
La revista The Lancet ha elaborado un estudio global sobre los niños que se han quedado sin padres o sin abuelos. Han perdido en unos meses a esos cuidadores que estaban a su lado antes de febrero o marzo de 2020, cuando se declaró la pandemia de la COVID-19.
En el estudio investigan no solo la pérdida de los progenitores, también de los abuelos. Muchos niños estaban al cuidado de un abuelo y lo han perdido, otros estaban al cuidado de sus padres y también los han perdido. Según la investigación, un millón y medio de niños ya no tienen a su padre, a su madre, a los dos o a alguno de sus abuelos.
“Necesitamos responder rápido, por cada 12 segundos un niño pierde a un cuidador por la COVID”, afirma en un comunicado la profesora de la Universidad de Oxford y la Universidad de Ciudad del Cabo, Lucie Cluver, una de las autoras del estudio.
Las cifras que contempla el estudio son hasta abril de este año cuando la cifra de muertes ascendía a 3 millones en todo el planeta. Desde ese mes el mundo ha tenido que lamentar otro millón más de muertes, por lo que la cifra de niños que han perdido a sus cuidadores ha aumentado.

La orfandad seguirá ahí y no desaparecerá, aunque las vacunas ayuden a solventar la situación y el virus se haga menos letal. Así que sus autores advierten de que estos niños no queden en el olvido.
Antes de que se declarase la pandemia las cifras de huérfanos rondaban los 140 millones en todo el planeta. Sin embargo, no había modelos que explicasen cuántos menores se habían quedado sin cuidadores hasta la publicación de este estudio. La investigación extrae datos de 21 países en los que se presenta el 77% de los casos de muertes por COVID-19.
El estudio determina que, de ese millón y medio, alrededor de un millón habrían perdido a uno de sus progenitores. En la mayoría de los casos era el padre. De hecho, es cinco veces mayor la cifra de pérdida de padres que de madres, según la investigación. 92.000 niños perdieron a un abuelo que les cuidaba, y 428.000 más perdieron a un abuelo que no tenía la custodia pero que si residía con la familia del menor.
Esto significa que estos menores que perdieran a sus progenitores o abuelos corren el riesgo de sufrir efectos adversos profundos a corto y largo plazo en su salud, seguridad y bienestar. Pueden ser desde un mayor riesgo de enfermedades, suicidios, abusos físicos, violencia sexual hasta el riesgo de embarazo en la adolescencia. Por ello los responsables del estudio reclaman acciones urgentes para abordar el impacto de las muertes de los cuidadores en los niños dentro de los planes de respuesta a la pandemia.
País por país
Dentro de los 21 países que han tenido en cuenta para el estudio los más afectados han sido los niños de Perú, Sudáfrica o México. Las cifras tienen en cuanta a cuantos niños han perdido uno o dos cuidadores:
Perú (1 niño por cada 100, con unos 98.975 niños afectados); Sudáfrica (5 niños por cada 1,000, con unos 94.625 niños afectados); México (3 niños por cada 1,000, con un total de 141.132 niños afectados); Brasil (2 niños por cada 1,000, con un total de 130.363 niños afectados); Colombia (2 niños por cada 1,000, con un total de 33.293 niños afectados); Irán (más de 1 niño por cada 1,000, con un total de 40.996 niños afectados); EEUU (más de 1 niño por cada 1,000, con un total de 113.708 niños afectados); Rusia (1 niño por cada 1.000, con un total de 29.724 niños afectados)
En el continente africano, por ejemplo, las tasas de orfandad están muy asociadas a la epidemia de VIH/SIDA y es probable que algunos de los niños que perdieron a uno de sus padres a causa del COVID-19 ya habían perdido a otro padre o cuidador, lo que agrava aún más la situación para estos niños y aumenta la necesidad de un soporte más intensivo y adicional.
Los autores también permiten extraer datos de España donde 2.400 niños perdieron a uno o ambos padres y hasta 6.200 han perdido a alguno de sus cuidadores, ya sea un progenitor o un abuelo que vivía con él en la misma unidad familiar.
“Estudios como este desempeñan un papel crucial a la hora de esclarecer las consecuencias duraderas de la pandemia de covid-19 para las familias y la futura salud mental y el bienestar de los niños de todo el mundo”, según la directora de Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas (NIDA), Nora Volkow, que financió, en parte el trabajo.
”Aunque el trauma que experimenta un niño tras la pérdida de un padre o cuidador puede ser devastador, existen intervenciones basadas en la evidencia que pueden prevenir consecuencias adversas posteriores, como el consumo de sustancias, y debemos garantizar que los niños tengan acceso a estas”, agregó Vokow, citada por The Lancet.
Con información de Euro News y EFE
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