
Uno de los tipos de cáncer más agresivos y con menos pronóstico de vida es el de páncreas. Se trata de una enfermedad en la que células malignas se forman en los tejidos de este órgano, que libera enzimas que ayudan a la digestión y produce hormonas que ayudan a controlar la glucosa sanguínea.
El cáncer de páncreas rara vez se detecta en sus etapas iniciales, cuando es más curable. Esto se debe a que por lo general no causa síntomas hasta después de que se ha diseminado a otros órganos.
Es por eso que escuchar buenas noticias sobre esta enfermedad es algo muy esperado por los pacientes y por la comunidad científica en general. Y cuando esas buenas noticias tienen como protagonista a un argentino, el interés local es mayor. Se trata de Juan Iovanna, Doctor en Medicina (UBA), biólogo, cirujano y reconocido investigador del cáncer de páncreas que desde hace 40 años vive en Francia y dirige uno de los centros de investigación más avanzados de ese país: el Laboratorio de Biología Molecular (INSERM) de Marsella.
Iovanna llegó a la Argentina días atrás para participar de distintos encuentros médicos, como el workshop franco-argentino en Cáncer de Páncreas organizado por la Oficina de Cooperación Internacional del CONICET y sobre todo para terminar de apuntalar los detalles y presentar la creación del Centro Franco-argentino para la Investigación en Cáncer de Páncreas.
El experto científico, que será el director de este Programa Binacional para la investigación en cáncer de páncreas, justificó a Infobae su creación: “Hace varios varias décadas que no ha habido avances significativos en la detección ni tratamiento del cáncer de páncreas y solo se lograron mejoras marginales. La creación de este programa implica la colaboración de elementos tecnológicos entre Francia y Argentina, pero por sobre todo la puesta en marcha de un trabajo conjunto entre distintos profesionales altamente capacitados y también alumnos para investigar nuevas líneas de diagnóstico, tratamientos y de futuros fármacos contra esta enfermedad”.

“En la última década ha habido algunos avances tecnológicos que pueden aplicarse al cáncer de páncreas y, quizás con más capacitación, se logre cambiar de manera significativa el curso de esta enfermedad, si se destinan los recursos humanos y financieros a construir la capacidad científica necesaria”, sostuvo en una entrevista exclusiva en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
Iovanna afirmó que en Argentina hay varios científicos con experiencia en adenocarcinoma ductal de páncreas (PDAC, por sus siglas en inglés) y que muchos de ellos están siendo ahora mismo capacitados en el equipo de Cáncer de Páncreas del CRCM (Centre de Recherche en Cancérologie de Marsella), que trabajan sin que la “enfermedad PDAC” sea el objetivo principal de su trabajo, sino más bien como un “modelo interesante de estudio”.
“Parte de la pérdida del interés en trabajar en el PDAC como enfermedad se debe a la falta de estímulos, de estructuración y de coordinación de los proyectos que se están desarrollando en Argentina. Todos estos científicos han expresado su interés en trabajar en la enfermedad PDAC, y por un beneficio para los pacientes con PDAC, dentro de una red bien coordinada y estructurada”, sostuvo.

Y adelantó que esta red permitiría intercambios científicos, complementariedad y facilitaría las colaboraciones entre equipos, compartiendo herramientas disponibles y modelos animales y celulares, y sobre todo, permitiría que estos proyectos sean asociados con los médicos especialistas con la intensión de poder validar las observaciones del laboratorio sobre los pacientes.
Por último, los científicos argentinos, así como los latinoamericanos, enfrentan barreras tecnológicas y económicas significativas que limitan la utilización de sus pacientes, las muestras biológicas y sus buenas hipótesis de trabajo.
“Hay dos aspectos en la ciencia, en la investigación científica. Uno es el descubrimiento de conceptos y el otro es el desarrollo tecnológico. Una cosa va ligada con la otra. Encontrar conceptos nuevos hace que uno pueda hallar factores que puedan ser blancos de los tratamientos del cáncer, por ejemplo, o de cualquier otra enfermedad. Pero para encontrar estos conceptos nuevos hay que utilizar tecnología nueva, porque cuando una tecnología ya es vieja ya se hizo todo, se encontró todo lo que la tecnología permitía encontrar. Entonces todo se retroalimenta. La ciencia depende de los avances tecnológicos y por eso se necesita invertir más en ella”, precisó el experto.

