
Cuando a un niño se le cae un diente, a los pocos meses le crece uno nuevo. Pero en adultos esa regeneración no ocurre, por lo que se debe recurrir a implantes dolorosos o hasta dentaduras postizas.
Regenerar los dientes en personas adultas es uno de los objetivos de los odontólogos e investigadores ortodoncistas desde hace tiempo. Ahora, un nuevo estudio realizado por científicos de la Universidad de Kyoto y la Universidad de Fukui puede hacer ese sueño realidad.
“La idea de hacer crecer nuevos dientes es el sueño de todo dentista. He estado trabajando en esto desde que era estudiante de posgrado. Estaba seguro de que sería capaz de hacerlo realidad”, explicó Katsu Takahashi, uno de los autores principales del estudio y profesor titular de la Facultad de Medicina de la Universidad de Kyoto. Los hallazgos se publicaron en Science Advances.

Según Takahashi, director del departamento de Odontología y Cirugía Oral en el Hospital Kitano, del Instituto de Investigación Médica, en Osaka, la idea de trabajar en un medicamento que ayude a crecer los dientes de manera natural entró en su cabeza cuando se enteró de que la eliminación de algunos genes en los ratones generaba que tuvieran menos de dientes.
“La premisa fue sencilla: si modificarlos genéticamente llevaba a que tuvieran menos dientes, existía la manera de que tuvieran más. La cantidad de dientes varió a través de la mutación de un solo gen. Si hacemos de eso el objetivo de nuestra investigación, debería haber una manera de cambiar la cantidad de dientes”, explicó Takahashi que desde hace casi 20 años está estudiando el tema.
Después de años de investigación desde 2005, Takahashi llegó a la conclusión de que la ausencia de la proteína USAG-1, modificada en los genes de ratones, era la responsable de la reducción en el número de dientes. Con esta premisa, su objetivo fue desarrollar un medicamento con propiedades de anticuerpo para neutralizar eficazmente esa proteína.

La conclusión de su experimento, dada a conocer en 2021, es que el medicamento dio resultados en ratones: les aparecieron nuevos dientes. El paso a seguir es probar el fármaco en humanos a partir de 2024, aunque solo en 2030, cuando se compruebe que no tiene efectos adversos, podría avalarse su uso. En un comienzo sería utilizado por paciente con anodoncia (ausencia en la formación de los dientes)”, adelantó.
Takahashi y su equipo informaron que un anticuerpo para el gen asociado a la sensibilización uterina o USAG-1, puede estimular el crecimiento de los dientes en ratones que sufren de agenesia dental, una condición congénita..
“La morfogénesis de los dientes individuales depende de las interacciones de varias moléculas, incluida la BMP, o proteína morfogenética ósea, y la señalización de Wnt”, dice Takahashi. BMP y Wnt están involucrados en mucho más que el desarrollo de los dientes. Modulan el crecimiento de múltiples órganos y tejidos mucho antes de que el cuerpo humano tenga el tamaño de una pasa. En consecuencia, comúnmente se evitan los medicamentos que afectan directamente su actividad, ya que los efectos secundarios podrían afectar a todo el cuerpo.
Los experimentos con este anticuerpo revelaron que la señalización de BMP es esencial para determinar el número de dientes en ratones. Además, una sola administración fue suficiente para generar un diente completo. Experimentos posteriores mostraron los mismos beneficios en hurones.
“Los hurones son animales difiodontes con patrones dentales similares a los humanos. Nuestro próximo plan es probar los anticuerpos en otros animales como cerdos y perros”, explica Takahashi.
El estudio es el primero en mostrar los beneficios de los anticuerpos monoclonales en la regeneración dental y proporciona un nuevo marco terapéutico para un problema clínico que actualmente solo puede resolverse con implantes y otras medidas artificiales.
“La ingeniería de tejidos convencional no es adecuada para la regeneración dental. Nuestro estudio muestra que la terapia molecular libre de células es eficaz para una amplia gama de agenesias dentales congénitas”, concluyó el doctor Manabu Sugai, de la Universidad de Fukui, otro autor del estudio.
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