Reseña de 'Cumbres borrascosas': Margot Robbie, desatada en los páramos

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La actriz y Jacob Elordi interpretan a los amantes atormentados del clásico de Emily Brontë en esta florida y recargada versión de la directora Emerald Fennell.

Para su nueva y resplandeciente versión de Cumbres borrascosas, la guionista y directora Emerald Fennell empapó la pantalla con una lluvia torrencial, la llenó de pantomimas de pasión y se esforzó por competir con Emily Brontë. ¡Qué error! A lo largo del último siglo, más o menos, la única novela de Brontë ha sido recortada y retocada en variadas adaptaciones --para el cine, la televisión, el teatro, la ópera, el ballet y una canción-- que la han empujado y tirado en diferentes direcciones. La han maquillado, la han vuelto realista y la han leído a través de las lentes del género, la clase y la raza. Sin embargo, al igual que sus amantes violentamente emocionales, Catherine y Heathcliff, el libro se resiste a ser domesticado.

Eso resulta tranquilizador para los admiradores de la novela, aunque debe ser frustrante para quienes tratan de doblegarla a su voluntad, como ha intentado hacer Fennell en su narración floridamente expresionista. Protagonizada por la poco convincente pareja formada por Margot Robbie y Jacob Elordi, esta iteración se toma las libertades habituales, ya que Fennell derrocha color, sube la temperatura, abraza la literalidad, amontona toques surrealistas, despliega anacronismos y se esfuerza por tender un puente entre el pasado y el presente. Al igual que Samuel Goldwyn, quien produjo la suspirante y muy pulida versión de Hollywood de 1939, Fennell (entre cuyas películas se incluye Saltburn) también ha añadido comillas al título, un gesto que subraya su procedencia y anuncia su propia autoría.

Al igual que las adaptaciones cinematográficas más conocidas de la novela, esta "Cumbres borrascosas" solo incorpora la famosa primera mitad del libro. Publicado en 1847 bajo el nombre de Ellis Bell, el libro está dividido en dos volúmenes repletos de dobles significativos. Poco después del comienzo de la historia, el padre de Catherine anuncia que se va a Liverpool. Una niña de 6 años que puede, escribe Brontë, "montar cualquier caballo del establo", le pide que le traiga un látigo; su padre, en cambio, regresa con un enigmático vagabundo, un "niño sucio, harapiento y de pelo negro". Bautizado como Heathcliff, se convierte en el compañero de juegos de Catherine, en su hermano sustituto y su gran amor atormentado, martirizante e inconcluso. Su historia termina trágicamente con una sublimidad desquiciada.

Fennell sigue el arco del primer volumen con algunos cambios instructivos. La película inicia con dos niñas, Catherine (Charlotte Mellington) y Nelly (Vy Nguyen), que presencian un ahorcamiento público. Mientras el moribundo se retuerce, sufre una erección, lo que excita a algunos espectadores (dando lugar a miradas lascivas e incluso a algunos movimientos sexuales) y presenta el enfoque directo de Fennell, incluyendo su tratamiento, poco sutil de manera casi agresiva, de la relación que establece la novela entre el sexo y la muerte. Una vez que llega Heathcliff (Owen Cooper), Nelly queda relegada a un segundo plano mientras él y Catherine desarrollan una conspiración de dos, descontrolada y afín. Pronto, sin embargo, este par indómito y en sincronía es sustituido por la radiante Catherine de Robbie y el profusamente peludo Heathcliff de Elordi, que corren aún más rápido por los páramos hacia su destino.

Al igual que sus atractivos protagonistas, gran parte de lo que sigue engancha ligeramente durante un tiempo. Hay mucho que observar, para empezar, desde el paisaje barrido por el viento hasta la premonitoria y ruinosa mansión, donde vive la familia de Catherine y que da título a la novela. Al igual que el vestuario de la película, el diseño de producción realiza en todo momento una gran labor, y transmite y deja entrever repetidamente las ideas y preocupaciones de Fennell. El lustroso exterior negro de la mansión de las Cumbres, por ejemplo, se asemeja a la enorme pared rocosa que se cierne a su lado como una amenaza y que, en algunos lugares, incluso parece sobresalir a través de sus muros interiores. Es como si la mansión, tallada de esta dura tierra, estuviera condenada, al igual que sus personajes, a ser engullida por ella.

