
El paisaje de Marte, árido y polvoriento, esconde una historia mucho más dinámica y húmeda de lo que se pensaba. Las últimas investigaciones del rover Curiosity de la NASA en la región del Monte Sharp cambiaron la perspectiva sobre la presencia y el papel del agua subterránea en el planeta rojo.
En los últimos 6 meses, el vehículo exploró una zona repleta de formaciones geológicas conocidas como “boxwork”, que son crestas bajas de entre 1 y 2 metros de altura que se extienden por kilómetros y que, vistas desde la órbita, recuerdan una telaraña gigantesca.
El hallazgo de estas estructuras, junto a nódulos minerales irregulares, sugiere que el agua subterránea persistió en Marte mucho más tarde de lo que los científicos suponían, lo que amplía el marco temporal para la existencia de ambientes habitables e incluso de vida microbiana en el pasado marciano.

Las formaciones tipo “telaraña” transformaron la forma en que los científicos entienden la evolución de Marte. Estas crestas se distribuyen en una red que abarca grandes extensiones del terreno, con depresiones arenosas entre ellas.
La hipótesis principal señala que flujos de agua subterránea se desplazaron por grandes fracturas en el lecho rocoso, depositando minerales que reforzaron las zonas que hoy se observan como crestas, mientras que las áreas sin refuerzo mineral fueron erosionadas por el viento y convertidas en depresiones. Nadie podía estar seguro de la naturaleza exacta de estas estructuras hasta que el rover Curiosity llegó a la región y las estudió de cerca.
El reto para los operadores del Curiosity fue considerable. Guiar un vehículo del tamaño de un todoterreno, con casi una tonelada de peso, por cimas estrechas y depresiones arenosas requirió cálculos precisos y una planificación cuidadosa.

Ashley Stroupe, ingeniera de sistemas de operaciones del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, explicó: “Casi se siente como una autopista por la que podemos circular. Pero luego tenemos que descender a las hondonadas, donde hay que tener cuidado de que las ruedas del Curiosity no patinen o tengan problemas para girar en la arena. Siempre hay una solución. Solo hay que probar diferentes caminos”.
El trabajo de conducción remota permitió que el rover alcanzara y analizara los puntos más interesantes de la red de crestas, recopilando datos inéditos sobre su estructura y composición.
Exploración por etapas

Cada capa del Monte Sharp representa una época diferente del clima antiguo de Marte. Cuanto más alto asciende el Curiosity, más evidencias encuentra de que el agua fue desapareciendo con el tiempo, aunque no de manera constante. El paisaje muestra periodos alternados de sequía y humedad, con ríos y lagos que regresaron de forma intermitente antes de que el planeta se secara definitivamente. Estas telarañas a gran altura en la montaña sorprendieron a los investigadores.
Tina Seeger, científica de la Universidad Rice en Houston, afirmó: “Ver la estructura en forma de caja a esta altura de la montaña sugiere que el nivel freático debía ser bastante alto. Y eso significa que el agua necesaria para la vida podría haber durado mucho más de lo que pensábamos al observarla desde la órbita”.
Las imágenes desde el espacio ya habían mostrado líneas oscuras que cruzan las “telarañas” marcianas. En 2014, algunos equipos propusieron que estas líneas correspondían a fracturas centrales donde el agua subterránea se filtró y depositó minerales.

El análisis cercano de Curiosity confirmó esta hipótesis al revelar que esas líneas son, efectivamente, fracturas reales.
Además, el rover detectó nódulos minerales irregulares de tamaño similar a un guisante, una señal clara de la interacción pasada con agua subterránea. Resultó llamativo que estos nódulos no aparecieron en las fracturas centrales, sino a lo largo de las paredes de las crestas y en las cavidades entre ellas.
“Aún no podemos explicar con exactitud por qué los nódulos aparecen donde aparecen. Quizás las crestas fueron cementadas primero por minerales, y posteriormente, episodios de agua subterránea dejaron nódulos a su alrededor”, señaló Seeger.
Comparación con la Tierra

