
La decisión del gobierno Trump de detener el ingreso de petroleo extranjero está hundiendo el turismo en la isla, un sector vital para la economía cubana en medio de una crisis cada vez más profunda.
En la segunda semana de las vacaciones de Debbie Sutherland en Cuba, el mes pasado, hubo señales ominosas de problemas.
Se estaba racionando la gasolina, se habían cancelado las excursiones y todas las tiendas de un centro comercial cercano estaban cerradas.
El hotel de Sutherland en Cayo Las Brujas, parte de una pequeña cadena de islas al norte del centro de Cuba, reservó un bloque de habitaciones para los empleados varados. Esa sección del hotel estaba completamente a oscuras: solo los turistas tenían electricidad.
Cuba ha dependido del turismo --y, sobre todo, de los visitantes canadienses ávidos de sol--, como uno de los pilares fundamentales de su economía en colapso.
"El pueblo cubano adora a los canadienses", dijo Sutherland, de 64 años, terapeuta conductual de Ontario. "Decían: 'Sabes, moriríamos sin Canadá'".
Pero las restricciones de viaje del presidente Donald Trump y su medida de bloquear el ingreso de todo el petróleo extranjero a Cuba han puesto de rodillas a la industria, ya debilitada tras la pandemia del Covid-19, y han intensificado un colapso económico que amenaza la supervivencia del gobierno.
Como a muchos otros viajeros, las vacaciones de Sutherland terminaron antes de tiempo el mes pasado, a medida que la grave crisis energética del país comenzaba a paralizar el sector turístico.
Mientras el gobierno advertía que se estaba quedando sin combustible de aviación y los cortes de electricidad se intensificaban, las líneas aéreas rusas y canadienses suspendieron los vuelos a Cuba, una medida que pone en peligro el sustento de cientos de miles de personas.
Las aerolíneas enviaron aviones vacíos a la isla para llevar a casa a miles de turistas, una señal contundente de las condiciones volátiles en Cuba, mientras la campaña del gobierno de Trump ha creado una situación cada vez más desesperada para Cuba y su población. Camiones, autos y motocicletas abandonados, aparentemente sin combustible, cubrían la carretera hacía el aeropuerto, dijo Sutherland.
El gobierno de Trump, en su intento de derrocar al gobierno comunista de Cuba, en el poder desde hace 67 años, ha apuntado a las principales fuentes de divisas del país, entre ellas el turismo, pero también las misiones médicas a otros países a cambio de pagos al gobierno cubano.
Incluso antes de la orden ejecutiva firmada por Trump en enero, que amenazaba con imponer aranceles a los países que suministran petróleo a Cuba, su gobierno ya venía erosionando la industria turística cubana.
Trump limitó la capacidad de los estadounidenses para viajar a Cuba, alojarse en hoteles administrados por el gobierno o llegar a la isla a bordo de un crucero. Su decisión de incluir a Cuba en la lista de Estados patrocinadores del terrorismo implicó que los europeos que viajaran a Cuba perdieran la posibilidad de entrar a Estados Unidos sin visa.
El año pasado, Cuba recibió apenas 1,8 millones de visitantes internacionales, frente a los 4,7 millones de 2018, dijo Paolo Spadoni, profesor de ciencias sociales de la Universidad de Augusta, en Georgia, quien publicó recientemente un libro sobre la industria turística cubana.
Aunque su número también ha disminuido, los canadienses han seguido siendo una piedra angular del turismo, representando aproximadamente el 40 por ciento de los visitantes extranjeros. Cuba ha cortejado activamente a los canadienses, quienes pueden entrar legalmente en Cuba, les gusta gastar dinero en escapadas invernales y son visitantes fiables que regresan.
Pero a medida que los titulares internacionales ponen el foco en los apagones en todo el país, la propagación de enfermedades transmitidas por mosquitos y la creciente acumulación de basura en las calles, muchos turistas europeos y canadienses están eligiendo otros destinos. Algunos operadores turísticos han eliminado a Cuba de sus ofertas.
Incluso los cubanos que viven en Estados Unidos se mantienen alejados, dijo Spadoni.
Como consecuencia, es probable que la industria turística de Cuba sufra un año solo comparable a los de la pandemia, cuando se cerraron en gran medida los viajes por todo el mundo, dicen los expertos.
No hace mucho, Cuba disfrutó de un breve auge turístico tras la decisión del presidente Barack Obama en 2014 de restablecer las relaciones diplomáticas con Cuba.
Además, flexibilizó las restricciones a los viajes de estadounidenses, llegando incluso a autorizar los cruceros. Como Cuba había sido durante décadas un destino vedado para ellos, la cantidad de visitantes de ese país se disparó de repente.
La flexibilización de las restricciones fue efímera; Trump volvió a imponer normas más estrictas durante su primer mandato. El número de estadounidenses que visitaron Cuba se desplomó a 110.000 en 2025 desde los 638.000 de 2018, según las estadísticas del gobierno cubano.
Pero incluso mientras la afluencia de turistas a Cuba disminuyó, el país redobló su apuesta por la inversión, destinando miles de millones a la construcción de nuevos hoteles.