Fennell se ha deshecho de algunos de los elementos familiares de la novela, incluido su marco. En el libro, la historia surge poco a poco a través de un puñado de personajes, incluida una criada, quien no es necesariamente una narradora fiable. Aunque Fennell conserva el nombre de esa sirvienta, Nelly (interpretada de adulta por Hong Chau), es la compañera estudiosa y malhumorada de Catherine; en su mayor parte, no es más que otro accesorio. Fennell también elimina al hermano de Catherine, a quien Heathcliff básicamente suplanta en la novela, lo que contribuye a avivar la sugerencia de incesto entre hermanos. Aquí, sin embargo, es su padre, Earnshaw (Martin Clunes), quien se cierne primero como emblema de la autoridad patriarcal y luego de la disipación impotente, un cambio que atenúa el tema del incesto.

Robbie y Elordi mantienen la atención lo suficientemente bien, aunque son más persuasivos por separado que cuando están juntos. Si duda, Fennell los pone a prueba, dándoles un entrenamiento digno de un largometraje; corren y compiten, se agitan y se estresan. En consonancia con su enfoque estilizado, a veces los coloca en poses icónicas --Heathcliff, a caballo, observa con el ceño fruncido, contrastado con un cielo que arde furiosamente-- como para enfatizar el clasicismo de la historia. Como en otras versiones, también hace explícito el amor de Catherine y Heathcliff, aunque de forma más abierta, convirtiendo los pasajes más acalorados de Brontë en algunos forcejeos poco sensuales. Fennell se ha sentido notoriamente atraída por la idea de Heathcliff como un látigo, que hace chasquear con un efecto cada vez menor.

Cada iteración de la novela de Brontë habla de la época en que se hizo, por supuesto (intencionadamente o no). Ver una película titulada "Cumbres borrascosas" ciertamente crea expectativas, pero estas pueden satisfacerse, subvertirse o ignorarse de forma placentera, y lo que aparece en la pantalla es finalmente lo primordial. Un problema con la visión de Fennell, sin embargo, es que quiere concentrarse en los amantes mientras dice mucho sobre muchas cosas. Ella lanza ideas sobre las mujeres, los hombres, el sexo, la libertad y la dominación, incluso mientras elude la cuestión de la raza de Heathcliff, e intenta transmitir visualmente el poder de la escritura de Brontë. Algo de esto es banal. Tal es el caso cuando, tras algunos tortuosos giros narrativos, Catherine se casa con su adinerado vecino, Edgar Linton (Shazad Latif), y su nueva y asfixiante vida queda simbolizada por una réplica en miniatura de su hogar conyugal.

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El nuevo hogar de Catherine resulta ser la casa de ensueño de la Barbie del siglo XIX, a la manera de Wes Anderson con una pizca de Tim Burton. Está repleta de florituras exteriormente juguetonas, a veces deliberadamente excéntricas, como el reluciente suelo rojo sangre de la biblioteca, un espacio extrañamente vasto, relativamente libre de libros, anclado por una enorme chimenea cubierta de lo que parecen moldes de yeso de cientos de manos humanas. Hay más --mucho más--, incluyendo a su risueña cuñada, Isabella (Alison Oliver), un letrero humano de "patéame", y las suaves paredes de color beige claro del dormitorio de Catherine, que han sido diseñadas para parecerse a su piel, con venas jaspeadas y todo. ¿Por qué? ¿Por qué no? Cada habitación ofrece más detalles suntuosos y esforzadamente ingeniosos que se explayan sobre los mismos temas sin profundizarlos. Es como comer golosinas a la fuerza.

Cada lectora hace suya Cumbres borrascosas, y lo mismo ocurre con Fennell. Conforme avanza la película --especialmente después de que Catherine y Heathcliff toman temporalmente caminos separados-- los adornos de Fennell se hacen más exagerados y distraen, y su control sobre la historia se vuelve cada vez más tenue. Cuando Heathcliff regresa por fin de sus andanzas, su imagen se ha limpiado inconmensurablemente. Se ha afeitado las mejillas y usa un arete de oro que entreluce bajo su pelo en capas. Parece la viva imagen del guapo y melancólico protagonista romántico. Es un estereotipo anticuado y, finalmente, también lo es Catherine. Es posible que eches de menos la extraña visión de Brontë ---así como el salvajismo de la mujer que ama a Heathcliff, que insiste en que ella es Heathcliff--, pero todos ellos siguen muy vivos en la página.

"Cumbres borrascosas"

Clasificada R por violencia, sexo violento y muerte. Duración de 2 horas y 16 minutos. En cines.