Tecnología y COVID-19: cómo funciona la aplicación que desarrolló un nuevo concepto de vigilancia epidemiológica

El King’s College de Londres y la Universidad de Harvard presentaron a comienzos de este año una aplicación en la que los usuarios pueden reportar diariamente su estado de salud. Cómo la tecnología puede ayudar a estudiar e intentar clasificar a la enfermedad, de acuerdo con su gravedad, según el oncólogo y experto en salud pública Elmer Huerta

La aplicación para el teléfono inteligente, disponible también en español, permite que las personas reporten diariamente su estado de salud y que, en caso de que se compruebe mediante una prueba que han desarrollado COVID-19, lo comuniquen al centro de datos (REUTERS)
La aplicación para el teléfono inteligente, disponible también en español, permite que las personas reporten diariamente su estado de salud y que, en caso de que se compruebe mediante una prueba que han desarrollado COVID-19, lo comuniquen al centro de datos (REUTERS)

En el comienzo de la presente pandemia, el King’s College de Londres y la Universidad de Harvard presentaron la app “Covid Symptom Study” en la que los usuarios pueden reportar diariamente su estado de salud y síntomas. En el caso de dar positivo a una prueba de COVID-19, también podrán reportar su evolución en la aplicación. La revolucionaria idea, ha desarrollado un nuevo concepto de vigilancia epidemiológica.

En este contexto, el doctor Elmer Huerta, prestigioso oncólogo peruano, médico y comunicador radicado en Estados Unidos, explicó en un podcast especial de la CNN, Coronavirus: Realidad vs. ficción: Uno de los pilares en salud pública es la vigilancia epidemiológica, que tiene como objetivo conocer el comportamiento de una enfermedad en la población, especialmente cuando, como es el caso en la presente pandemia, la enfermedad tiene el potencial de diseminarse. Además de descubrir los casos, la vigilancia epidemiológica permite identificar las condiciones que facilitan la ocurrencia de la enfermedad, así como los síntomas más frecuentes del padecimiento”.

Según advirtió el especialista, la vigilancia epidemiológica consta de dos tipos. “Por un lado está la pasiva, en la que se espera que los centros de salud, hospitales y consultorios médicos notifiquen la presencia de la enfermedad. Y por otro lado la activa, en la que los epidemiólogos hacen encuestas y estudios específicos en zonas geográficas o poblaciones especiales para examinar variaciones y patrones de ocurrencia de la enfermedad en cuestión”, dijo.

“Lo ingenioso y útil de esta aplicación es que si una persona estuvo presentando y reportando algunos síntomas, luego se hace una prueba y esta resulta positiva, ya quedan registrados en la app los síntomas previos que la persona estuvo comunicando. Eso permite que esos síntomas, junto a los de miles de otras personas que también resultaron positivas, puedan ser analizados y sistematizados, brindando una mejor manera de conocer la enfermedad”, aseveró el médico especializado en oncología médica y prevención-control de cáncer, medicina interna, y salud pública en epidemiología de la Universidad Johns Hopkins en Estados Unidos.

Gracias a la aplicación, se descubrió que el 65 por ciento de las personas que tuvieron una prueba positiva experimentó pérdida del olfato, comparado con solo 21 por ciento de quienes tuvieron una prueba negativa. Luego de la publicación de esos datos, el 11 de mayo, en la revista Nature, la pérdida de olfato fue incluida en la lista de síntomas cardinales de la enfermedad (Erin Schaff/The New York Times)
Gracias a la aplicación, se descubrió que el 65 por ciento de las personas que tuvieron una prueba positiva experimentó pérdida del olfato, comparado con solo 21 por ciento de quienes tuvieron una prueba negativa. Luego de la publicación de esos datos, el 11 de mayo, en la revista Nature, la pérdida de olfato fue incluida en la lista de síntomas cardinales de la enfermedad (Erin Schaff/The New York Times)

La aplicación para el teléfono inteligente, disponible también en español, permite que las personas reporten diariamente su estado de salud y que, en caso de que se compruebe mediante una prueba que han desarrollado COVID-19, lo comuniquen al centro de datos. El programa es gratuito, anónimo y sin fines comerciales, y solicita que cada día, usando la aplicación, el voluntario reporte a la base de datos su estado de salud.

