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Cómo fue el experimento con 12.000 toneladas de cáscara de naranja que restauró a un bosque entero

La iniciativa reunió a ecólogos y una empresa productora de jugos para aprovechar residuos agrícolas en antiguos pastizales. Años después, los investigadores registraron una mayor presencia de árboles, lianas y cobertura vegetal

Camión volquete descarga cáscaras de naranja en terreno. Varios hombres, dos excavadoras y un bosque cubierto de niebla se observan al fondo.
Un experimento ambiental en Costa Rica usó 12.000 toneladas de cáscara y pulpa de naranja para restaurar un área degradada del Área de Conservación Guanacaste (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Un experimento ambiental en Costa Rica mostró que 12.000 toneladas de cáscara y pulpa de naranja ayudaron a restaurar un área degradada dentro del Área de Conservación Guanacaste. El caso, documentado por investigadores de la Universidad de Princeton y publicado en la revista Restoration Ecology, expuso el potencial de los residuos agrícolas para acelerar la regeneración de ecosistemas tropicales.

La iniciativa comenzó a mediados de la década de 1990, cuando los ecólogos Daniel Janzen y Winnie Hallwachs impulsaron un acuerdo entre una empresa jugera y el Área de Conservación Guanacaste, en el norte del país. Según informó BBC News, el convenio permitía que la compañía depositara restos de naranja sobre antiguos pastizales degradados, a cambio de ceder tierras forestales al área protegida.

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Más de 1.000 camiones trasladaron residuos de la producción industrial de jugo hasta una superficie de tres hectáreas, de acuerdo con los datos citados por la Universidad de Princeton. La hipótesis de los investigadores era que ese material orgánico podía enriquecer el suelo, sofocar los pastos invasores y favorecer la regeneración de la vegetación nativa.

Un acuerdo entre conservación y actividad privada

El proyecto se puso en marcha en 1997, poco después de que la empresa juguera instalara operaciones cerca de la reserva. Para la empresa, deshacerse de ese volumen de desechos implicaba un problema logístico y económico. Para los conservacionistas, ese mismo residuo podía convertirse en una herramienta de restauración ecológica.

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De acuerdo con la universidad, Janzen y Hallwachs propusieron que la biodegradación de las cáscaras y la pulpa actuara como una capa fértil sobre tierras agotadas por años de uso ganadero. La idea apuntaba a recuperar zonas donde el bosque tropical había desaparecido y donde la regeneración natural avanzaba con mucha lentitud.

Experimento con 12.000 toneladas de cáscara de naranja
A la derecha se observa el área tratada y, a la izquierda, una zona similar que no recibió el residuo (Créditos: Tim Treuer/Universidad de Princeton)

El experimento quedó interrumpido poco después. Un año más tarde, la empresa procesadora de frutas demandó el acuerdo al sostener que la descarga había “contaminado” o “dañado” un parque nacional. La disputa llegó hasta la Corte Suprema de Costa Rica, que falló contra el convenio. Según relató la BBC, el sitio quedó abandonado y casi sin seguimiento institucional durante unos 15 años.

Qué encontraron los científicos cuando volvieron al lugar

La historia retomó fuerza en 2013, cuando Timothy Treuer, entonces investigador de Princeton, visitó el área para observar qué había ocurrido con ese terreno cubierto por naranjas años antes. Según la institución, el contraste con los campos vecinos resultó visible desde el primer momento: el área tratada estaba cubierta de árboles, lianas y vegetación densa, mientras los terrenos cercanos seguían dominados por pastos degradados.

Treuer trabajó junto con Jonathan Choi, estudiante de ecología y biología evolutiva. Los investigadores compararon el sitio tratado con parcelas de control ubicadas al otro lado del camino. Para medir el cambio, analizaron la composición del suelo, registraron especies vegetales y relevaron el diámetro de los árboles en transectas de 100 metros.

Cáscaras de naranja en distintos estados de descomposición sobre tierra oscura con musgo verde, hojas caídas, raíces expuestas y pequeñas piedras.
El estudio publicado en Restoration Ecology detectó un aumento del 176% en la biomasa aérea del sitio tratado con residuos de naranja (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los resultados mostraron diferencias marcadas. El estudio detectó un aumento del 176% en la biomasa aérea en la zona cubierta con residuos de naranja. Ese indicador mide la madera acumulada en troncos y ramas, y funciona como una señal del crecimiento del bosque y de su capacidad de almacenar carbono.

Suelos más ricos y mayor cobertura forestal

El trabajo también encontró mejoras en la fertilidad del terreno. Las muestras de suelo analizadas en distintos momentos mostraron que la parcela tratada tenía más nutrientes que las zonas vecinas sin intervención.

Además de la biomasa, los científicos registraron mayor riqueza de especies arbóreas, más cierre de dosel y una estructura vegetal más desarrollada en el sector donde se habían arrojado las cáscaras. La BBC explicó que el residuo funcionó como fertilizante y, al mismo tiempo, como una cobertura que limitó la expansión de los pastos que competían con los árboles jóvenes.

Según explicó Treuer a la BBC, la descomposición de los residuos por parte de insectos y microorganismos mejoró las condiciones del suelo y aceleró la recuperación de la vegetación nativa.

Cómo actuaron los residuos sobre el suelo

La lógica del experimento era simple. Los residuos agrícolas de alto contenido orgánico podían aportar nutrientes, retener humedad y crear una barrera física contra la vegetación invasora. En áreas tropicales degradadas, esos tres factores suelen definir la posibilidad de que un bosque vuelva a crecer.

Bosque denso con árboles frondosos y palmas de tronco alto, lianas, y un terreno seco y degradado con escasa vegetación al fondo bajo un cielo nublado.
Los investigadores señalaron que los residuos agrícolas pueden aportar nutrientes, retener humedad y favorecer el secuestro de carbono con costo negativo en la restauración de bosques tropicales (Imagen Ilustrativa Infobae)

Según detalló la Universidad de Princeton, el método presentaba otra ventaja: el costo. Treuer afirmó que se trataba de uno de los pocos casos de “secuestro de carbono con costo negativo”, porque el sector privado resolvía un problema de descarte y, al mismo tiempo, el ecosistema recuperaba cobertura boscosa sin exigir una inversión alta en restauración activa.

La experiencia también reabrió una discusión sobre el vínculo entre empresas y conservación. David Wilcove, coautor del trabajo, sostuvo en declaraciones recogidas por la universidad que muchos pasivos ambientales de la producción pueden reducirse si hay cooperación entre el sector privado y la comunidad ambiental.

Pese a los resultados, el caso de Guanacaste quedó marcado por la disputa judicial. Janzen dijo a la BBC que el objetivo original era crear un cinturón de bosque joven de decenas de hectáreas que sirviera además como protección frente a incendios de pastizales. Ese plan no prosperó por la intervención de la Justicia y por la resistencia empresarial.

La cobertura de la BBC señaló que la demanda cuestionó el acuerdo por considerar que otorgaba una ventaja injusta a la compañía encargada de descargar los residuos, ya que no debía construir una planta de tratamiento. También sostuvo que los desechos podían afectar ríos, suelos y la sanidad vegetal, una acusación rechazada por Janzen.

Años después, el sitio convertido en bosque joven pasó a funcionar como prueba de campo para una idea que en su momento quedó cuestionada.

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