Una oportunidad única de ver de cerca (y un poco a nivel personal) a Xi Jinping

El mandatario es uno de los dirigentes chinos más reservados de las últimas décadas, que apenas revela nada sobre su vida personal

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Xi Jinping en su visita a EEUU (Reuters)
Xi Jinping en su visita a EEUU (Reuters)

Como el dirigente chino más poderoso en varias generaciones, el presidente Xi Jinping rara vez se molesta en dar una bienvenida calurosa o tratar de agradar a las multitudes. Sus apariciones públicas en China están diseñadas con mucho cuidado y se colocan a su alrededor sus asesores lisonjeros y sus devotos partidarios.

Así que cuando Xi aterrizó en San Francisco esta semana para reunirse con el presidente Joe Biden e intentar estabilizar una relación con Estados Unidos que ha ido en una espiral descendente, esto nos dio una oportunidad excepcional de ver de cerca al dirigente chino y, a veces, con menos filtros de los habituales.

Hubo algunos momentos en que Xi se animaba —o al menos parecía— como cuando un grupo de residentes de Iowa que había conocido en la década de 1980 llegó a la fila de recepción de una cena de gala en San Francisco el miércoles en la noche. El rostro de Xi se iluminó cuando saludó al hombre que lo había acompañado por la zona rural de Iowa en la época en que Xi era un joven funcionario del partido en la provincia de Hebei y tenía la esperanza de obtener ideas acerca de la tecnología agrícola de Estados Unidos.

Antes de eso, el dirigente chino había comparado con Biden las limusinas presidenciales cuando se reunieron en las actividades complementarias de la cumbre de la Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC, por su sigla en inglés) y le agradeció a Biden que le recordara que su esposa, Peng Liyuan, una famosa cantante soprano de música popular china, cumple años el lunes, al igual que Biden.

Xi comentó que lo había olvidado porque había estado trabajando mucho.

Para nada fue una actuación extraordinaria de un político común y corriente, ni siquiera de dirigentes chinos anteriores, sino que la presentación de Xi en la cumbre de la APEC fue asombrosa en uno de los dirigentes chinos más autónomos en décadas que no revela casi nada acerca de su vida personal, a pesar de los órganos de propaganda que con tanto empeño lo presentan como un hombre del pueblo.

El hermetismo que rodea a Xi no ha hecho más que intensificarse a medida que ha concentrado su poder mediante la encarcelación y jubilación de adversarios políticos y al asumir un mayor control del gobierno civil y del Ejército.

Joe Biden y Xi Jinping (EFE)
Joe Biden y Xi Jinping (EFE)

Tras bambalinas, algunos participantes comentaron que durante cuatro horas de charlas con Biden y con varios de sus asesores económicos y de seguridad nacional, Xi fue cuidadoso y estuvo bajo control como siempre. Nos informaron que habló con fluidez sobre temas que han dividido a Beijing y Washington pero que, cuando el tema pasó a Ucrania o a la agitación de Medio Oriente, consultó sus notas y se apegó al guion.

Nada de lo que atestiguaron los estadounidenses cambió en lo fundamental su idea de Xi: un líder chino que controla sus emociones y tiene un férreo control sobre su país.

No se puso un sombrero de vaquero como lo hizo Deng Xiaoping en Texas en 1979, ni llegó con un osito panda de peluche para un niño de dos años, como lo hizo Jiang Zemin en la misma cumbre de la APEC, realizada en Seattle hacía tres décadas. En esa reunión, Jiang aceptó preguntas muy extensas de los reporteros estadounidenses; Xi no aceptó ninguna y dejó que Biden respondiera las preguntas solo acerca de la reunión cumbre. En vez de hablar en otra aparición programada, Xi presentó un discurso escrito.

Sin embargo, la reunión fue un momento que Xi había preparado durante los últimos cinco meses, después de permanecer casi fuera de la vista de los funcionarios estadounidenses, excepto por su reunión anterior con Biden en Bali el año pasado. El verano pasado, empezó a recibir a algunos funcionarios estadounidenses, comenzando con el secretario de Estado, Antony Blinken.

Invitó al ex secretario de Estado Henry Kissinger a una visita para conmemorar el cumpleaños número 100 de Kissinger y realizó una celebración de cinco horas, con la clara intención de enviar el mensaje de que la apertura de Estados Unidos a China, misma que Kissinger ayudó a diseñar, representaba una época dorada que tenía que reproducirse.

