
El “síndrome del impostor” consiste en la creencia persistente de que los logros personales no son merecidos. Las personas que lo experimentan suelen atribuir su éxito a factores externos como la suerte o la ayuda de otros, en lugar de a sus propias capacidades.
No se trata de un trastorno psiquiátrico reconocido. Sin embargo, investigadores de diferentes países lo estudian y ya se ha publicado un trabajo en el que se detallan los cuatro mitos que persisten sobre el síndrome del impostor.
El concepto fue acuñado en 1978 por las psicólogas Pauline Clance y Suzanne Imes, y el nuevo trabajo, publicado en Academy of Management Annals, derribó las inexactitudes.

El análisis fue dirigido por Basima Tewfik, profesora de la escuela de negocios del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT Sloan), en colaboración con Jeremy Yip de la Universidad de Georgetown y Sean Martin de la Universidad de Virginia. Fue publicado en la Academy of Management Annals.
Los autores revisaron 316 artículos académicos y libros para clarificar el fenómeno y propusieron un enfoque más estructurado. “Hacemos muchas suposiciones, pero tal vez estas suposiciones nos están frenando en lugar de impulsarnos hacia adelante”, dijo Tewfik a través de un comunicado.
Cuáles son los mitos sobre el síndrome del impostor

El equipo identificó cuatro mitos que no reflejan la realidad:
- Que se trata de un fenómeno permanente: Es falso. Los investigadores lo definen como algo dinámico. Tewfik utilizó el término “pensamientos de impostor en el trabajo” para subrayar su carácter fluctuante. “No es algo de lo que estés atrapado para siempre”, explicó la investigadora, y añadió que este enfoque permite explorar estrategias más efectivas para enfrentarlo.
- Afecta principalmente a mujeres: Aunque los estudios iniciales se centraron en mujeres profesionales, Tewfik y sus colegas encontraron que este fenómeno afecta a hombres y mujeres por igual. Según el equipo, este mito podría haberse originado en un enfoque limitado de los estudios iniciales.
- Es inherentemente negativo: Es falso. También puede tener efectos positivos. Las personas que lo padecen suelen desarrollar una orientación centrada en los demás, lo que puede traducirse en un mejor desempeño en tareas interpersonales. “Adoptan una mentalidad de servicio hacia los demás para compensar sus percepciones de incompetencia”, afirmó Tewfik.
- Genera resultados negativos a través de patrones dañinos: No existe una relación causal clara entre el síndrome del impostor y resultados negativos. El estudio indica que los efectos adversos asociados pueden deberse a otros factores subyacentes. Según Tewfik, se necesitan “obtener datos sólidos para entender mejor estas conexiones”.
Cuáles son los síntomas del síndrome del impostor

El síndrome del impostor es “la sensación de que todos los demás saben exactamente lo que hacen, mientras que tú te sientes perdido porque no crees merecer tus logros”, explicó Susan Albers, psicóloga de la Clínica Cleveland en los Estados Unidos. Entre sus síntomas se encuentran:
- Sentimientos de indignidad frente al afecto o la atención.
- Miedo irracional al fracaso o al futuro.
- Ansiedad relacionada con el desempeño laboral o académico.
- Tendencia a minimizar los logros personales.
- Dificultad para aceptar elogios o reconocimientos.
- Comparación constante con otras personas y sus éxitos.
- Atribución del éxito a la suerte o a factores externos.
Según Albers, las personas con el síndrome suelen evitar oportunidades que les permitirían alcanzar su potencial. También tienden a “lanzarse de lleno para tratar de compensar un temor inevitable al fracaso”.
Qué hacer si se detecta el síndrome del impostor

Para superar el síndrome del impostor, se pueden desarrollar estrategias que permitan modificar las creencias negativas sobre la propia capacidad. Algunas recomendaciones son:
- Separar emociones de hechos: Es importante cuestionar los pensamientos negativos y buscar evidencias concretas que respalden las capacidades propias. Albers afirma: “Solo porque pienses estas cosas no significa que sean verdad”.
- Reconocer los logros personales: Mantener un registro de éxitos puede servir como recordatorio tangible en momentos de duda. Conservar premios, mensajes positivos o recuerdos afectuosos como prueba del propio valor.
- Evitar comparaciones: Las comparaciones, especialmente con imágenes idealizadas en redes sociales, suelen reforzar sentimientos de insuficiencia.

- Hablar con alguien de confianza: Conversar con un amigo, colega o terapeuta puede dar una perspectiva más equilibrada. Buscar apoyo profesional puede ser clave cuando el síndrome afecta la calidad de vida diaria.
- Tomar acción: Es fundamental evitar la parálisis provocada por la duda. Albers sugiere avanzar con pequeños pasos: “Se trata de asegurarse de dar pasos hacia adelante, en lugar de quedar atrapado en la idea de ‘no puedo hacer esto’”.
Aunque el síndrome del impostor no tiene un diagnóstico médico formal, sus efectos pueden impactar significativamente la vida personal y profesional.
En diálogo con Infobae, Juan Eduardo Tesone, profesor de la Universidad del Salvador y de la Universidad de París-Nanterre, en Francia, y miembro titular de la Asociación Psicoanalítica Argentina, aclaró: “El síndrome del impostor puede aplicarse a algunas personas e, incluso, en dichas personas, puede ser transitorio o permanente. No es un concepto que se pueda universalizar”.

“En una sociedad cada vez más narcisista y obsesionada con los éxitos para sentirse reconocida, el reconocimiento del otro ha pasado a ser una expectativa excesiva. Paradójicamente, cuando ese reconocimiento llega, la persona puede sentir que no lo merece”, dijo Tesone.
La exigencia interna puede ser tan desmesurada que nunca está a la altura de las expectativas. “Esto puede ocurrir por una baja autoestima o, paradójicamente, por una autoestima desmesurada, para la cual el reconocimiento nunca es suficiente”, afirmó.
No debe confundirse a los que tienen el síndrome con los verdaderos impostores: aquellos que fingen éxitos que se revelan ficticios. “Por ejemplo, en el ámbito científico, algunos publican trabajos con falsos resultados solo para obtener subvenciones para sus laboratorios. Aunque no es frecuente, este tipo de casos ha existido”, recordó.
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