En la propuesta de estatutos de la "Junta de Paz" que Estados Unidos envió a las capitales nacionales en las últimas semanas, un solo hombre tiene poder para vetar decisiones, aprobar el programa, invitar a miembros, disolver la junta por completo y designar a su propio sucesor.
Su nombre aparece escrito en el Artículo 3.2: "Donald J Trump será el presidente inaugural".
"Con Trump, habrá paz", escribió el domingo en Facebook el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, uno de los aliados más cercanos del presidente Donald Trump en Europa, después de que este lo invitara a formar parte de la junta. "Por supuesto, hemos aceptado esta honorable invitación".
Arabia Saudita, Egipto, Israel, Bielorrusia, Pakistán y varios países más también dijeron que se unirían, antes de la ceremonia de firma del jueves en Suiza.
Pero muchos funcionarios y expertos en asuntos internacionales quedaron atónitos ante la amplitud de la iniciativa, el más reciente ejemplo de cómo Trump está desmontando el sistema internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial, construido por Estados Unidos, y creando uno nuevo, con él mismo en el centro.
"Se trata de un ataque directo a las Naciones Unidas", dijo Marc Weller, profesor de derecho internacional en Cambridge, especialista en negociaciones de paz que ha colaborado estrechamente con el organismo mundial. "Es probable que esta iniciativa se interprete como una toma de control del orden mundial por parte de un individuo a su propia imagen y semejanza".
El propio Consejo de Seguridad de la ONU respaldó en noviembre la creación de una Junta de Paz en una resolución en la que acogía favorablemente el plan de paz mediado por Estados Unidos para poner fin a la guerra de Israel en Gaza. Según dicha resolución, la junta debe funcionar como un "gobierno de transición" hasta 2027 para supervisar la reconstrucción de Gaza.
Pero al presentar la Junta de Paz la semana pasada, el gobierno de Trump ha considerado que Gaza es solo una parte de lo que haría la nueva institución. Aunque sus competencias no están definidas, su misión se solaparía con el objetivo de las Naciones Unidas de mantener la paz y la seguridad internacionales.
"Trump ha demostrado ser un líder bastante capaz y agresivo", dijo Fred Fleitz, jefe de gabinete del Consejo de Seguridad Nacional durante parte del primer mandato de Trump. "Esto es aprovechar eso".
El estatuto propuesto, visto por The New York Times, dice que la junta trataría de "garantizar una paz duradera en las zonas afectadas o amenazadas por conflictos".
Steve Witkoff, enviado de paz de Trump, quien fue nombrado miembro de la "junta ejecutiva" del grupo, dijo a la CNBC que más de 20 países ya habían acordado unirse y que la Junta de Paz sería "un gran grupo de líderes que se unen" con el fin de "compartir opiniones para lograr la paz". Enumeró a Rusia, Ucrania, Irán, Sudán y Siria entre los lugares que necesitan "tender puentes".
"Ojalá las Naciones Unidas pudieran hacer más", dijo Trump el martes. "Ojalá no necesitáramos una Junta de Paz".
Cuando se le preguntó si quería que la junta sustituyera a las Naciones Unidas, Trump dijo que "podría". Y añadió: "Creo que hay que dejar que la ONU continúe porque el potencial es muy grande".
La propia ONU ha intentado restar importancia a las posibles tensiones. Un portavoz, Farhan Haq, dijo a los periodistas que la ONU "ha coexistido junto a cualquier número de organizaciones".
Pero la ambigüedad de los mensajes del gobierno de Trump sobre la Junta de Paz han contribuido a la confusión que ha caracterizado este extraordinario mes de enero en la política exterior estadounidense. La incursión de Estados Unidos en Venezuela, las amenazas de ataques a Irán y las exigencias de Trump de apoderarse de Groenlandia han transmitido el mensaje de que Estados Unidos pretende ejercer su poder mundial de un nuevo modo unilateral.