El gobierno añadió 22.000 nuevas habitaciones entre 2014 y 2025, con la apertura de unas 70 nuevas propiedades, dijo Spadoni. En total, Cuba cuenta con 85.000 habitaciones de hotel en todo el país, pero con una tasa de ocupación de solo un 20 por ciento, agregó.
Los hoteles estatales de Cuba están gestionados por Gaviota, filial del conglomerado militar GAESA, que domina la economía cubana. Esto significa que los mejores hoteles y los bienes raíces más valiosos de Cuba están en manos de funcionarios militares, dijo Spadoni.
"Una idea equivocada clave es: ¿Cómo puede Cuba construir tantos hoteles cuando la tasa de ocupación es tan baja?", dijo Spadoni. "Algo que suele pasarse por alto es que, para los militares cubanos, se trata más de inversiones inmobiliarias que de turismo".
Es probable que los funcionarios militares estén adoptando una "visión a largo plazo" al querer controlar propiedades valiosas en caso de que el gobierno comunista transite a la democracia, dijo.
Algunos de los nuevos hoteles de lujo, como la emblemática Torre K de La Habana, están prácticamente vacíos.
En los últimos 15 años, el gobierno cubano invirtió alrededor de 24.000 millones de dólares en hoteles, dijo Emilio Morales, ex funcionario de mercadeo de Cimex, el conglomerado minorista cubano, residente en Miami, quien ahora estudia la industria turística de Cuba y critica duramente a su gobierno.
"Eran muchos hoteles y en dos o tres años y medio todo se apagó o se fue deteriorando", dijo Morales. "Ellos no invirtieron en los otros sectores que le dan soporte al turismo, como por ejemplo la propia matriz energética. Está colapsada".
El gobierno cubano no respondió a las solicitudes de comentarios.
En declaraciones públicas, funcionarios cubanos han denunciado al gobierno de Trump por intentar empujar el país hacia el colapso.
"¿Qué significa no permitir que llegue una gota de combustible a un país?", dijo recientemente el presidente Miguel Díaz-Canel. "Es afectar la transportación de alimentos, la producción de alimentos, el transporte público, el funcionamiento de los hospitales, de las instituciones de todo tipo, la escuela, la producción de la economía, el turismo".
Y añadió: "La rendición no es la opción de Cuba".
El gobierno cubano cerró abruptamente el mes pasado más de una decena de hoteles y trasladó a sus huéspedes para concentrar a los turistas y ahorrar energía.
Algunas compañías aéreas han continuado sus vuelos, añadiendo escalas en la República Dominicana para repostar combustible, mientras que algunos países están desaconsejando visitar Cuba.
Air Canada dijo que decidió suspender los vuelos porque las escalas adicionales para cargar combustible alterarían los horarios.
"En términos más generales, los continuos problemas de suministro de combustible en Cuba, combinados con la inestabilidad de la red eléctrica, tienen implicaciones mayores para los clientes", dijo Christophe Hennebelle, portavoz de Air Canada, que tenía 3000 clientes en Cuba con paquetes vacacionales.
Las necesidades básicas, como los alimentos y la atención médica, empezaban a escasear, agregó. "No queremos poner en riesgo la salud, la seguridad ni el bienestar de nuestros pasajeros".
Lorne Berkun, un hombre de 80 años residente en Vancouver, Columbia Británica, que organiza viajes cafeteros a Cuba, dijo que este año había recibido solo una consulta de un cliente potencial, en comparación con las al menos 15 que habría esperado a estas alturas.
"No hay manera de que lleve a alguien ahora", dijo.
Lucy Davies, una operadora turística británica especializada en viajes en bicicleta, dijo que una vez que países como Canadá y el Reino Unido incrementaron sus advertencias de viaje, su negocio quedó prácticamente terminado.
"El resto de nuestros clientes canceló porque, cuando un gobierno desaconseja todos los viajes salvo los esenciales a un destino, los seguros de viaje dejan de cubrir a los viajeros a ese destino", dijo. "Esperamos de verdad que Cuba y Estados Unidos puedan encontrar pronto una solución, y antes de que el país caiga en un colapso total".
Drew Garneau, de 42 años, que trabaja en una concesionaria de automóviles en Nueva Escocia, había planeado visitar Cayo Cruz, isla situada frente a la costa de Cuba, del 4 al 18 de febrero.
Cinco días después de iniciado el viaje, Garneau acababa de dejar el micrófono tras interpretar un éxito de Bon Jovi durante la noche de karaoke en su hotel, cuando un portero se le acercó en el vestíbulo.
"Me llevó aparte y me dijo: 'Oigan, ustedes dos tienen que hacer las maletas. Se van a las 6 de la mañana", dijo Garneau.
Las compañías aéreas, supo entonces, estaban llevando a los turistas de regreso a casa.
"Nunca antes me habían echado de un país", dijo.
Hannah Berkeley Cohen colaboró con reportería desde Curazao.
Frances Robles es una reportera del Times que cubre América Latina y el Caribe. Lleva más de 25 años informando sobre la región.
Vjosa Isai es reportera e investigadora del Times radicada en Toronto, donde cubre noticias de todo Canadá.
Hannah Berkeley Cohen colaboró con reportería desde Curazao.
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