Alias El Tigre no recibió indulto de la JEP por la toma guerrillera de Gigante (Huila) de 1999

La Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) consideró que el otrora jefe subversivo cometió crímenes no amnistiables en contra de la población civil durante esa incursión armada

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Imagen de referencia de una cuadrilla de guerrilleros de las extintas Farc. Foto: Archivo Infobae
Imagen de referencia de una cuadrilla de guerrilleros de las extintas Farc. Foto: Archivo Infobae

Abraham Tovar Salazar, quien fue conocido en las extintas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc ) con el alias de El Tigre, no recibió la amnistía por parte de la JEP por su responsabilidad en la toma guerrillera del municipio de Gigante, en el departamento del Huila, donde murieron varios civiles.

Precisamente, el tribunal de paz encontró que Tovar Salazar, al ser entonces uno de los jefes subversivo de la columna móvil Teófilo Forero, comandó la incursión armada en esa población el 3 de diciembre de 1999 y atacó de forma indiscriminada a la población civil.

En la emisora La W Radio informaron que en la Sala de Amnistía e Indulto que no se le podía otorgar ese beneficio ya que en ese ataque saquearon entidades públicas, bancos, comercios e incluso viviendas de los habitantes del municipio. Incluso secuestraron a uno de los pobladores.

“Este Despacho declarará la no amnistiabilidad de las conductas de secuestro extorsivo, homicidio agravado, homicidio en la modalidad de tentativa, terrorismo y hurto calificado y agravado por las que fue condenado el señor Abraham Tovar Salazar dentro del proceso penal”, citaron en esa emisora del documento de la JEP.

Incluso se le señaló al exjefe guerrillero de ordenar un atentado contra dos antiguos concejales de Florencia y contra una periodista, porque supuestamente eran cercanos de los grupos paramilitares que delinquían en esa zona del país.

En el periódico El Tiempo publicaron en su momento una crónica sobre lo ocurrido en Gigante la noche del 3 de diciembre de 1999, en la que se evidenció que el ataque no tuvo ninguna contemplación con los habitantes.

Narraron que niños, niñas, adolescentes, mujeres y hombres tuvieron que buscar refugio en la iglesia del pueblo, al punto de tener que resguardarse bajo los bancos de la parroquia, cuando los guerrilleros atacaban con explosivos.

En el diario bogotano registraron que la estación de Policía del municipio fue impactada por 22 tatucos, un arma no convencional que usaban en esa guerrilla en la que cilindros de gas propano eran llenados con explosivos y los lanzaban sin precisión contra objetivos.

También se narra que un joven camarógrafo de tan solo 21 años y recién graduado del Sena, identificado como Pablo Emilio Medina Motta, cuando iba en la búsqueda de imágenes de la incursión fue ultimado por los subversivos con dos impactos de bala en la cabeza cuando se transportaba en un vehículo en compañía de un oficial de la Policía, que logró huir tras el ataque.

Los subversivos saquearon la droguería del pueblo y les lanzaron artefactos explosivos a las viviendas vecinas. Luego asaltaron el banco y otros comercios, se recogió en la crónica de El Tiempo.

Tras seis horas, la toma guerrillera fue repelida por el Ejército que requirió del apoyo de helicópteros artillados de la Fuerza Aérea y soldados del Batallón Cacique Piguanza, de la Novena Brigada.

En el relato de ese periódico señalaron también que luego de que se retomara el orden en el municipio, hallaron los cadáveres de cinco civiles, entre los que estaba el de una adolescente de 14 años. A ellos les cayó uno de los tatucos que utilizó el grupo guerrillero. Incluso, murieron dos adultos mayores por ataques cardiacos tras la violenta irrupción de los subversivos.

En total, reseñaron en El Tiempo, se contabilizaron 25 pobladores y dos policías heridos. Se destruyeron por completo 40 viviendas y 10 vehículos. Saquearon 30 establecimientos comerciales y hurtaron una cantidad no determinada de las entidades financieras que tenían sede en el municipio.

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