
Los entresijos de la legislación sobre propiedad intelectual han sido el tema de conversación entre los protagonistas del patinaje artístico en Milán.
La pareja canadiense de danza sobre hielo entusiasmó al público desde el momento en que los primeros compases de música pop de los 90 empezaron a sonar por los altavoces. Conseguir que los espectadores se emocionaran con la elección de la canción adecuada fue una parte importante de su planificación, dijo Zachary Lagha, quien, con su pareja, Marjorie Lajoie, disfrutó de una de las mayores reacciones de los aficionados de la noche.
Lo que la mayoría de los asistentes del lunes a la Arena de Patinaje sobre Hielo de Milán no sabían era que los ritmos enérgicos que disfrutaron eran el resultado de un cambio repentino que el dúo se vio obligado a hacer en la rutina que originalmente habían practicado para los Juegos Olímpicos de Invierno de este mes en Italia.
Apenas unas semanas antes, Lagha y Lajoie se enteraron de que corrían el riesgo de infringir la ley de derechos de autor por utilizar una composición musical con éxitos de los rockeros australianos AC/DC, cuyo uso no les había sido autorizado. Así que cambiaron de rumbo.
Los entresijos de la legislación sobre propiedad intelectual han sido el tema de conversación de la competición de patinaje artístico de Milán, como en ningunos Juegos anteriores. Varios atletas se han visto envueltos en controversias sobre derechos de autor antes y ahora durante una de las competiciones más importantes de sus carreras, lo que ilustra el complejo proceso, propenso a errores, que deben seguir los patinadores para obtener permiso para utilizar la música de otros en sus rutinas.
Atletas, entrenadores y expertos dicen que los derechos de retransmisión internacional, las redes sociales y las nuevas herramientas de seguimiento de la música están prestando más atención a las actuaciones de patinaje en grandes competiciones como los Juegos Olímpicos, lo que atrae la atención de los propietarios de los derechos de autor.
Basta con preguntarle a Amber Glenn, la patinadora artística estadounidense que inesperadamente se encontró en el centro de una disputa en internet sobre licencias musicales el domingo por la noche, solo unas horas después de haber ayudado a Estados Unidos a ganar la competición por equipos.
Un músico canadiense, Seb McKinnon, publicó en las redes sociales que Glenn había utilizado su canción "The Return" en su rutina "sin permiso".
"¿Es una práctica habitual en los Juegos Olímpicos?", escribió.
La polémica se zanjó pronto, y tanto McKinnon como Glenn publicaron el martes que habían arreglado las cosas.
"La cuestión de los derechos musicales puede ser compleja y confusa, parece que hubo un contratiempo en todo el proceso", escribió Glenn en un comunicado, aunque no explicó cómo habían resuelto la disputa. "Me alegro de haber aclarado las cosas con Seb y espero colaborar con él".
Al día siguiente de ganar el oro, Danny O'Shea, compañero de Glenn en el equipo estadounidense, dijo que él y su compañera de patinaje por parejas, Ellie Kam, habían obtenido los derechos de licencia de sus canciones de competición --"Everybody Wants to Rule the World" de Tears for Fears; "Sweet Dreams (Are Made of This)" de los Eurythmics; y "Eleanor Rigby" de los Beatles-- mucho antes de los Juegos.
"Nuestro coreógrafo nos dijo, a menos que vengan con la licencia para eso, no pueden utilizarlo. Y tenemos que hacerlo nosotros mismos", dijo O'Shea.
Pueden considerarse afortunados al tener en cuenta lo que le ocurrió al patinador artístico ruso Petr Gumennik, cuyos planes musicales se vieron truncados por el mismo motivo apenas dos días antes de la competición. Gumennik, que actuaba como atleta neutral en Milán porque Rusia sigue teniendo prohibida la competición olímpica, descubrió que no tenía permiso para utilizar la música de la película de 2006 El perfume: la historia de un asesino, por lo que tuvo que cambiar a una pieza de música clásica.
Durante años, en la mayoría de las competiciones olímpicas de patinaje artístico solo se permitía la música instrumental, a excepción de la danza sobre hielo, que desde hace tiempo permite la música con letra. Esa norma se cambió tras los Juegos Olímpicos de Invierno de 2014, en parte para permitir que más patinadores incorporaran canciones que pudieran hacer este deporte más atractivo para el público.