Eso fue precisamente lo que sucedió cuando, gracias a la aplicación, se descubrió que el 65 por ciento de las personas que tuvieron una prueba positiva experimentó pérdida del olfato, comparado con solo 21 por ciento de quienes tuvieron una prueba negativa. Luego de la publicación de esos datos, el 11 de mayo, en la revista Nature, la pérdida de olfato fue incluida en la lista de síntomas cardinales de la enfermedad.

Por otro lado, una reciente prepublicación clasifica los síntomas de COVID-19 en seis grupos, lo que permiten de alguna manera predecir quiénes podrían complicarse. El grupo 1, es similar a la gripe, pero sin fiebre, va con dolor de cabeza, pérdida del olfato, dolores musculares, tos, dolor de garganta y dolor en el pecho. El grupo 2, es similar a la gripe, pero con fiebre, va con dolor de cabeza, pérdida de olfato, tos, dolor de garganta, ronquera, fiebre y pérdida de apetito. El grupo 3, presenta síntomas gastrointestinales, no hay tos, y además de dolor de cabeza, pérdida de olfato, dolor de garganta y dolor en el pecho, hay pérdida de apetito y diarrea.

Para el caso del grupo 4, es el nivel severo 1, con fatiga. En este escenario se presenta dolor de cabeza, pérdida del olfato, tos, fiebre, ronquera, dolor en el pecho y fatiga. En el caso del grupo 5, es el nivel severo 2, con confusión. Aquí, además de dolor de cabeza, pérdida de olfato, pérdida de apetito, tos, fiebre, ronquera, dolor de garganta, dolor de pecho, fatiga y dolor muscular, se presenta confusión.

El más grave es el grupo 6 o nivel severo 3, con síntomas abdominales y respiratorios. Donde, además de dolor de cabeza, pérdida de olfato, pérdida de apetito, tos, fiebre, ronquera, dolor de garganta, dolor de pecho, fatiga, confusión y dolor muscular, hay falta de aliento, diarrea y dolor abdominal.

El análisis de los datos reveló que casi el 50% de los pacientes del grupo 6 terminó en el hospital, en comparación con solo el 16% de los del grupo 1
El análisis de los datos reveló que casi el 50% de los pacientes del grupo 6 terminó en el hospital, en comparación con solo el 16% de los del grupo 1

El análisis de los datos reveló que los pacientes de los grupos 4, 5 y 6 tuvieron de dos a tres veces mayor probabilidad de necesitar soporte respiratorio durante su tratamiento, comparados con los grupos 1, 2 y 3. Además, casi el 50% de los pacientes del grupo 6 terminó en el hospital, en comparación con solo el 16% de los del grupo 1.

En general, las personas con síntomas del grupo 4, 5 o 6 tendieron a ser mayores y más débiles. Además, tuvieron más probabilidades de sufrir de sobrepeso y afecciones preexistentes, como diabetes o enfermedad pulmonar, que aquellas con síntomas del tipo 1, 2 o 3.

Lo más interesante, sin embargo, fue que los investigadores desarrollaron un modelo que logró cruzar los datos de los síntomas durante los primeros cinco días de la enfermedad con la edad, sexo, índice de masa corporal (IMC) y afecciones preexistentes de los pacientes.

Ese modelo fue capaz de predecir -al quinto día- en qué grupo de los seis caía el voluntario. Por lo tanto darle una idea de su riesgo de requerir hospitalización y soporte respiratorio. Sabiendo que la mayoría de las personas que requieren asistencia respiratoria acude al hospital aproximadamente 13 días después de sus primeros síntomas, y al calcularse el riesgo al quinto día, esos ocho días que se ganan usando el modelo pueden dar tiempo para que los pacientes lleguen más temprano al hospital.

“Sin duda que la tecnología está elevando la vigilancia epidemiológica a otro nivel”, finalizó el experto.

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