10 remedios caseros tradicionales, analizados uno por uno por la ciencia

Un reciente repaso científico analiza en profundidad la efectividad de 10 métodos populares, desde el jugo de arándano hasta los baños calientes, y revela cuáles cuentan con respaldo científico y cuáles siguen siendo solo mitos

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Varios remedios caseros populares han sido analizados por la ciencia para determinar su efectividad real, según una revisión de The Times (Imagen Ilustrativa Infobae)

Varios de los remedios caseros tradicionales que han circulado durante generaciones, conocidos como “mitos de las abuelas”, han sido revisados recientemente a la luz de la evidencia científica. The Times explora 10 de estos consejos populares sobre salud, detallando cuáles cuentan con aval de estudios y cuáles responden solo a creencias extendidas.

De acuerdo con investigaciones reunidas por The Times, varios de los remedios caseros más conocidos sí han mostrado beneficios comprobables en estudios clínicos de los últimos años, mientras que otros carecen de respaldo sólido. La revisión aborda 10 mitos populares y especifica, para cada caso, el grado de confirmación científica alcanzado.

1. Jugo de arándano para prevenir infecciones urinarias

El jugo de arándanos se ha recomendado durante décadas para prevenir infecciones urinarias. Un reciente estudio en Canadá, citado por The Times, demostró que ciertos compuestos en el jugo pueden dificultar que las bacterias se adhieran al tracto urinario. Asimismo, estos compuestos aumentan la efectividad de antibióticos como la fosfomicina, dificultando el desarrollo de bacterias resistentes.

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Una revisión de 2023 evaluó 26 estudios y concluyó que los productos de arándano reducen el riesgo de infecciones en mujeres con recurrencias, niños y personas con alto riesgo.

El NHS reconoce que consumir jugo de arándano puede ser útil para la prevención, pero aclara que no es eficaz una vez iniciada la infección y que ciertos grupos, como embarazadas o personas mayores, deben consultar con profesionales antes de probar estos métodos.

2. El clima y su impacto en el dolor articular

Un estudio demuestra que el clima frío y húmedo agrava el dolor articular en quienes lo padecen (Imagen Ilustrativa Infobae)

Existe una percepción generalizada entre quienes sufren dolor articular de que el clima incide directamente en sus molestias. Una investigación liderada por el profesor Will Dixon, citada por The Times, confirmó que la combinación de frío, humedad y viento agrava la molestia en las articulaciones.

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En el estudio, realizado con 2.658 personas, se determinó que los días húmedos y ventosos intensifican los síntomas, aunque la lluvia por sí sola no produce un efecto relevante. También se observó que la falta de movimiento en condiciones climáticas adversas incrementa el malestar.

La organización Arthritis UK estima que alrededor del 75 % de quienes padecen de dolor articular relacionan sus síntomas con los cambios de tiempo.

3. Té caliente para combatir el calor

La práctica de beber té caliente para refrescarse, aunque parezca contradictoria, tiene base científica. Tomar líquidos calientes estimula ciertos nervios del sistema digestivo, lo que genera sudoración y ayuda a enfriar el cuerpo una vez que la transpiración se evapora.

No obstante, el profesor Ollie Jay, citado por The Times, advierte que, si la persona ya está sudando, la temperatura de la bebida no supone una diferencia perceptible. En cualquier caso, la hidratación es la recomendación principal para los días de calor. Lo esencial es mantener una buena ingesta de líquidos, sin importar si la bebida es fría o caliente.

4. Leche tibia y sueño reparador

Diversos estudios señalan que el consumo de leche tibia antes de dormir favorece la mejora de la calidad del sueño (Imagen Ilustrativa Infobae)

El consumo de leche tibia antes de dormir es un hábito asociado a la mejora del sueño. Científicos han encontrado que esta bebida contiene triptófano y péptidos capaces de inducir relajación.

El asesor del sueño Neil Stanley menciona que añadir una bebida láctea caliente a la rutina nocturna puede preparar el cuerpo y la mente para descansar. El beneficio parece ampliarse cuando este hábito forma parte de una secuencia relajante antes de acostarse.

La leche tibia, por tanto, puede ser parte de una rutina orientada a un sueño más profundo.

