
En un descubrimiento que viene a enriquecer el vasto paisaje de la biología y la evolución animal, las cecilias, unos intrigantes anfibios del orden Gymnophiona, han revelado un comportamiento poco convencional que desafía las normas y plantea nuevas preguntas sobre las adaptaciones evolutivas.
A raíz de un estudio publicado en Science, se ha observado que estos anfibios subterráneos, poco conocidos, presentan una especie de “lactancia” inusual, donde los neonatos se alimentan de un fluido graso expulsado por las madres a través de la cloaca, un fenómeno hasta ahora no descrito en su grupo.
Las cecilias, criaturas que en ocasiones se confunden con simples gusanos, poseen una estructura corporal adaptada a su estilo de vida subterráneo. Estos anfibios han desarrollado tentáculos faciales que les permiten orientarse y explorar su entorno en la oscuridad. Representan cerca del 4% del total de especies de anfibios conocidas, una cifra pequeña pero significativa, considerando la biodiversidad de este grupo.
La reproducción
En cuestiones reproductivas, las cecilias son un caso aparte dentro del reino anfibio. Contrario a la norma de fecundación externa presente en anuros como las ranas, las cecilias llevan a cabo la inseminación interna.
Su reproducción es diversa; ciertas especies son vivíparas, nutriendo a las crías dentro del cuerpo de la madre mediante glándulas oviductales que secretan un líquido nutritivo.
En contraste, otras especies son ovíparas, y en ellas las crías obtienen nutrientes raspando con sus diminutos dientes especializados la piel de la madre, un método que resulta tan fascinante como efectivo.

El reciente trabajo se enfoca con particular interés en las cecilias ovíparas de la especie Siphonops annulatus, observadas meticulosamente en las húmedas plantaciones de cacao del Bosque Atlántico brasileño. Durante las observaciones, se documentó cómo las crías no solo se alimentan de la piel, sino que también inducen a la madre a liberar un fluido cargado de nutrientes desde la cloaca.
Este líquido, enriquecido con grasas e hidratos de carbono, es absorbido por las crías a través de movimientos que incluyen insertar parcialmente sus cuerpos en la apertura de la cloaca. Además, la estrategia de alimentación destaca la complejidad de las adaptaciones reproductivas de las cecilias, que contrastan significativamente con otras estrategias dentro del reino anfibio.
El fenómeno de “lactancia” había sido de alguna forma anticipado por investigaciones previas. En la década de 2000, estudios liderados por Marta Antoniazzi identificaron que algunas cecilias nacían con dientes adaptados específicamente para la obtención de nutrientes de la piel materna. Sin embargo, este nuevo hallazgo amplía la comprensión de este comportamiento, sugiriendo la existencia de un complejo sistema de cuidado parental, con mecanismos evolutivos aún no completamente comprendidos.

La revista Nature también ha contribuido al entendimiento de estas criaturas, investigando sus ritmos circadianos. A pesar de su inclinación a una vida subterránea, las cecilias presentan un tenue ritmo circadiano de actividad superficial. Los experimentos realizados, que incluyeron especies como Ichthyophis cf. longicephalus, Uraeotyphlus cf. oxyurus y Gegeneophis tejaswini, evidenciaron que en condiciones de laboratorio, estas cecilias exhiben estrictos patrones de actividad nocturna. La exposición a diferentes ciclos de luz-oscuridad sugirió que, en efecto, las cecilias mantienen un sistema circadiano funcional, utilizando la visión ocular y extraocular para regular sus ritmos de actividad, un hecho notable dado su entorno sombrío y fosorial.
Este conocimiento acumulado no solo ilumina las complejidades de las estrategias de supervivencia de las cecilias, sino que también subraya la extraordinaria diversidad evolutiva que caracteriza a los anfibios.
La distribución de las cecilias, desde su probable origen en el supercontinente de Gondwana, se ha expandido ampliamente por las regiones tropicales de Asia, América y África. Habitan terrenos que ofrecen humus rico y humedad, condiciones ideales que requieren formas de vida especialmente adaptadas para pasar casi desapercibidas en la superficie.
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