En Múnich, los líderes europeos se preguntan si podrán volver a confiar en EE. UU.

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Funcionarios se reúnen el viernes para la mayor cumbre anual de seguridad de Europa, donde el discurso del vicepresidente JD Vance el año pasado inició una perturbación en las relaciones transatlánticas.

Cuando el vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, dijo en la Conferencia de Seguridad de Múnich el año pasado que los aliados europeos de su país se estaban destruyendo a sí mismos con la migración y excluyendo injustamente del poder a la extrema derecha, fue una conmoción para la alianza transatlántica.

Eso fue solo el inicio.

En el año siguiente, el presidente Donald Trump impuso aranceles a los productos europeos. Presionó para poner fin a la guerra en Ucrania en términos muy favorables al presidente de Rusia, Vladimir Putin, y amenazó con arrebatar Groenlandia a Dinamarca por cualquier medio posible. Se burló de los líderes europeos en un discurso intimidatorio en Suiza, en el que dijo que Europa no sería nada sin Estados Unidos.

Ha sido una desintegración vertiginosa de la amistad que unió al mundo occidental por tres cuartos de siglo, desde la Segunda Guerra Mundial. Esto ha hecho que los líderes europeos se muestren más recelosos --y en algunos casos, más desafiantes-- hacia Estados Unidos, mientras se preparan para reunirse de nuevo en Múnich, a partir del viernes, en la mayor reunión anual de políticos y funcionarios de seguridad de Europa.

Diplomáticos y jefes de Estado de todo el continente afirman que ya no esperan que las relaciones con Estados Unidos vuelvan a la normalidad antes de Trump, ni siquiera después de que este abandone el poder. Han acelerado los esfuerzos para reducir su dependencia militar y económica de Estados Unidos, aunque sigan cortejando al presidente con halagos en un esfuerzo por mantener su influencia con él en Ucrania y en otras cuestiones globales.

"Las relaciones transatlánticas han cambiado, y nadie en esta sala lo dice con más pesar que yo", dijo la semana pasada el canciller de Alemania, Friedrich Merz, quien inaugurará la conferencia de Múnich con un discurso. "Pero la nostalgia y el recuerdo de tiempos pasados mejores no nos ayudarán".

La pregunta que se plantean muchos europeos es si podrán volver a confiar realmente en Estados Unidos, y qué deben hacer si no pueden hacerlo.

"Por supuesto, hemos sufrido una seria pérdida de confianza, no cabe duda", dijo en una entrevista Wolfgang Ischinger, presidente de la conferencia de seguridad. "Por supuesto, la confianza puede reconstruirse. Pero todos sabemos que perder la confianza es más fácil que reconstruirla".

En un informe previo a la reunión, el personal de la conferencia de seguridad calificó a Trump de "bola de demolición" y uno de los "hombres demoledores" que destruyen las normas e instituciones del orden internacional. El mes pasado, la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, se preguntó cuánto tiempo Estados Unidos seguiría siendo un aliado europeo.

Los funcionarios del gobierno estadounidense no lo ven así. Afirman que Trump está presionando a Europa para que sea un socio más fuerte y autosuficiente, tras décadas de depender de las fuerzas estadounidenses y de las armas nucleares para garantizar su seguridad nacional.

Matthew Whitaker, embajador estadounidense ante la OTAN, sugirió en Berlín esta semana que el gobierno consideraba a Europa como un niño que había crecido y necesitaba encontrar un trabajo.

"No pedimos la autonomía europea", dijo. "Pedimos fuerza europea".

Sin embargo, los europeos hablan de Trump en términos más resignados y más urgentes que hace un año.

En ese momento, cuando Vance dejó atónita a la multitud en Múnich, que esperaba oír hablar del plan de Trump para poner fin con rapidez a la guerra en Ucrania, los líderes europeos intentaron rebatir. "¡Esto es inaceptable!", gritó Boris Pistorius, ministro de Defensa alemán, desde el público mientras Vance hablaba. Más tarde, señaló al vicepresidente desde el escenario de Múnich.

"Si le he entendido bien, está comparando las condiciones de algunas partes de Europa con las de regímenes autoritarios", dijo Pistorius. "Esta no es la Europa ni la democracia en la que vivo".

Semanas después, los europeos vieron cómo Trump y Vance reprendían al presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, en el Despacho Oval. En diciembre, leyeron la Estrategia de Seguridad Nacional actualizada de la Casa Blanca, que advertía que Europa se enfrentaba a una "perspectiva de que su civilización sea borrada", replicando el lenguaje de los partidos políticos europeos de extrema derecha.

