
En "You With the Sad Eyes", la actriz transforma unos cuadernos que planeaba destruir en un relato mordaz y crudo sobre abuso infantil y vivir con enfermedad crónica.
Christina Applegate no iba a reunirse en persona, por muchas veces que le prometiera ser flexible si tenía que cancelar por un brote de su esclerosis múltiple. Era Zoom o nada, lo cual estuvo bien porque Applegate, de 54 años, la estrella ganadora de un Emmy por Matrimonio con hijos y Muertos para mí, entre otras muchas series y películas desde su debut en 1972 en Days of Our Lives, resultó ser una anfitriona virtual impecable.
Antes de empezar a hablar de sus memorias, You With the Sad Eyes, Applegate preparó la escena en su dormitorio de Laurel Canyon, donde se recostó contra un respaldo alto llevaba una camiseta negra, un collar de media luna y un moño flojo.
"Ahora mismo tengo un desastre en la mesita de noche", dijo Applegate. Levantó una botella tamaño familiar de Pepto-Bismol y un cuenco de patatas fritas Lay's sabor barbacoa. Luego sacó un difusor nasal del revoltijo junto a la cama y se metió la herradura de silicona en las fosas nasales para demostrar cómo funciona. Señaló fotos de su padre y tulipanes de su madre y leyó todos sus tatuajes de la cintura para arriba, incluidos el nombre de su hija, el de su gato fallecido y uno en caligrafía negra que decía: "Y así es".
Por último, Applegate presentó a Jake Ryan, su almohadilla térmica (bautizada por el interés romántico de Se busca novio) y un peluche azul de apoyo emocional cuyos brazos se echa sobre los hombros cuando está estresada.
"Tengo miedo", dijo Applegate cuando la conversación pasó a su libro, que Little, Brown publicará el 3 de marzo. "Probablemente voy a llorar".
Applegate desde hace mucho es conocida como una chica graciosa que habla rápido, pero, como indica su título inspirado en Cyndi Lauper, You With the Sad Eyes difícilmente venga acompañado de risas grabadas.
El libro se centra principalmente en las tres primeras décadas de la vida de Applegate e incluye múltiples relatos de abusos que comenzaron cuando tenía 5 años.
Estaba la "cuidadora" del vecindario que obligó a Applegate a practicarle sexo oral ("Aquí es donde la historia se oscurece casi por completo", escribe Applegate). El novio de su madre, que la levantó por el pelo y la arrojó contra una pared. (También facilitó la adicción a las drogas de su madre, escribe). Y, por último, el propio novio de Applegate, que le estrelló la cabeza contra el suelo con tanta fuerza que el peluquero de Matrimonio con hijos tuvo que ingeniárselas para disimular la hinchazón.
Como dijo Applegate: "Iba a trabajar y era gracioso. Pero volvía a casa y no era gracioso".
Más allá de la violencia, que es mucha, el libro es jugoso, sincero y divertido, como la propia Applegate. Ahora, retirada de la actuación, conduce junto a Jamie-Lynn Sigler el pódcast MeSsy, con Jamie-Lynn Sigler, sobre los retos de vivir con esclerosis múltiple.
Esta conversación ha sido editada por razones de extensión, claridad y lenguaje explícito, que Applegate utilizó abundantemente y (hay que decirlo) con maestría.
¿Cómo te sientes hoy?
Me cuesta caminar porque el clima ha estado rarísimo. Estuve vomitando hace un rato. Descubrimos que no puedo comer penne a la vodka. Pero si como papaya con lima y cerezas, no vomito al día siguiente. Si como cualquier otra cosa, soy un desastre. Es todo un tema.
Han pasado cuatro años desde que terminaste la última temporada de Muertos para mí. ¿Por qué decidiste escribir unas memorias?
Trabajé todos los días de mi vida durante 50 años y, de pronto, aquí estaba, como detenida en seco. Un agente me preguntó si quería escribir un libro. Dije: "Supongo que ahora es el momento, porque estoy aburridísima. Se me acabaron los episodios de Real Housewives, así que mejor escribo uno". Dos años y medio después, aquí estamos.
Cuéntame sobre el proceso.
Trabajé con alguien que me grababa hablando durante seis o siete horas al día, todos los días, durante meses y meses y meses. Él lo puso por escrito, a excepción de los [improperio que rima con "ducks"]. Le di mis diarios para que se los llevara a casa. ¿Sabes lo que se siente al decir: "Puedes leer literalmente todo esto"? La mitad del libro está escrito a partir de esos diarios. Así que no son los recuerdos de una mujer de 54 años sobre lo le pasó a los 18; son los recuerdos de una chica de 18 años puestos en la página.
