentó Cameron Wilson, que dirige The Diigitals, una de las pocas agencias de modelos que solo representan a talentos virtuales. "El problema es que la mayoría parecen ser formas engañosas".
Para Silvestrini, el atractivo de los avatares de IA era la oportunidad de inyectar nuevas ideas en la comercialización de su marca. En lugar de hacer los videos él mismo, confía en más de tres decenas de creadores independientes para convencer a la gente de que compre su producto utilizando lo que parecen ser cuentas personales.
A cambio de un anticipo, comisiones sobre las ventas y la posibilidad de ganar primas de incentivo por objetivos de visitas y ventas, los creadores tienen relativa libertad para soñar con sus propias ideas para vender el polvo.
Además de Melanskia, otros avatares sintéticos que venden el suplemento son unos cuantos hombres musculosos de mediana edad de aspecto casi idéntico que publican videos similares en Instagram y Facebook, y cuentas en TikTok, Facebook e Instagram que presentan a un granjero sano con una poblada barba blanca que se hace llamar Granjero Honesto.
No obstante, Silvestrini afirma que la cuenta que promociona su suplemento con la mayor tasa de conversión, o número de ventas por visionado, está protagonizada por un ser humano real: un antiguo fisicoculturista barbado de Canadá.
Silvestrini, licenciado en química por el Williams College, dijo que desarrolló una receta centrada en el sulforafano, un antioxidante presente en el brócoli y la col rizada, y contrató a un laboratorio de California para que lo ayudara a fabricarlo a gran escala.
Silvestrini utilizó la IA para diseñar el logotipo, el envase y el sitio web del suplemento, lo que le ahorró decenas de miles de dólares y meses de tiempo de desarrollo en comparación con su primer esfuerzo empresarial, una bebida de bienestar.
En cuanto pueda permitírselo, dijo, planea realizar un estudio clínico de su producto para ver si tiene algún efecto sobre los microplásticos del organismo, como afirma. "Quiero respaldar mis palabras con hechos", aseguró.
En las reseñas de Amazon, algunos clientes de Modern Antidote afirmaron que el suplemento los ayudó a sentirse mejor, y uno de ellos afirmó que le produjo una "mente más clara". Pero otros expresaron su preocupación por la forma en que se comercializaba; uno lo calificó de "estafa de la IA" y a otro le preocupaba que la cuenta Farmer Honest usara alarmismo para generar ventas.
"Nos lo tomamos en serio y siempre estamos pensando en cómo evolucionar a medida que se desarrollan normas en torno a esto", afirmó Silvestrini sobre los consumidores que reaccionan de manera negativa a los avatares de IA.
Hasta ahora, Silvestrini ha vendido casi 1000 tarros de sus polvos, dijo, y cree que los consumidores acabarán dejando de preocuparse por la IA.
"Creo que la inquietud de la gente irá desapareciendo cada vez más", opinó. "Muy pronto se convertirá en algo tan habitual que simplemente será más contenido".
Josemaria Silvestrini, propietario de Modern Antidote, en Pekín, el 23 de febrero de 2026. (Qilai Shen/The New York Times)
Josemaria Silvestrini, propietario de Modern Antidote, con un video del avatar de inteligencia artificial Melanskia, en Pekín, el 23 de febrero de 2026. (Qilai Shen/The New York Times)
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