Una primera señal de problemas se produjo tras los Juegos de Pekín 2022, cuando un dúo musical demandó a una pareja de patinadores estadounidenses, Alexa Knierim y Brandon Frazier, junto con NBCUniversal, que retransmitía la competición en Estados Unidos, y acusó a la pareja de haber utilizado su música sin permiso. El caso se resolvió unos meses después.
En vísperas de los Juegos de Milán-Cortina, el organismo rector de este deporte, la Unión Internacional de Patinaje, escribió a las federaciones nacionales de patinaje y celebró reuniones con los entrenadores para insistir en la importancia de tener la documentación correcta. Las federaciones nacionales han tratado de orientar a los atletas, e incluso los han dirigido a bases de datos de búsqueda de licencias musicales. Pero obtener licencias no siempre es fácil.
Chantal Epp, fundadora de ClicknClear, una empresa con sede en el Reino Unido que ayuda a asesorar a patinadores y otras personas sobre los derechos de licencia musical, dijo que algunas canciones pueden requerir el permiso de varias personas.
El jueves, la empresa de Epp anunció un acuerdo con Universal Music Group que permite a los deportistas acceder a la mayor parte del gigantesco catálogo de Universal.
Para los atletas, la espera del permiso para utilizar música puede ser casi tan angustiosa como esperar las puntuaciones de un juez.
Olivia Smart y su pareja de danza sobre hielo, Tim Dieck, quienes compiten por España, viajaron a Italia sin saber si la autorización para la canción que habían elegido --de la banda sonora de la reciente película Duna-- llegaría a tiempo, aunque la habían solicitado meses antes.
"Tim dijo: 'Quizá le mande un mensaje yo mismo a Hans Zimmer'", comentó Smart, en referencia al compositor de la banda sonora de la película. El permiso llegó justo antes del concurso.
Luego está la cuestión del costo. La mayoría de los patinadores artísticos son aficionados y no pueden pagar los derechos de autor de la música que eligen. Pero algunos sí pueden, y eso puede crear un desequilibrio competitivo.
El Comité Olímpico Internacional (COI), que genera miles de millones de dólares por los derechos de televisión de los Juegos, no contribuye al costo de la música que los patinadores utilizan en competición. "Entendemos que el terreno de juego no está totalmente nivelado", dijo Mark Adams, portavoz del COI.
Pascal Denis, canadiense que entrena a varios patinadores en los Juegos, dijo que los costos asociados al uso de una pieza musical pueden oscilar entre unos pocos dólares y varios miles al año. Eso es sencillamente demasiado caro para algunos competidores, dijo, y añadió que algunas parejas de danza sobre hielo "ya han tenido que cambiar de música dos o tres veces esta temporada".
Un patinador artístico español, Tomàs-Llorenç Guarino Sabaté, se convirtió en una causa célebre en vísperas de los Juegos después de utilizar las redes sociales en un intento de persuadir a los titulares de los derechos para que le dejaran utilizar música de la franquicia animada Minions en los Juegos Olímpicos.
Recurrir a las redes sociales fue un esfuerzo desesperado, dijo Epp, quien afirmó que llevaba meses trabajando con Sabaté para conseguir la autorización correcta. La autorización llegó días antes de su actuación, "probablemente porque saltó a los medios de comunicación", dijo.
El entrenador de Sabaté, Edoardo De Bernardis, dijo que si no hubiera llegado el permiso, se habría quedado sin rutina.
"Imagínate que llevas meses trabajando con esa coreografía y esa rutina, todos los días, y cuando por fin puedes ir a esta competición, que es uno de los mayores sueños de los atletas, ya no puedes hacerla", dijo. "No teníamos ninguna otra música que ya estuviera comprada, y no teníamos un programa, así que no sabíamos qué hacer".
Pero el permiso venía con una condición, dijo De Bernardis: solo puede utilizarse durante los Juegos Olímpicos. Después de eso, Sabaté probablemente tendrá que encontrar nueva música, y una nueva rutina.
Tariq Panja es corresponsal deportivo mundial y se centra en historias en las que el dinero, la geopolítica y el crimen se cruzan con el mundo del deporte.
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