La Junta de Paz, con su extensa misión y con Trump como presidente a largo plazo, parecía un intento de construir una institución para codificar el dominio estadounidense que el presidente tiene en mente. Noruega, Suecia y Francia ya han dicho que no tienen intención de unirse. El ministro de Asuntos Exteriores francés, Jean-Noël Barrot, dijo que su país diría "no a la creación de una organización, tal como se ha presentado, que sustituiría a las Naciones Unidas", según The Associated Press.
"Se ha roto el vínculo de confianza" entre Estados Unidos y sus aliados, dijo R. Nicholas Burns, exembajador estadounidense ante la OTAN, China y otros países. "La extralimitación del gobierno respecto a Groenlandia y el error de cálculo que han cometido realmente ha provocado una opinión diferente de Europa y Canadá".
Hace dos semanas, Trump se retiró de 66 organizaciones internacionales que su gobierno consideraba "despilfarradoras, ineficaces y perjudiciales". Ha sugerido que su junta podría llenar parte de ese vacío, al ofrecer al mundo una marca más asertiva de compromiso estadounidense, personificada por Trump.
La Junta de Paz "se establecerá como una nueva organización internacional", escribió Trump en su carta a Orbán, que el primer ministro húngaro publicó en internet. Los estatutos de la organización dicen en su primera línea que la "paz duradera" requiere "el valor de apartarse de enfoques e instituciones que han fracasado con demasiada frecuencia".
Fleitz, quien ahora trabaja en el America First Policy Institute, un laboratorio de ideas conservador cercano al gobierno, dijo que la decisión de incluir a Rusia y China entre los miembros invitados reflejaba el carácter "amplio" que se pretende dar a la junta.
"Quieren reducir la posibilidad de que varios países intenten sabotearla", dijo.
Rusia y China tienen derecho de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, por lo que probablemente mirarían con recelo cualquier debilitamiento del organismo. Pero ambos también han intentado ganarse el favor de Trump.
China ha dicho que fue invitada, pero no si aceptaría. El presidente de Rusia, Vladimir Putin, tampoco ha aceptado la invitación y alegó que su Ministerio de Asuntos Exteriores tenía que analizar el asunto. Pero en un ejemplo de cómo los países pueden tratar de utilizar las ambiciones de Trump para promover sus propios intereses, Putin añadió que Rusia estaba dispuesta a aportar 1000 millones de dólares a la junta, siempre que el dinero procediera de los activos rusos congelados en Occidente después de que Putin invadiera Ucrania.
El proyecto de estatutos de la junta estipula la cuota de 1000 millones de dólares para los países que deseen permanecer en ella más de tres años. Un funcionario estadounidense dijo el martes que la junta "aplicará los más estrictos controles financieros y mecanismos de supervisión" para el dinero que recaude, y que "los fondos se depositarán solo en cuentas aprobadas en bancos acreditados".
El funcionario estadounidense confirmó que Trump podría desempeñar un papel central en la junta incluso después de dejar la presidencia. Trump puede ocupar la presidencia de la junta "hasta que renuncie a ella", dijo el funcionario. "Sin embargo, un futuro presidente estadounidense puede optar por nombrar o designar al representante de Estados Unidos en la junta".
Weller, especialista en negociaciones de paz, argumentó que las contribuciones previstas de 1000 millones de dólares podrían mermar aún más la financiación de la ONU, a cuyas agencias Estados Unidos dijo en diciembre que tenían que "adaptarse, reducirse o morir".
Y dijo que el papel personal central previsto para Trump no se parecía a ningún otro acuerdo que hubiera visto en su experiencia en asuntos internacionales. Dijo que era poco probable que representara una vía sostenible hacia la paz mundial.
"La paz en el mundo requiere un amplio consenso internacional", dijo Weller. "Eso difícilmente puede crearse mediante una nueva institución que dependa por completo de la voluntad de un hombre".
Isabel Kershner, Aaron Boxerman, Michael Crowley y Zolan Kanno-Youngs colaboraron con reportería.
Anton Troianovski escribe para el Times sobre política exterior y seguridad nacional estadounidense desde Washington. Anteriormente fue corresponsal extranjero con sede en Moscú y Berlín.
Isabel Kershner, Aaron Boxerman, Michael Crowley y Zolan Kanno-Youngs colaboraron con reportería.
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