5. Vitamina C para reducir la duración del resfriado

La creencia en la capacidad de la vitamina C para acortar el resfriado cuenta con sustento científico. Una revisión de diez estudios indicó que tomar entre 1 y 2 gramos diarios al inicio de los síntomas reduce la duración del resfriado en torno a un 10%.

La inmunóloga Jenna Macciochi detalla en The Times que, ante infecciones respiratorias, las defensas requieren un mayor aporte de vitamina C. Si se administra al primer signo de resfriado, puede acortar el episodio hasta en día y medio. Sin embargo, los datos no respaldan que prevenga el resfriado, solo que contribuye a reducir su duración.

6. Efectos del jengibre contra las náuseas

Estudios publicados en la revista Nutrients confirman que el jengibre es efectivo para combatir las náuseas de forma natural (Imagen Ilustrativa Infobae)

El jengibre ha demostrado ser efectivo contra las náuseas en estudios recogidos en la revista Nutrients y resumidos en The Times. Los compuestos gingeroles y shogaoles bloquean señales cerebrales asociadas al malestar.

El NHS agrega que consumir té, bebidas no alcohólicas o galletas que contengan jengibre puede aliviar el malestar, aunque en el caso de las embarazadas se aconseja consultar a un profesional.

Además, el jengibre contribuye a reducir la hinchazón tras las comidas. Este remedio natural se destaca por su seguridad y utilidad comprobada.

7. Beneficios de consumir manzanas a diario

Comer una manzana al día es un consejo sustentado por los nutrientes del fruto, ya que ofrecen vitamina C, flavanoles y pectina, fibra clave para el sistema digestivo.

Estudios citados por The Times revelan que consumir dos manzanas al día durante ocho semanas puede ayudar a reducir el colesterol en adultos sanos. Además, otras investigaciones vinculan la ingesta regular de esta fruta —alrededor de ocho piezas mensuales— con un menor riesgo de demencia y enfermedades crónicas.

8. Sopa de pollo y recuperación de enfermedades respiratorias

La sopa de pollo es recomendada por expertos como alimento reconfortante durante episodios de infecciones respiratorias (Imagen Ilustrativa Infobae)

La sopa de pollo es reconocida como alimento reconfortante y de apoyo durante la recuperación de infecciones respiratorias. Una revisión reciente recogida por The Times subraya que la sopa templada con verduras e hierbas favorece la hidratación, aporta calor y nutrientes y posee efecto antiinflamatorio.

Según expertos, este platillo ayuda a lubricar las vías respiratorias y a fortalecer las defensas gracias a compuestos liberados en la cocción. Entre ellos destaca la carnosina, cuya acción es similar a ciertos medicamentos utilizados en afecciones respiratorias. Consumir sopa de pollo apoya el alivio sintomático y la respuesta inmune.

9. Limón y miel para aliviar la garganta y la tos

Combinar jugo de limón y miel en agua caliente es un remedio recomendado oficialmente por el NHS para aliviar la garganta y reducir la tos.

La miel tiene propiedades antimicrobianas y, según una revisión universitaria citada por The Times, puede ser más efectiva que tratamientos habituales para infecciones leves.

El profesor Ron Eccles indica que esta bebida aumenta la salivación y ayuda a humedecer la garganta, mejorando el confort nocturno si se toma antes de dormir. Las autoridades advierten que no debe administrarse miel a lactantes menores de un año. El efecto de este remedio es principalmente paliativo, ya que no actúa como tratamiento curativo.

10. El baño caliente como rutina para relajarse antes de dormir

Diversos estudios científicos destacan que un baño caliente antes de dormir favorece el proceso de relajación y reduce el tiempo necesario para conciliar el sueño (Imagen ilustrativa Infobae)

Tomar un baño caliente antes de acostarse es una práctica que ha mostrado facilitar la relajación y reducir el tiempo para conciliar el sueño, en lo que se conoce como “efecto del baño caliente”. Investigaciones recogidas por The Times indicaron que elevar la temperatura de la piel y activar la circulación ayuda a equilibrar el cuerpo antes de dormir.

Un estudio reciente que evaluó más de 5.000 casos demostró que baños de diez minutos, realizados una hora y media antes de acostarse, mejoran la calidad del sueño, incluso en noches calurosas. Por el contrario, las duchas frías pueden dificultar el descanso.

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