
Las políticas del presidente Trump, advierten los economistas, acabarán debilitando a Estados Unidos.
A pesar de todo el caos que ha habido por el camino, el primer año del regreso del presidente Donald Trump a la Casa Blanca está terminando con una economía que, según la mayoría de las medidas convencionales, se parece mucho a la que heredó. El desempleo es bajo, el gasto de los consumidores es fuerte y la inflación es persistentemente alta, pero mejora de manera gradual.
Los aranceles, la política económica emblemática de Trump, no han desencadenado el renacimiento manufacturero que prometió, pero tampoco han provocado el repunte de la inflación que muchos pronosticadores temían. El mercado bursátil se tambaleó y alcanzó una ganancia sólida, aunque no espectacular, del 16 por ciento. Los analistas que empezaron el año 2025 con la advertencia de los peligros de la incertidumbre, lo terminaron destacando la sorprendente resistencia de la economía estadounidense.
Sin embargo, sería un error pensar que las medidas de Trump han dejado indemne a la economía.
Mucho más que en sus primeros cuatro años en el cargo, Trump inició su segundo mandato con lo que equivale a un asalto sin cuartel a muchas de las instituciones y paradigmas políticos que los líderes de los dos principales partidos políticos consideran desde hace tiempo los cimientos de la fortaleza económica estadounidense.
Ha intentado socavar la independencia de la Reserva Federal, ha despedido al director de la Oficina de Estadísticas Laborales, una agencia que recopila datos económicos clave, y ha recortado la financiación de las universidades que llevan a cabo gran parte de la investigación científica de vanguardia del país. Ha intervenido en tratos comerciales privados, ha tomado participaciones en empresas privadas y ha amenazado a ejecutivos de empresas que no adoptan adecuadamente sus prioridades de políticas. Ha restringido drásticamente la migración, ha cuestionado el valor de las alianzas de Estados Unidos y ha impuesto aranceles punitivos tanto a amigos como a adversarios.
Muchas de esas medidas son impugnadas ante los tribunales, y futuros presidentes podrían dar marcha atrás al menos a algunas de las políticas del gobierno actual. Pero economistas de todo el espectro ideológico advierten que Trump está poniendo al país en una senda que, a largo plazo, dejará la economía menos dinámica, el sistema financiero menos estable y a los estadounidenses menos prósperos en las próximas décadas.
"Estamos debilitando la salsa especial que hizo tan grande a Estados Unidos", dijo Kimberly Clausing, economista de la Facultad de Derecho de la Universidad de California en Los Ángeles.
Clausing trabajó en el Departamento del Tesoro durante el gobierno de Joe Biden. Pero sus preocupaciones son compartidas por muchos economistas de la derecha, incluidos algunos que han trabajado para Trump.
Vance Ginn, quien fue economista jefe de la Oficina de Administración y Presupuesto durante el primer mandato de Trump, elogió los esfuerzos del gobierno por eliminar normativas y reducir los impuestos de empresas. Pero dijo que los beneficios de esas medidas se ven superados por los costos de sus políticas sobre comercio y migración, su incapacidad para frenar el déficit federal y su intervención en el sector privado.
"En términos netos, las políticas han sido negativas para la economía", dijo Ginn.
Sin embargo, lo más probable es que los efectos sean sutiles y se manifiesten como un goteo constante de crecimiento más lento y tipos de interés más altos, difíciles de detectar en el momento. Una crisis más aguda, si es que se produce, podría aparecer años o décadas después, demasiado tarde para que los votantes puedan exigir responsabilidades a Trump o a su gobierno.
"Sabemos por mucha experiencia histórica que el tipo de cosas que está haciendo son antitéticas para la prosperidad a largo plazo", dijo Gregory Mankiw, economista de Harvard que trabajó en la Casa Blanca bajo la presidencia de George W. Bush. Pero, añadió Mankiw, es imposible saber exactamente cuándo o dónde se notarán esas consecuencias.
Votantes ansiosos
A corto plazo, puede que sea más relevante desde el punto de vista político que hasta ahora Trump no haya logrado abordar el descontento económico generalizado que le ayudó a ganar las elecciones de 2024 en primer lugar. Trump se presentó a la presidencia con la promesa de "acabar con la inflación" e incluso de bajar los precios, algo que los economistas en ese momento consideraron una fantasía, pero que conectó con los votantes frustrados por años de incrementos en los costos de las mercancías.
