Después de un viaje espacial de siete años, una cápsula de la NASA aterrizará hoy en el desierto de Utah con una valiosa carga: un puñado de rocas y polvo del asteroide Bennu, que promete proporcionar información única sobre la formación del Sistema Solar hace unos 4.500 millones de años.
Una parte de la sonda OSIRIS-Rex abreviatura de Origins-Spectral Interpretation-Resource Identification-Security-Regolith Explorer, caerá a las 11.55 hora argentina (14.55 GMT) con el material recolectado del asteroide Bennu el 20 de octubre de 2020.
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La nave se lanzó desde el Centro Espacial Kennedy de la NASA, en Florida, el 8 de septiembre de 2016. El viaje para encontrarse con Bennu tardó dos años en completarse, los que fueron seguidos por otros dos años de exploraciones mientras orbitaban el asteroide.
Tras la recolección del material en 2020, debieron pasar otros tres años para que la sonda con la vital carga, pudiese volver a casa.
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Será la primera vez que la NASA, la agencia espacial de Estados Unidos, consiga traer a la Tierra las muestras de un asteroide. La Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón (JAXA) logró recuperar restos de asteroides en 2020, pero se trató de una cantidad mínima, no más que la de una cucharadita de polvo y rocas. En cambio, la nave estadounidense logró capturar 250 gramos del vital componente cósmico.

Los científicos están muy entusiasmados de estudiar esta muestra porque se cree que Bennu es un remanente del sistema solar primitivo y, por lo tanto, su materia podría arrojar luz sobre cómo se formaron los planetas de nuestro sistema solar. Potencialmente, estas muestras pueden incluso revelar los componentes básicos que llevaron a la vida en la Tierra. Sin embargo, no hay ninguna razón para sugerir que haya algo biológico en Bennu.
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En concreto, Bennu es un objeto pequeño, oscuro y con una superficie muy seca y muy caliente. Esto significa que no hay evidencia de que haya flujo de agua en el asteroide, por lo que no es el tipo de objeto que esperamos que sea propicio para sustentar la vida, dicen los científicos.

Cuando cápsula con las muestras toque tierra, los equipos de rescate se acercarán a ella y la transportarán en helicóptero a una sala libre de cualquier otra molécula en una base militar cercana a este desierto.
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El valor de la muestra radica en que no está contaminada por otras sustancias, lo que podría proporcionar información previamente desconocida. A menudo, los meteoritos contienen información útil para los científicos pero, al llegar a la Tierra, esta ya se ha visto alterada. Los científicos de la NASA se esforzarán por mantener la muestra de Bennu en condiciones prístinas.
Sin embargo, como medida de precaución ante posibles contaminaciones, tomarán muestras del desierto de Utah, especialmente de la zona de aterrizaje, para poder distinguir las moléculas que provienen del asteroide de las terrestres.
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Si todo transcurre según lo previsto, el lunes, un avión transportará la cápsula a Houston, donde se encuentra el Centro Espacial Johnson de la NASA, y allí los científicos podrán comenzar a examinar las muestras.
Descubierto en 1999, se cree que Bennu se formó a partir de fragmentos de un asteroide mucho más grande tras una colisión. Mide medio kilómetro de ancho, aproximadamente la altura del Empire State Building (380 metros), y su superficie negra y rugosa está llena de rocas grandes.
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Además, existe la hipótesis de que Bennu colisione con la Tierra en 159 años y, aunque esta posibilidad es de solo un 0,057 por ciento, esta misión de la NASA también serviría para ver cómo cambiar la trayectoria del asteroide si fuera necesario.
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