Antes de empezar el libro, ¿con qué frecuencia habías vuelto a leer tus diarios?
Nunca. Estaban en una caja de acero ignífuga y mi asistente, que también es mi mejor amiga, tenía instrucciones de quemarlos cuando yo muriera. Luego mi hija estaba atravesando por una temporada de [rima con "sit"] recientemente, y quise que viera que no estaba sola. Encontré un diario de cuando yo tenía unos 15 años y le dije: "Llévate esto a tu habitación". Ella me dijo: "Ay, mamá, estabas hecha un desastre". Y yo le dije: "Sí, pero estoy aquí para ti. Te entiendo. Soy tú, solo que no tengo la perforación en el tabique".
¿Cuál fue la parte más dura de volver a revivir?
Tener 5 años y que abusaran de mí. Ni siquiera puedo decirlo sin llorar. Quise contar lo que pasó porque sé que mucha gente pasó por cosas así. Estoy aquí para ellos. Escríbanme, hablemos, construyamos comunidad. Porque eso es todo lo que tengo ahora mismo.
Llévame de vuelta a Laurel Canyon en las décadas de los años de 1970 y 1980. ¿Cómo era?
Ese olor de las hojas en el suelo después de una lluvia no se parecía a nada. Llegar a casa y que tu mamá esté sentada ahí, con un fuego en la chimenea e inciensos prendidos. Había niños que corrían cuesta abajo hacia las casas de los demás. Todas eran madres solteras; confiaban en nosotros. Esas son las cosas que me dan tanta belleza, tanto amor.
Pero también era rarísimo, sobre todo cuando llegó la cocaína. Y detrás de nuestra puerta cerrada había algo tan aterrador, con ese hombre y mi mamá. Lo veo con una nitidez absoluta. Puedo oler el whisky en su aliento; puedo ver las pupilas contraídas en sus ojos. El sándwich de atún que sostenía, con el cigarrillo en la boca, mientras cabeceaba.
¿Habías hablado de esto antes?
No, señora. Mi mamá dijo que fue muy difícil de leer. Creo que ella quería olvidarlo, pero ese tipo de cosas no se olvidan, sobre todo si eres un niño y estás mirando. Pero como siempre he dicho, no vamos a hacer esto [hace mímica tocando un violín], porque he vivido una larga vida y sigo aquí.
Después de volver a entrar en ese mundo, ¿qué le dirías a tu yo más joven?
No valía la pena. Pasé tanto tiempo y tanta energía mental rindiéndome a la idea de que el desamor iba a matarme. Y vaya si esa chica no sabía cuánto más le iba a caer encima. Tuve cáncer, tengo esclerosis múltiple. Me dan ganas de abrazarla, pero ella probablemente me pondría un cigarrillo en la cara. Además, ¿idiota? No fumes a los 13 años.
¿Cómo fue tener tu libro en las manos?
Definitivamente, no tuve una sensación de catarsis ni de cierre. No puedes decir que ya está hecho y ahora no pienso más en eso. No necesito cerrar el libro de golpe; es mi vida y forma parte de mi fibra y de mi ser y de mi ADN y de quién soy a nivel celular. Para mí, es más bien esto: pasó, ¿cómo puedo ayudar a los demás?
¿Qué te gustaría que la gente supiera sobre la esclerosis múltiple?
Se siente como empujar una roca cuesta arriba. Mi amiga Cindy y yo queremos escribir un panfleto titulado "EM para idiotas". Vamos a repartirlo para ayudar a la gente a entenderlo: nos está matando lentamente, chicos. Punto, fin de la historia.
Ya sean 20 años, 30 años, nos va quitando funciones. No quiero oír hablar de tus porquerías de tinturas de agua y aceite de soya. No, gracias. Estamos tan cansadas. Estamos cansadas a un nivel que nunca podrías entender. Tú. Nunca. Entenderás. Me despierto y tengo las manos acalambradas. No puedo mover la cabeza, no puedo caminar hasta el baño. Así que no me digas: "Te ves muy bien hoy". No quiero oírlo. Solo ayúdame a levantarme. Eso es todo.
Elisabeth Egan es reportera y editora del Times Book Review. Lleva 30 años trabajando en el mundo editorial.
Últimas Noticias
Los ultrarricos se mudan a Miami
Reportajes Especiales - Business

La falta de combustible acelera el desplome del turismo en Cuba
The New York Times: Edición Español

Así fracasaron las conversaciones entre Anthropic y el Pentágono
Reportajes Especiales - Business

¿Quieres un lindo jardín? Acoge a los pájaros carpinteros
Reportajes Especiales - Lifestyle

Un oficio ancestral en peligro: la cerámica artesanal de Michoacán
Reportajes Especiales - Lifestyle