Todo esto ha originado un cambio absoluto en las relaciones; cuando Xi repitió su frase de que el planeta era lo suficientemente grande para los dos países, estaba indicando que estas dos superpotencias económicas, tecnológicas y militares podían concederse algo de espacio.

Pero también hubo señales de que sus ideas fundamentales permanecen sin cambios, sobre todo las relacionadas con Estados Unidos. Biden habla de una competencia constructiva entre ambos países y les dice a los reporteros que “tengo la responsabilidad de hacer que esto sea razonable y llevadero para que no desemboque en un conflicto, esa es toda mi intención”.

Un asistente graba a Xi Jinping en un evento en San Francisco (Reuters)
Un asistente graba a Xi Jinping en un evento en San Francisco (Reuters)

Xi siempre ha rechazado la idea de una competencia controlada entre ambos países.

“La principal pregunta para nosotros es si somos adversarios o socios”, señaló Xi. “Este es un tema fundamental y primordial”.

Pero tal vez las palabras de Xi sean menos importantes que las metáforas.

Después de su reunión con Biden, el dirigente chino de 70 años asistió a una cena de gala en San Francisco con empresarios estadounidenses, los cuales él espera que detengan el flujo de empresas extranjeras que sacan sus inversiones de China.

Xi convivió con los asistentes, entre ellos Elon Musk, de Tesla (quien se quedó solo para los cócteles), Tim Cook, de Apple, y sus antiguos anfitriones de Iowa.

Algunos de los asistentes dijeron que la cena fue un intento por parte de los chinos de acercarse a la comunidad empresarial estadounidense y al gobierno de Estados Unidos, el cual ha impuesto sanciones a varias empresas chinas y ha limitado mucho el uso que hace China de la tecnología de chips estadounidense.

Después de llegar, Xi se detuvo en una recepción de personalidades y luego él y otros funcionarios chinos formaron una fila de recepción en el salón de un hotel, donde estrechó la mano de los invitados y se tomó fotografías con ellos.

(Reuters)
(Reuters)

En la cena, Xi se sentó ante una mesa larga cerca del director del salón acompañado por Evan Greenberg, director general de Chubb Corp., y por Marck Casper, director general de Thermo Fisher Scientific, ambos miembros de los grupos centrados en China que organizaron la cena.

“Anoche, Xi practicó la política al por menor de una manera en que pocos dirigentes chinos lo hacen normalmente”, señaló el jueves Ryan Hass, un exdirector para China en el Consejo de Seguridad Nacional que asistió a la cena.

En su discurso, Xi se dedicó principalmente a temas amistosos y comparó las relaciones de Estados Unidos y China con un árbol que había “crecido alto y fuerte” y habló de la perspectiva de enviar más pandas gigantes a California como “embajadores de amistad”.

Jessica Chen Weiss, profesora de la Universidad Cornell, comentó que Xi había hablado con ecuanimidad y con un toque de calidez, pero el discurso tenía un doble filo: invocaba “la historia de los lazos de amistad entre los pueblos chino y estadounidense para no tratar a China como adversario”, señaló.

El discurso “se sintió un poco como una mano extendida”, señaló Hass, con lo que posiblemente reflejaba el interés de los líderes chinos en reconstruir las relaciones con la comunidad empresarial. “Hubo varios puntos contundentes que eran de esperarse, pero el tono general del discurso parecía diseñado para intentar disminuir las tensiones de la relación”.

La cena en sí fue un acontecimiento polarizador y los críticos de Xi dijeron que era vergonzoso que los dirigentes empresariales estadounidenses pagaran hasta 40.000 dólares por mesa en un evento y que fueran vistos ovacionando de pie a Xi.

Un asistente que habló con la condición de que se mantuviera su anonimato por temor a una respuesta negativa afirmó que Xi parecía animado en las conversaciones de su mesa. Su comportamiento distaba mucho del de los exdirigentes chinos, como el de Jiang, el hombre espectáculo que una vez tocó una guitarra hawaiana durante una cena en Hawái. Pero ese participante observó que Xi, quien no es famoso por su jovialidad, sonreía con frecuencia.

© The New York Times 2023