Nathalie Tocci, directora del Istituto Affari Internazionali, un grupo de investigación en Roma, dijo que esos acontecimientos y el discurso de Vance en Múnich fueron clarificadores.

"Esos tres momentos indicaron que no estamos en un escenario de desencuentro, desvinculación, distanciamiento o incluso abandono", dijo, "sino que estamos realmente en un escenario de traición".

Los europeos han cuestionado la estrategia de Trump de fustigar a Europa cuando Estados Unidos necesita su apoyo para competir contra Rusia y China. Jan Techau, exfuncionario de Defensa alemán y analista del Grupo Eurasia, dijo: "Es un absoluto disparate tirar por la borda un imperio y a tus mejores aliados, alienarlos en un momento en que los necesitas".

A menudo, los líderes europeos han intentado apaciguar a Trump al apelar a su ego y al darle pequeñas victorias.

Se comprometieron a aumentar el gasto militar en la OTAN, uno de los objetivos de Trump desde hace tiempo. Afirmaron que Trump era el único líder del mundo que podía negociar la paz en Ucrania, en un esfuerzo por apartarlo de la influencia de Putin.

Llegaron a un acuerdo comercial apresurado para limitar los daños de los aranceles amenazados por Trump. El mes pasado, prometieron reforzar la defensa del Ártico por parte de la OTAN en un aparente acuerdo informal para detener los intentos de Trump de arrebatar Groenlandia a Dinamarca, aliada de la OTAN.

La crisis sobre Groenlandia parece haber llevado a Europa a la fase de aceptación de su duelo, comprendiendo que la confianza y dependencia usuales de Estados Unidos ya no eran posibles o ni siquiera estratégicamente sensatas, dijo Ivo Daalder, exembajador de Estados Unidos ante la OTAN.

"Europa no puede confiar en Estados Unidos hoy y no podrá confiar en Estados Unidos mañana, a menos que y hasta que Estados Unidos adopte un comportamiento destinado a recuperar esa confianza", dijo Daalder. "Y es posible, si no probable, que Europa no vuelva a confiar en nosotros. La naturaleza de la relación entre Estados Unidos y Europa nunca volverá a ser la que era".

El público europeo parece pensar de manera similar.

La encuesta Cluster17 más reciente, realizada en enero a 7498 personas de siete países europeos para la revista francesa Le Grand Continent, fue sorprendente. Una enorme mayoría respaldaba el envío de soldados europeos para defender Groenlandia, si se intensificaban las tensiones allí. El 51 por ciento dijo que Trump era un enemigo de Europa; solo el 8 por ciento lo calificó de amigo.

La mayoría de los líderes europeos siguen pensando que es necesario preservar la alianza transatlántica. Funcionarios alemanes sugirieron esta semana que Merz usaría su discurso en Múnich para elaborar una nueva visión del papel de Europa en la alianza, basada en un mayor gasto militar, un crecimiento económico más fuerte y la profundización de los lazos con otros socios, como India, África y los países de Medio Oriente.

Ischinger, presidente de la conferencia en Múnich, dijo que esperaba que esta iniciara dos procesos: reparar la relación entre Estados Unidos y Europa e impulsar a Europa a actuar concretamente para reducir su dependencia de Estados Unidos.

El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, el funcionario de Estados Unidos de más alto rango que asistirá a la conferencia, tiene previsto hablar el sábado por la mañana. Esta semana, los funcionarios europeos no sabían con certeza qué dirá. No estaba claro si Rubio tenía previsto reunirse en la conferencia con representantes del partido de extrema derecha Alternativa para Alemania, AfD, a quienes se invitó tras haber sido excluidos de conferencias recientes.

Varios funcionarios europeos dijeron en privado que no esperaban una confrontación de Rubio, quien es más conciliatorio, como la de Vance el año pasado. Pero estos días no podían descartarlo.

Rubio tiene previsto viajar desde Múnich a Hungría y Eslovaquia, dos países dirigidos por partidos populistas muy críticos con la Unión Europea y cercanos a Rusia.

Steven Erlanger es el corresponsal diplomático jefe en Europa y trabaja desde Berlín. Ha informado desde más de 120 países, entre ellos Tailandia, Francia, Israel, Alemania y la antigua Unión Soviética.

Jim Tankersley es el jefe de la oficina de Berlín del Times, y dirige la cobertura de Alemania, Austria y Suiza.