Y destacó por ejemplo los avances con la tecnología ARN mensajero, plataforma estrella de las vacunas más eficaces contra el coronavirus, que produce la enfermedad COVID-19.
“Hoy en día se hace muy rápido un análisis genómico. Uno hace una biopsia de un tumor, recupera el ADN y hace un estudio de secuenciamiento para identificar dónde están las anomalías. Luego mete todos esos datos en una computadora y cinco minutos después te dice todas las que el tumor de un individuo tiene. Anomalías que van a ser distintas a las de otro individuo”, adelantó Iovanna.
Y sumó: “A partir de esto se pueden desarrollar vacunas mediante la fabricación del ARN que codifica esa proteína nueva. Como el sistema inmune ya había visto en el páncreas estas mutaciones, el ARN va a estimularlo para que sea más eficiente en combatir el cáncer. Eso pronto será una revolución, en muy poco tiempo”.
Sobre la idea de hacer un programa de estudio binacional con el cáncer de páncreas, el experto afirmó: “Siempre pensé que había que hacer algo que le sirva a los pacientes con cáncer de páncreas. En lugar de trabajar sobre vías intracelulares que son interesantes pero que por ahí para el paciente no sirven, me enfoqué en avanzar con herramientas para nuevos diagnósticos. En Francia cada año mueren 16.000 personas por esta enfermedad. Y ellos tienen 65 millones de personas. Aquí mueren 4000 y somos 45 millones. Esa cifra no sería la correcta y eso quiere decir que la enfermedad aquí está subdiagnosticada”.
La incidencia del adenocarcinoma ductal de páncreas sigue aumentando en el mundo; se espera que para el año 2030 el número de casos se duplique y que el PDAC se convierta en la segunda causa de muerte por cáncer a nivel mundial, solo detrás del cáncer de pulmón.
Iovanna destacó que es importante tener en cuenta que es un tumor con un pronóstico extremadamente desfavorable debido a que se diagnostica casi siempre tarde y porque la cirugía, la única posibilidad de cura, solo es aplicable al 15% de los pacientes. También agregó que este cáncer no responde a las quimioterapias estándar (Folfirinox o gemcitabina sola o en combinación con nab-paclitaxel), ya que son frecuentes las recaídas y porque se trata de una enfermedad altamente heterogénea que no responde a las inmunoterapias estándar y produce metástasis tempranas.

Y agregó: “También busco trabajar en líneas más efectivas de tratamiento que mejoren la evolución de la enfermedad. Y tuve un eco fabuloso en Argentina y en Francia”.
“Con todo el equipo comenzaremos buscando marcadores para el diagnóstico temprano, investigando nuevas vías de señalización que puedan utilizarse para desarrollar nuevos fármacos eficientes contra el PDAC, reposicionando fármacos aprobados por la FDA para sensibilizar los tratamientos citotóxicos estándar y la inmunoterapia, estudiando el paisaje inmunológico para tratar de identificar factores inmunoestimulantes, y también estudiaremos la biología de las metástasis para identificar sus debilidades y combatirlas”, sostuvo el experto.
Y precisó: “En una segunda etapa, nos enfocaremos en el estudio de la heterogeneidad de los tumores mediante el análisis de células individuales, lo cual debería explicarnos el fracaso casi sistemático de los tratamientos. Desarrollaremos un modelado molecular basado en datos multimómicos disponibles públicamente utilizando herramientas de bioinformática e inteligencia artificial, crearemos una plataforma de estudios preclínicos, prepararemos el contexto para facilitar la propiedad intelectual estimulando a los participantes del Programa a valorizar sus resultados mediante el depósito de patentes y la creación de start-ups, organizaremos cursos de posgrado y conferencias para divulgar la disciplina”.

El Programa Nacional Franco-Argentino sobre el Cáncer de Páncreas se beneficiará de una asociación privilegiada con el Instituto del Cáncer Paoli Calmettes (IPC), un centro oncológico en Marsella, para la formación de médicos (cirujanos, gastroenterólogos y oncólogos) en el tratamiento de pacientes con adenocarcinoma ductal de páncreas, así como con el equipo de Cáncer de Páncreas del CRCM, dirigido por Juan Iovanna desde hace más de 20 años, para seguir formando jóvenes investigadores y la realización de proyectos colaborativos.
Según precisó Iovanna, el IPC es un entorno excepcional para los médicos jóvenes, ya que la cirugía, la oncología y la eco-endoscopía para pacientes con PDAC se encuentran entre los mejores de Francia y de Europa.
“La formación en Argentina de médicos, de biólogos y de bioquímicos es excelente y es igual o superior que en muchos países de primer orden. En mi laboratorio en Francia hay trabajando cinco argentinos y noto que son mucho más productivos y creativos en varias ocasiones a la hora de estudiar vías para enfrentar la enfermedad”, precisó el especialista, que buscará incrementar los fondos destinados a la investigación en cáncer de páncreas, ya sea en Francia como en Argentina.

El CRCM cuenta con 450 investigadores dedicados al estudio del cáncer, con varias plataformas técnicas (investigación clínica, transgénesis y crio-preservación, bioterapia y terapia celular, proteómica y espectrometría de masas, histopatología experimental, modelos murinos, microscopía e imágenes científicas, bioinformática, nanobodies, centro de datos y computación científica, cribado de alto rendimiento, inmuno-monitoreo y citometría) y es una estructura abierta a colaboraciones.
No existen ni centros ni laboratorios específicamente dedicados al estudio del PDAC ni en Argentina ni en Latinoamérica, por lo tanto la creación de este Programa Nacional puede servir para estimular y atraer el interés de científicos y médicos en trabajar en un entorno estructurado, uniendo fuerzas en la misma dirección y promoviendo proyectos con un interés clínico real.
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