El estudio de estas estructuras en Marte permitió establecer comparaciones con fenómenos similares en la Tierra. En nuestro planeta, las crestas en forma de caja raramente superan unos pocos centímetros y suelen encontrarse en cuevas o ambientes áridos. Lo observado en Marte, en cambio, supera ampliamente las dimensiones terrestres y sugiere procesos geológicos prolongados en el tiempo y condiciones ambientales diversas.
La investigación avanzó gracias al laboratorio itinerante de Curiosity. Buena parte de la ciencia se basó en muestras de roca obtenidas por el taladro pulverizador en el extremo del brazo robótico del rover. El polvo extraído fue analizado mediante rayos X y un horno de alta temperatura, técnicas que permitieron identificar minerales arcillosos en las crestas y minerales carbonatados en las depresiones. Estas composiciones indican diferencias en el ambiente químico y en la historia del agua en cada zona.
Recientemente, la misión recolectó una cuarta muestra que se sometió a un procedimiento de “química húmeda”, una técnica avanzada para detectar compuestos orgánicos, es decir, moléculas basadas en el carbono relevantes para la vida. La presencia de estos compuestos no implica vida, pero sí condiciones favorables para su desarrollo en el pasado.

El Monte Sharp, donde se encuentran las “telarañas”, constituye una montaña de 5 kilómetros cuya historia geológica se preserva en capas sucesivas. En los niveles más altos, el Curiosity encontró una capa enriquecida con minerales salados llamados sulfatos, que se formaron cuando el agua se evaporó de la superficie marciana.
El análisis de esta capa resulta clave para comprender cómo el clima del planeta rojo se transformó de un ambiente húmedo y potencialmente habitable a un mundo seco y hostil. El equipo de Curiosity planea seguir explorando esta región durante los próximos meses y años, en busca de más respuestas sobre la evolución climática y la cronología del agua en Marte.
La persistencia de agua subterránea en Marte durante etapas avanzadas de su historia tiene implicaciones profundas. Si el agua líquida subsistió más tiempo en el subsuelo, los ambientes habitables también pudieron prolongarse más de lo que sugerían los modelos anteriores.

Esto amplía las posibilidades de que la vida microbiana haya encontrado refugio en nichos protegidos, incluso después de que la superficie se volviera demasiado fría y seca para sostenerla. Cada hallazgo refuerza la idea de que el Marte antiguo fue mucho más complejo y dinámico de lo que se imaginaba.
Curiosity fue construido en el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA, gestionado por el Instituto Tecnológico de California (Caltech) y dirigido en nombre de la Dirección de Misiones Científicas de la agencia estadounidense. Su diseño y operación permitieron sortear desafíos técnicos considerables, como desplazarse por crestas estrechas y suelos arenosos, y analizar muestras con instrumentos sofisticados capaces de detectar compuestos orgánicos y minerales clave.
La comparación entre Marte y la Tierra sigue siendo esencial para interpretar los datos. Aunque ambos planetas desarrollaron crestas en forma de caja, las diferencias de escala y ambiente reflejan historias geológicas divergentes. En Marte, estas formaciones se convirtieron en un archivo natural de periodos húmedos y secos, mostrando que el agua fluyó y persistió en lugares altos mucho tiempo después de que los ríos y lagos superficiales desaparecieron.

La exploración de la capa de sulfatos del Monte Sharp representa el siguiente paso para Curiosity. El equipo espera recopilar más muestras y datos que permitan reconstruir la transición climática de Marte y entender mejor la desaparición del agua líquida. Cada perforación, cada análisis químico y cada observación del terreno aportan piezas para armar el rompecabezas de la historia marciana.
Los próximos objetivos de la misión incluyen extender la investigación de las “boxwork” hacia nuevas áreas y profundizar en el análisis de los minerales salados. El trabajo coordinado entre científicos, ingenieros y operadores en la Tierra y en Marte demuestra la capacidad de la tecnología para responder preguntas fundamentales sobre la evolución de los planetas y la posibilidad de vida fuera de la Tierra.
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