Sin embargo, una vez en el cargo, Trump dijo poco sobre cuestiones relacionadas con el costo de vida, como la vivienda y el cuidado de los niños, y se opuso a ampliar las subvenciones que hacían más asequible el seguro médico para quien contratara cobertura en los mercados federales del cuidado de la salud. En cambio, se enfocó en imponer aranceles, una política que los economistas advirtieron que provocaría un aumento de los precios.
Los ciudadanos compartían esa preocupación por los aranceles. La confianza de los consumidores repuntó cuando Trump ganó las elecciones de 2024, pero se hundió durante los caóticos primeros días de su gobierno. Durante gran parte del año pasado, más de la mitad de las personas que respondieron a la encuesta de opinión de larga duración de la Universidad de Míchigan mencionaron espontáneamente los aranceles, y la mayoría de ellos dijeron que esperaban que los precios subieran como consecuencia de ellos.
Más recientemente, los estadounidenses han mencionado una nueva preocupación: el mercado laboral. El desempleo solo ha aumentado ligeramente en el último año, pero la contratación se ha ralentizado de forma significativa, y los estadounidenses están cada vez más preocupados por su capacidad para encontrar un nuevo empleo si pierden el actual. Esto ha alimentado la preocupación por la asequibilidad, ya que los estadounidenses, todavía frustrados por los altos precios, ahora también se preocupan por perder sus ingresos.
"Ven a los jóvenes de su entorno luchar por encontrar un trabajo", dijo Joanne Hsu, quien dirige la encuesta de Míchigan. "Ven cómo la gente que está desempleada y busca trabajo, cuánto tardan en encontrarlo. Así que, aunque no tengamos despidos masivos, creo que es cierto y sin ambigüedades que ahora es más difícil encontrar trabajo que hace unos años".
Desafíos a largo plazo
Los defensores de Trump argumentan que sus políticas tardarán en dar fruto. Las empresas tendrán que adaptar sus estrategias a un mundo con aranceles más altos y menos trabajadores migrantes, y luego construir las fábricas y comprar el equipo para poner en marcha esos nuevos planes, argumentó Oren Cass, crítico desde hace tiempo del libre comercio que dirige American Compass, un laboratorio de ideas populista.
"Contratar a gente para que trabaje en tu fábrica no es algo que se haga a los seis meses de un reseteo económico mundial", dijo Cass. "Tienes suerte si la empresa ya ha terminado de desarrollar su nueva estrategia, por no hablar de empezar a poner manos a la obra en algo".
Pocos economistas comparten el optimismo de Cass en torno a las políticas comerciales de Trump. Pero aunque los aranceles dominaron la conversación en 2025, muchos economistas afirman que están lejos de ser las políticas más perjudiciales que ha adoptado Trump.
Están mucho más preocupados por los esfuerzos de Trump por socavar la independencia de la Reserva Federal, lo que, de tener éxito, podría dificultar que el banco central frene la inflación o, en un escenario potencialmente aún más perjudicial, podría hacer que los inversores perdieran la fe en el valor de los bonos emitidos por el gobierno o en el dólar.
También les preocupan los crecientes déficits presupuestarios, un problema anterior a Trump, pero que empeoró con la ley de impuestos y gastos que firmó el año pasado. Eso también podría causar una crisis fiscal en el futuro.
Otro punto que les preocupa que, al desfinanciar las universidades y revocar las visas de estudiantes, el gobierno de Trump haga de Estados Unidos un lugar menos atractivo para la investigación científica, lo que puede privar al país de una ventaja que contribuye e impulsa su crecimiento en el mundo desde la Segunda Guerra Mundial.
Y les preocupa que, al utilizar sus poderes para atacar a sus enemigos y recompensar a sus amigos, Trump erosione el sistema de normas y leyes que durante décadas han hecho de Estados Unidos el lugar más seguro para que los inversionistas apuesten su dinero y los empresarios construyan sus negocios.
No es probable que ninguna de estas preocupaciones provoque una recesión en 2026. De hecho, la mayoría de los pronosticadores esperan que el crecimiento repunte este año. Y la economía estadounidense aún tiene una gran cantidad de ventajas --incluida la ausencia de una alternativa internacional obvia-- que no desaparecerán de la noche a la mañana.
Pero Clausing, economista de la UCLA, advirtió contra la suposición de que solo porque las políticas de Trump no hayan perjudicado aún a la economía, nunca lo harán.
"El largo plazo tarda mucho en llegar, y cuando llega lo hace con una rapidez asombrosa", dijo. "No sé cuándo llegarán las consecuencias, pero llegarán".
Ben Casselman es el corresponsal principal sobre economía del Times. Lleva casi 20 años informando sobre economía.
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